Empezamos otra vez.
La totalidad de las imágenes que se reproducen en este blog corresponden a obras de mi autoría.
Definitivamente,
sin entusiasmo la obra se malogra con facilidad y no hay otro camino que abandonarla. El retrato me resulta insípido, rígido, sin
el menor encanto. Podría seguir trabajando
sobre él, pero dudo que lo mejore. No me
mira, no me dice nada. Su lugar es la
pila de inconclusas que se amontonan en mi tablero.
En contra
de mis propias reglas (no subir imágenes de obras de baja de calidad), tengo
que incluir este trabajo malogrado en un reel de Instagram y en Tik Tok porque
me comprometí a hacerlo. Usé los papelitos
de Temu en parte de la composición y había quedado en documentar ese uso.
De
regreso trato de retomar el trabajo, pero estoy demasiado dispersa. Apelo al oficio y voy desarrollando rutinas. Si el plan era experimentar con falsos abanicos,
sigamos con eso: uso una bolsita verde de Lucciano´s que quedó sobre
la mesa para incorporar plegados a la lámina. Es absurdo, porque la lámina no
tiene sostén y la única forma de cuelga es enmarcando y no se puede hacer con
ese relieve de la bolsa… Pero en este momento
la lógica me da igual y sólo estoy haciendo por hacer y para despabilarme.
Llegan mis papelitos de Temu, y decido incorporarlos a modo
de patchwork, como esas viejas colchas tejidas al crochet. Uno los cuadraditos de colores y dibujo sobre
ellos.
Vuelvo
a retirarme momentáneamente a mi segunda desaparición forzosa, aunque voluntaria. Suena contradictorio, pero es así: el destino me fuerza pero yo acepto las reglas que me imponen para ver una salida
a esta pesadilla.
Inicio
un trabajo para que quede pendiente, a la espera. Algo que planificar en mi cabeza los próximos
cinco días de inactividad, y al que regresar con entusiasmo cuando toque volver a casa.
Trazo un angelito en un papel membretado de un hotel que visité hace casi
veinticinco años, en Berna, y que
guardé por esa afición a conservar papelerío de todo tipo porque “en algo lo
voy a usar”. El papel ha resistido
el paso del tiempo maravillosamente.
En unos días regreso y continúo.
Dispuesta
a seguir jugando con la idea de los abanicos, agregué un par de elementos a incluir:
unos recortes sobrantes de passepartout 20X30 ms. -que quedaron del
montaje de las Postalitas que llevé a las ferias de Uruguay el
año pasado; y los restos de madera balsa de
donde se troquelaban las piezas del puzle 3D de la Rueda de la Fortuna
(adoro armar ese tipo de rompecabezas tridimensionales y, obviamente, no
puedo tirar los restos que quedan tras terminarlos).
Hago un primer intento, y ya lo limitado del
espacio (el fragmento de passepartout condiciona el tamaño) hace que más
que un abanico termine haciendo una pantalla.
El fragmento calado de madera se presta a los bordes y aunque podría haber
plegado algo para forzar la idea, al final preferí trabajar en un retrato limpio
y subir con dibujos que vuelvan irregular la parte superior.
Los
dibujos lo trazo sobre papel común, por lo que su resistencia en inexistente. Recorté unas servilletas de papel reciclado
de una casa de comidas, los enrollo y agrego unos círculos por detrás y delante en las partes que tienden
a doblarse, buscando dar más peso y estabilidad. No sé si va a aguantar, pero en teoría me
sonaba bien.