Pasado
el vértigo de la inauguración, con la emoción y la adrenalina que genera, ese
ratito de felicidad auténtica de reunirse con gente querida que en el
vertiginoso trajín diario uno apenas ve, empieza para mí el apacible disfrute
de lo hecho y la libertad de las obras de relacionarse con sus eventuales espectadores
y seguir construyendo sus destinos.
El
panel para la exhibición conjunta y segura de los Arlequines
resultó buena idea. Me encanta como se plantan y las luces, aunque innecesarias por la magnífica iluminación de la sala, le
dan ese toque dramático que va tan bien con ellos. Las dos obras en bastidor, Identidad
y Traición enmascarada flanqueando el panel, completa esa pared veneciana
con su atmósfera propia y personal.
Sobre
una impecable pared blanca y con la iluminación alta de focos movibles para
iluminar como corresponde todo, no hay manera de que la obra no luzca. Las Reinas de la Baraja y mis Chicas
de Calendario se ven realmente bien, con el espacio y el aire necesario
para que cada una pueda expresarse individualmente y contar su historia a sus
eventuales espectadores.
Y
otra forma de arte, el exquisito arte de componer una mesa de delicatessen
para que los invitados acompañen el brindis en la vernissage: María Marcela Vázquez, www.instagram.com/mmvazquez__/?hl=es-la mi amiga del alma y talentosísima ambientadora
y artista floral, que me agasajó con esta deliciosa belleza para que mi noche
inaugural fuera absolutamente perfecta:
Ahora,
hasta el 30 de junio, las obras estarán a su albedrío, comunicándose ellas con
la gente, construyendo lazos e historias nuevas y exclusivas, de las que tal
vez me entere, tal vez no. Pero ellas están
siguiendo su destino.



















































