domingo, 20 de mayo de 2018











     ¿Hay algo más placentero que pasar un par de horas en paz garabateando con lapiceras azules, celestes y blancas?   La tinta en gel humedece el papel artesanal, que suelta una especie de pelusa que se mixturiza con el color y permite un juego dudoso de identidad entre medio y soporte.  Nada es como parece a primera vista.  Nunca.






sábado, 19 de mayo de 2018



Últimos avances de las Arlequinas.

     Falta trabajar decentemente rostros, manos y cabellos, y laquear toda la figura, pero el diseño de la indumentaria está más o menos definido.  Digamos que a partir de acá entramos en la recta final.


























     Algunos detalles me gustan mucho, áreas que a mi criterio han quedado muy satisfactorias:











































viernes, 18 de mayo de 2018




     La autodeterminación de la obra es incuestionable.  Empecé como siempre, por el gusto de dibujar y dejando que la superposición y la mezcla se vaya apoderando de las decisiones creativas y la composición.  Pero demasiado pronto la pequeña obrita me impuso el orden.  Por momentos me tienta dejarla así,  con ese resabio de fragmento de vieja fotografía recuperada.  Claro, sigo siendo yo, y no es tan fácil convencerme de que menos siempre es más.  Veremos cómo va.


















miércoles, 16 de mayo de 2018







     Otra evidencia de que cada obra escribe su propia historia.  La pequeña  Café Paris es, definitivamente, muy cámara lenta, so slowly…  Se tomó su tiempo en llegar desde Buenos Aires a Canberra, Australia –con contratiempos incluidos-; salió de casa el 1 de Noviembre de 2017:







     Y arribó a destino recién el 15 de  enero de 2018:

















     Y, nuevamente, va muy despacito rumbo a su nueva dueña en Devon, UK:























     ¿Hablaba ayer de los problemas logísticos para el traslado de las obras?  Sí, es complicado.  Pero es posible que cada obra termine definiendo su identidad en esos caminos individuales y exclusivos que recorre por su cuenta tras abandonar la vida y la voluntad del artista que la creó.  A Café París le gusta tomarse su tiempo, ¿quién lo puede discutir?


Pasito a pasito, suave suavecito
Nos vamos pegando poquito a poquito…


Despacito, Luis Fonsi








martes, 15 de mayo de 2018




     Uno de los problemas (uno de muchísimos) que tenemos los artistas independientes y autogestionados es la logística del movimiento de las obras.  Tanto para trasladarla a las exhibiciones como para  hacerla llegar a manos de un eventual comprador,  el riesgo de daño  es una constante.  Si la obra está enmarcada, se suma el riesgo de marcos y vidrios, los que invariablemente siempre se rompen.

     Trabajar sobre papel facilita en parte y en parte complica.  Es liviano y flexible, lo que reduce costos de envío, pero es imposible colgarlo sin enmarcado, lo que lo vuelve muy caro.  Si se trata de remitir la obra a un  comprador, enviarla sin enmarcar implica que cuando la reciban no la apreciarán en todo su esplendor, más el extra de la incertidumbre de que tal vez nunca la enmarquen (o lo hagan mal) y eso -para el artista-  fila la tragedia.

    De ahí que uno esté siempre en búsqueda de un sistema, un packaging adecuado pero práctico, algo que facilite moverlas y a la vez sirva para enmarcados rápidos y baratos.  En esa búsqueda y ante la probabilidad de organizar una muestra lejos de casa en unos meses, me encuentro probando alternativas.  

     Arranco con las obritas pequeñas, las 20X25, usando carpetas, algo de cartón  corrugado y cintas adhesivas de colores.   Las carpetas las protegen y se prestan para apilarlas seguras en una valija, el recortado de cartón a guisa de passepartout  permite (doblando la carpeta a la mitad) meterlas directamente dentro de cualquier marquito estándar de los que se compran en los supermercados, marcos de circunstancia que habrán de abandonarse en el hotel al emprender el regreso.

     Hay que ver como se aplica este sistema si vamos subiendo el tamaño de la obra.  Seguiremos probando.