(4:45 a.m. Buenos Aires)
Enfrentar
hoy el cordial saludo de fórmula de “feliz cumpleaños” resulta
tan sádico, que, me pregunto ¿existe un modo práctico de anular este cumpleaños
y -si llega y llego- celebrarlo en el 2027? Pero quién desconoce mi horrible realidad y actúa
con honesto afecto en el saludo, ¿cómo replicar amargamente que no tengo nada
que festejar? Lo cual sería, también, mentira,
porque sí hay algo: aún estoy viva y mientras escribo esto estoy dibujando (a
las 4 de la madrugada, cuando ya los fármacos no me hacen dormir y sólo resta
llorar, me levanto y me vengo con mi lámpara a un único rinconcito iluminado de
esta enorme y silenciosa la casa). Y
no está nada mal esta paz creativa de evasión de la realidad real. Tal vez
debería colgar rápido, ya mismo, en mis redes y en WhatsApp un cartelito con el
texto: “cumpleaños suspendido hasta nuevo aviso” y evitar algunos
disgustos. Puede que lo haga, es muy
temprano. Hay chance.



























































