martes, 30 de diciembre de 2025

 

     Tradicional recuento de Fin de Año.  El 2025 fue un buen año.  Arrancamos con la feria MasterArt en Punta del Este, y ¿cómo no va a ser fantástico un evento en una ciudad tan espléndida?  Preciosa feria, grandes contactos y algunas amistades entrañables, todo en un entorno de pura belleza y cordialidad. 











































 

     En abril fui parte de la revista digital y blog de arte AATONAU 











 

     En mayo  fue Espuma Sauvage, en un edificio emblemático de Avenida Santa Fe esquina Suipacha en Buenos Aires.





























 

     Y en agosto Proyecto Arte, una feria de artistas en Montevideo.  Otra maravilla.  Más ventas de las imaginadas y de nuevo, el contacto con gente maravillosa con la que se sigue la cordialidad a la distancia. Las dos ferias del 2025, ambas en Uruguay, me ratifican que cruzar el charco hacia la Banda Oriental es siempre una muy buena decisión. 


































 

     Participar en el proyecto del número X de DareZine, the Leporello, producido y presentado en formato físico en Bulgaria.


























 

     En octubre la emoción de ser una de las finalistas de Certamen Internacional de Ilustración de Cardenal Mendoza, en Jerez de la Frontera, España.










 

    Visual Art Journal incluyó en su edición digital y física  de noviembre una entrevista y una reseña de mis obra.












                                        https://visualartjournal.com/2025/09/26/gabriela-farnell/



 

     En diciembre cerramos el año en el Palacio Barolo, un lugar majestuoso con un evento acorde al lugar, arte, moda, un trio de jazz y un tenor maravilloso.  Cierre perfecto de un 2025 para recordar.






























































sábado, 27 de diciembre de 2025

 

         Me llega la convocatoria a la 16 Bienal de Artes Visuales Mulier, Mulieris 2026 que organiza el Museo de la Universidad de Alicante, España, y mi primera reacción es sumarme, porque soy mulier, mujer, y entiendo que me están hablando a  mí.  Después leo las bases y veo que “tiene como objetivo propiciar una reflexión plural y comprometida con la construcción de nuevos imaginarios femeninos a través del arte contemporáneo.

     Ahí me entra la sospecha de que quizá mi obra no sea exactamente propia para la reflexión “comprometida” y menos con “nuevos imaginarios”, ya que no puedo negar que mi estado mental siempre fluye en la estética de los años 30/40 del siglo pasado.  Pero insisto en que soy una mulier, y mi imaginación es femenina y hago arte contemporáneo, y además estoy habituada a que me rechacen por inadecuada o indefinida o demasiado intrincada así que ¿por qué no hacer algo para postular a  Mulier, Mulieris

      Parto de un retrato femenino.  Una rubia angelical, muy, pero muy, de mi gusto.  Una de mis voces -la sensata- me dice que probablemente el “nuevo imaginario” preferiría un retrato más andrógino y hasta con algún sesgo masculino.  Pero estoy acostumbrada a dejar a mis voces hablando solas.




 

    Someto a mi linda rubia al fuego, en honor a la resiliencia femenina que ya ha dejado sentado el precedente de que nos den por donde sea siempre resurgimos más fuertes y definidas  Y los resabios chamuscados del retrato los adhiero a un papel artesanal de degradés de rosas y lilas.  Vamos con todos los estereotipos, insiste mi voz seria, el rosado es para las nenas.













 

     Agrego una dama con sombrero y máscara, para, tal vez, sugerir sutilmente que tras una cara bonita hay mucha más profundidad.  Pero la sutileza no es lo mío y recalco la idea con una clásica grafía de los locos años 20 que anuncia un Masquerade Ball.  Y si vamos a exagerar, ¡exageremos!, y me dejo llevar por el placer de trazar otra lánguida dama enmascarada.  Los antifaces no son necesariamente femeninos, me justifico.  Los hombres tienen enmascarados por todos lados, el Zorro, el Llanero Solitario, Batman y los anteojos de Superman.  No importa el género, todos somos algo más de lo que luce a primer vistazo.  Agrego algo de ornamentación arquitectónica y una especie de camafeo, que eso sí es tan femenino.



















































 

     Y agrego un angelito, aunque después me doy cuenta de que no tiene alas, por lo que creo que técnicamente es un puttis, un seudo angelito ornamental, puro artificio.















 

     Trabajo un poco el retrato central…











 

     Y ahora sí, me detengo en un angelito con grandes alas, en un papelito rosa (todo escrito del otro lado), para superponer al conjunto.


























 

     Y después pasaron cosas.  Una de esas crisis que te trastocan todo, que te tienen corriendo por todos lados y que hacen que te refugies a medianoche a dibujar para recuperar la estabilidad mental y compilar fuerzas para los días de incertidumbre que siguen.  Por eso no fotografié los avances, perdida en mi refugio soló me dediqué a avanzar.


      En estos días desordenados entró Lilith en la composición, porque antes de Eva fue Lilith…





 

     Y como es sabido que en cada mujer hay una bruja, reseñamos el detalle:






     En ese contexto mis voces se agitaron un poco y me gritaban a coro que mi obra en nada cumplía con la consigna a la que pretendía aplicar, así que les di la razón (en vano intento de silenciarlas) y en un bando rosado incluí la proclama  ceci n´est pas une femme,  no es una mujer.  Y ya está.





 

     En un fragmento de partitura una mano ofrece una flor que es un sol en una estrella, porque ya estábamos en pleno desborde.





 

     Y en un pedacito de mi papelito de terciopelo rojo un corazón con cerradura y la sugerencia de una música  en andante lento para conseguir la llave.





 

    Así quedó la versión final de Masquerade Ball.  Ya veremos cuál es su destino.