Resulta
difícil poder enfrentar la realidad, sobre todo la de un diagnóstico médico que
coloca tu vida patas para arriba en una
pausa forzosa de tu electiva normalidad.
Pero tengo la práctica adquirida por años de ejercicio de mantenerme dividida: mi vida
externa, con su odiosa propensión natural a la tragedia y al drama siempre exagerado
por mi entorno, de mi vida real, la mía, la que construí a fuerza de
convicción, donde la razón y la prioridad es el juego creativo. Vengo y me escondo
acá para seguir en mis cosas sin pensar
en lo que me espera los próximos días en mi otra vida. Lo que deba pasar va a suceder, las cosas avanzan y siguen su camino
y mi control sobre ellas es casi inexistente.
Solo pongo el cuerpo. Acá, todo
es mi decisión (aun las muy malas decisiones) y pongo en juego el alma, sobre
la que afortunadamente puedo seguir reservándome en exclusividad su propiedad,
sin interferencias.
Avances
de mi abanico de bolsa de papel madera. Para
anotar en la bitácora de estupideces que no tengo que volver a hacer : si voy a plegar papel para simular
un abanico tengo que dibujar la composición primero y después plegar, nunca al
revés. Es imposible trabajar sobre el
plegado. Pero la perseverancia suele dar
sus frutos a veces y en conjunto empieza a gustarme más.
Recorté con un sacabocados con forma de
corazón tiritas de papel de seda celeste para hacer una especie de puntilla (que
tuve que laquear un par de veces porque se rompía demasiado fácil al tratar de
pegarlo), para adherir en todo el borde de la bolsa plegada.



























































