miércoles, 10 de julio de 2024

 





El bibliófilo

Mixtura sobre papeles intervenidos con fuego & post-it, 35X50 cms.

 

 

     “Como para Montaigne, para Borges la lectura debe resultar fácilmente feliz; como para Emerson, debe ser la voz que espera salir de su mudez, a la cual ningún comentario o crítica puede sustituir jamás. En cualquier caso, siempre está por encima de nuestra creación, “mezcla de olvido y recuerdo de lo que hemos leído”. Convertirse en adicto a su obra es permitirle que ejerza de mentor, es aprender sobre los autores que él leyó y amó, entrar en un universo literario ambiguo de la mano de sus más directos predecesores. Por eso, aunque se ha hablado de él como escritor para escritores, quizá sería más correcto decir que se trata de un escritor que pretende formar lectores.

Silvia Rins, El penúltimo infierno de Borges


























































































sábado, 6 de julio de 2024

 





          Últimos detalles de composición de  El bibliófilo.  Al inadecuado angelito de Swedenborg decidí incorporarle el resplandor del foil plata, para que brille conforme a su inteligencia (aunque carezca de vestimentas).  El riesgo de que la cola que uso para adherir en vez de sostener el foil ablande el papel blanco base y arranque el diseño del angelito era bastante elevado, pero ya decidida a hacerlo no hay otra alternativa que dejar que sea el destino quien disponga si va a ser un resplandor inteligente o uno de absoluta torpeza.  Posicionar el pedacito de plata, frotar con una moneda y a ver que quedó…












 

      En la foto no luce el efecto iridiscente del foil, pero en persona, afortunadamente, quedó bastante bien.






 

     Y ahí debía detenerme, pero la sensación de que algo faltaba se volvió insoportable.  El exceso de texto en la zona inferior central pedía un detalle, un toque, algo, que equilibrara y compensara toda la composición.  Y que fuera amarillo (el amarillo de Wilde sigue siendo el que impone las reglas, realmente una personalidad muy mandona).  En libre asociación de ideas (o de obsesiones) recordé mis pequeños post-it fluo que ya usé en otra obra.  La medida es perfecta.  El amarillo no es tan amarillo pero funciona en trilogía engamada con el amarillo de la pechera del Conejo de Alicia.  ¿Qué implicaría el post-it?  Una advertencia de lo que puede pasarnos cuando le damos demasiada libertad a la imaginación: volvernos cucarachas.  Kafka será el cierre adecuado a la exuberante composición.  Y en tan pequeño pedacito de papel amarillo fuimos por el final de La Metamorfosis.

























 

     Pero aunque el lugar era el correcto, tampoco se trata de encubrir el sitio exacto de La isla del Tesoro.  Skeleton Island aún puede verse, ya que la idea de un post-it es que quede sujeto pero flotante.  Si se levanta la cucaracha podemos ver la X que señala el tesoro.

















 



     Ahora si me voy a dejar de  recargar el diseño y trabajar la obra en unidad. Me pondré a hacer lo que se suponen que hacen los retratistas: a pulir la expresión, a trabajar en los rasgos para que El Bibliófilo surja contundente en un primer plano, para arriba y para adelante.  Ahora a las cosas como nos aconsejaba Ortega y Gasset.


















 



domingo, 30 de junio de 2024

 





          Venia avanzando muy bien con la composición de mi versión de El bibliófilo.  El supuesto  mapa que traza Stevenson y con el que inicia el encadenamiento de personajes y trama de La Isla del Tesoro encajó bien en el extremo inferior izquierdo, entrecruzado con mi Cuervo, que según mi lógica les posibilitaba una reunión de aves literarias con el Capitan Flint, el loro de Long John Silver.   











 


      Es probable que esa idea de entablar amenas conversaciones me hiciera incluir al Sombrerero ofreciéndole té a la alegoría de la Gramática. 


 











       Y de ahí en adelante fue el desbarranque total hacia el exceso y el absurdo.  Porque ¿cómo evocar a Alicia sin Alicia (como si el Sombrerero no fuera suficiente…)?  Necesitaba al Conejo Blanco, pero en amarillo, para de alguna manera dar complicidad al amarillo fosforescente del fondo de la estampilla de Wilde, fondo que me niego absolutamente a oscurecer porque es un amarillo dandy que le encantaría a Dorian Gray.  No era la discreción cuestión que le interesara ni al personaje ni a su autor.











 


      Ya sabiendo que había incurrido en agregar más de lo prudente, y que era hora de  parar para no arruinar definitivamente la composición, no lo hice.  Cervantes es el origen, el punto cero, imposible no incluirlo.  Y en el revoltijo intenté meter aspas de molinos, escudo y lanza partida.  Y solo logré que parezca una escalera….











 

       Suficiente, ahora a tratar de integrar todo y rescatar el retrato a primer plano.  Pero ¿y los angelitos?  Tengo claro que Swedenborg no habla de angelitos rechonchos y desnudos, ya que sabemos que “Los trajes de los Ángeles resplandecen según su inteligencia. “.  Pero no puedo prescindir de los angelitos.

        Empecinada pero lo suficientemente coherente para saber que no había espacio donde incluirlos los dibujé en una hoja de libreta.  Escogí un clásico trio de Durero, sencillamente porque ya estaba en modo capricho absoluto.  Después los recorté e intenté superponerlos.  Obviamente, no había lugar.  Tuve que prescindir de dos, y despunté el gusto dejando uno solito en el extremo inferior izquierdo, portando un cartel donde me veré obligada a darle algún sentido escribiendo algo que explique  que está ahí en honor a un autor al que no representan en lo más mínimo.

























 

       Y ahora habrá que trabajar en serio para que todo esto se integre y guarde sentido estético y logre trasmitir que a Borges le bastaba cerrar sus ojos para crear en su alrededor el mundo maravilloso construido por la literatura universal.  Veremos si podemos.

 

 

Los Ángeles de Swedenborg

Durante los últimos veinticinco años de su estudiosa vida, el eminente hombre de ciencia y filósofo Emmanuel Swedenborg (1688-1772) fijó su residencia en Londres.  Como los ingleses son taciturnos, dio en el hábito cotidiano de conversar con demonios y ángeles. El Señor le permitió visitar las regiones ultraterrenas y departir con sus habitantes. Cristo había dicho que las almas, para entrar en el cielo, deben ser justas; Swedenborg añadió que deben ser inteligentes; Blake estipularía después que fueran artísticas. Los Ángeles de Swedenborg son las almas que han elegido el Cielo. Pueden prescindir de palabras; basta que un Ángel piense en otro para tenerlo junto a él.  Dos personas que se han querido en la tierra forman un solo Ángel.  Su mundo está regido por el amor; cada Ángel es un Cielo.  Su forma es la de un ser humano perfecto; la del Cielo lo es, asimismo.   Los Ángeles pueden mirar al norte, al sur, al este o al oeste; siempre verán a Dios cara a cara.  Son ante todo teólogos; su deleite mayor es la plegaria y la discusión de problemas espirituales.  Las cosas de la tierra son símbolos de las cosas del Cielo. El sol corresponde a la divinidad.  En el Cielo no existe tiempo; las apariencias de las cosas cambian según los estados de ánimo. Los trajes de los Ángeles resplandecen según su inteligencia.  En el Cielo los ricos siguen siendo más ricos que los pobres, ya que están habituados a la riqueza. En el Cielo, los objetos, los muebles y las ciudades son más concretos y complejos que los de nuestra tierra; los colores, más variados y vívidos.  Los Ángeles de origen inglés propenden a la política; los judíos, al comercio de alhajas; los alemanes llevan libros que consultan antes de contestar. Como los musulmanes están acostumbrados a la veneración de Mahoma, Dios los ha provisto de un Ángel que simula ser el Profeta.  Los pobres de espíritu y los ascetas están excluidos de los goces del Paraíso porque no los comprenderían.

Jorge Luis Borges,  El libro de los seres imaginarios







domingo, 23 de junio de 2024

 








          Sigo trabajando sobre fragmentos del libro El penúltimo infierno de Borges  de Silvia Rins. En el capítulo El bibliófilo dice: “Convertirse en adicto a su obra es permitirle que ejerza de mentor, es aprender sobre los autores que él leyó y amó, entrar en un universo literario ambiguo de la mano de sus más directos predecesores. Por eso, aunque se ha hablado de él como escritor para escritores, quizá sería más correcto decir que se trata de un escritor que pretende formar lectores.”

 

           Nada más exacto para describir mi recorrido de lectora: compré El Informe de Brodie en una tienda de usados donde compraba habitualmente viejos ejemplares de las revistas El Tony e Intervalo para copias sus tapas en mi obstinado empeño de mejorar mi dibujo.  Tenia 13, a lo sumo 14 años.  Desde ahí, mis lecturas siempre fueron guiadas por Borges.  Revolviendo las estanterías de libros usados optaba por comprar los autores que Borges mencionaba en sus textos. Un formador de lectores

 

         Inicio como siempre con alguno de los retratos que amo, aunque ahora solo me limito a un sector, a los ojos cerrados imaginando mundos que los que nos precedieron construyeron para nosotros.  Un poco de fuego y un papel de color intenso como base para empezar a jugar.







































 

          La alegoría de la Grammatica de las Ars Liberales es lo primero que ubico en el diseño, porque seamos claros: todo está muy bien pero cundo se trata de escribir, hay que escribir bien.























 

          Las espadas con nombre, Excalibur y la inmortalidad en la Ávalon de la tradición artúrica.

















          Descubrir a Poe y entender que el cuervo dirá (insistente y fatalmente) Nunca Más.


















         ¿Cómo no incluir a su favorito que se volvió uno de mis más queridos favoritos? El Oscar Wilde inmortalizado en una de las estampillas que le dedica su tierra natal.
















      Encontré un supuesto un mapa trazado por Stevenson y que según las crónicas fue el inicio del entramado de La Isla del Tesoro.  Supongo que Carroll estará también, porque cualquier excusa vale para regresar a la iconografía de Alicia.  Pero me pregunto qué voy a hacer con Macedonio, con Mujica Lainez, con Bioy, o con Cervantes, no tengo espacio suficiente para tanta mitología.  Definitivamente voy a incluir angelitos (de Swedenborg) porque siempre incluyo angelitos, así que donde quede un hueco allá irán.  Seguimos adelante.