Mientras
continúa esta incertidumbre insoportable y mi cabeza se va perdiendo entre
antidepresivos y ansiolíticos, intento dibujar los 5 o 10 minutos que cada día el
dolor de mi espalda no me tiene inmóvil en la cama. Pero me cuesta horrores dibujar, el corsé rígido
me acorrala y el conocido disfrute de la línea y el color no aparece a
salvarme. Me siento perdida. Intento,
pero nada funciona.
Quise
incorporar un abanico, concepto en el que vengo dando vueltas hace tiempo. Obviamente que este no es el mejor momento
para intentarlo. Hice un molde (bastante
chapucero por cierto) con una bolsa de Rener, para después recortarlo
en algún papel artesanal bonito. Pero en
mi nube mental terminé adhiriendo directamente la bolsa.
Iba
a sujetar la punta superior de mi esperpento de abanico con un angelito rojo y,
otra vez, inexplicablemente, lo hice en papel amarillo. Después traté de acentuarlo con tinta roja,
pero no quedó tan intenso como me había imaginado en mi confusión. Nada sale bien.
La
idea era continuar el diseño en el abanico, pero me es imposible dibujar sobre
esa superficie plegada. De hecho, ayer
me fue imposible dibujar nada sobre ninguna superficie. Opté por usar unos diseños de otros proyectos,
un sobre y una vieja estampilla de un peso.
Si puedo, voy a ir enlazando todo, y quien sabe, si esta pesadilla
termina o al menos mejora algo pueda volver a dibujar.














































