martes, 31 de diciembre de 2013

BRINDIS DEFINITIVO (Y MULTIPLE CHOICE)






     Esta noche el brindis es obligatorio, aunque uno sienta –honestamente- que poco hay para festejar salvo la irrealidad de un “final” que ansiamos y no tendremos en lo inmediato, ya que mañana con la primera luz del día los problemas de hoy serán también los del 1ro. de Enero. Falta entonces letra para sostener el brindis. Apelando a mi memoria (lo único que tengo aun no afectado por el calor y la falta de luz) propongo, entonces, brindar citando un tango como justificación. Las opciones –para quién sea aficionado al rubro pueden ser miles y a cada una más poética o trágica o patética- son:






a) Vocación beoda: “Che mozo! / sirva un trago más de caña, / yo tomo sin motivo y sin razón,/ no lo hago por amor / que es vieja maña, / tampoco pa` engañar al corazón./ No tengo un mal recuerdo que me aturda,/ni tengo que olvidar una traición,/ yo tomo porque sí, de puro curda/ pa`mi siempre es buena la ocasión.” (De puro curda, Carlos Olmedo & Abel Aznar).






b) Para evadirse de la realidad: “Nunca soñé que la vería/ en un "requiscat in pace"/ tan cruel como el de hoy./ ¡Mire, si no es pa' suicidarse / que por ese cachivache /sea lo que soy!.../ Fiera venganza la del tiempo, / que le hace ver deshecho / lo que uno amó.../ Este encuentro me ha hecho tanto mal, / que si lo pienso más termino envenenao. / Esta noche me emborracho bien, / me mamo, ¡bien mamao!, / pa' no pensar.” (Esta noche me emborracho, Enrique Santos Discepolo). Nota: quién sea públicamente gorila o esté dolorosamente desilucionado por su pretérita ingenuidad o quien ya esté harto de estar harto ya me cansé puede considerar que el “ella” al que refiere Discepolo es nuestra vigente Ella.






c) Para cumplir una alegoría de suicidio (ahogarse en alcohol) desesperado: “Rara../ como encendida/ te hallé bebiendo/ linda y fatal.../Bebías/ y en el fragor del champán,/ loca, reías por no llorar.../ (…) Esta noche, amiga mía,/el alcohol nos ha embriagado.../ ¡Qué importa que se rían/y nos llamen los mareados!/ Cada cual tiene sus penas/ y nosotros las tenemos.../ Esta noche beberemos/ porque ya no volveremos/ a vernos más...” (Los Mareados, Juan Carlos Cobian & Enrique Cadícamo).






     Para quién prefiera lucir frente a sus allegados como más intelectual y decadente, dando evidencia así de su desprecio por una realidad demasiado populista (nac&pop), puede optar por la clásica cita de Baudelaire: "¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborrachaos, emborrachaos constantemente! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo". Charles Baudelaire, Los paraísos artificiales.






     Para quienes, a pesar de todo, sigan persistiendo en un espíritu rebeldes, sugiero un brindis transgresor como si se fuera uno de “Los invitados de la Princesa”

Llamó a la puerta de la 316 muy discretamente y le abrió Nirbano en mangas de camisa y sin corbata… (…) Después sacó una botella de las profundidades más recónditas del mismo armario.-¡Talisker!- suspiró satisfecho-. Ni Glenlivet, ni Cardhu, ni nada por el estilo. En cuestión de whisky de malta, no debe nunca apearse del Talisker, Mendia, hágame caso. Espero que no le importe demasiado beberlo en estos vasos de papel, ya sabe cómo son los hoteles. Nada de hielo, claro, aunque le aconsejo añadirle un poco de agua mineral.- Sirvió los tragos y después anunció solemnemente: -Y ahora, vamos a fumar. -¿Qué… qué fumaremos, don Nicolás?- inquirió Mendia, casi sobrecogido. –Pues tabaco, hombre de Dios, qué va a ser. Mire, le tengo reservados estos robustos Partagás. Deleitan y no cansan, ya verá. Yo me dedicaré a mi pipa, siempre que puedo vuelvo a ella. El tabaco holandés no le molesta, ¿verdad? Demasiado aromático, ya lo sé, pero no me acostumbro a ningún otro. Xabi cogió un puro y lo encendió despacio. –Vaya, a mí me han dado una habitación de no fumador. –Supongo que ésta también será… oficialmente. Pero todas las habitaciones que yo ocupo son de fumador, porque yo fumo. Les guste o no. Por si acaso, abriremos un poco la ventana, ya que el tiempo lo permite. ¡A su salud!” 

 Fernando Savater, Los invitados de la Princesa, Grupo Editorial Planeta SA, Buenos Aires 2012, pág. 100/101.






     En lo personal, escojo dar a mi último brindis del 13 un poco de descontrol, malos entendidos, juegos de palabras intelectualoides y mucho buen alcohol, con un resabio catalán a lo Carvalho (el “hombre de aspecto entre la severidad congénita y el desencanto histórico” del texto que sigue): 

…Los camareros aparecieron en formación de ejército de ocupación de opereta vienesa y tras desfilar con las bandejas voladoras sobre sus cabezas, divididos en piquetes de gala se cernieron sobre las mesas, para dejar unos los platos de entremeses sutiles ´nouvelle cuisine´ marcada por el art decó, y llenar los otros las copas con el cava catalán que acompañaba según el menú, el entrante. 
 -¿Catalán?- preguntó Mudarra Daoiz, un académico especializado en el uso del diminutivo en la prosa femenina española del siglo XVII, al tiempo que sus ojos enrojecidos y duros detenían el movimiento escanciador del camarero, tanto como sus venosas manos cruzadas sobre la boca de la copa flauta, mientras sus labios se endurecían como piedras para preguntar acusadoramente al camarero: 
-¿Catalán?
 –No, señor, soy de Alcázar de San Juan. 
–Me refiero al champán.
–Es cava, bueno, champán catalán, sí, señor. 
–Me niego a tomar nada catalán mientras persista en Cataluña el genocidio contra la lengua española.- La mirada recolectora de solidaridades del académico recibió apatía y deseos de tomar champán, viniera de donde viniese, con excepción de la traductora de Sir Orfeo, que se puso un antebrazo sobre los ojos al tiempo que echaba el cuerpo bruscamente hacia atrás poniendo en peligro la estabilidad de la sólida silla eléctrica. 
-¡No!- Había evidente curiosidad común por el destino del no. ¿No al cava catalán? ¿No al genocidio contra el español en Cataluña? ¿No a la actitud numantina y patriótica del académico? (…) 

      Fernández Tutor puso cara de bibliófilo… mientras Ariel Remesal lanzaba una mirada mandoble al mejor poeta gay de Cuenca, quien trataba de utilizar sus ojos y su nariz para concitar atención hacia el plato de salmón y como no lo consiguiera quiso ayudar a sus desganados interlocutores con alguna pista. 
–Odio los animales de granja que conservan el aura de lo que ya no son.-  Remesal y Fernández Tuto empezaban a estar gravemente desconcertados. 
-¿Tal vez alguna metáfora postorwelliana? 
-¿Acaso el Gran Hermano dirige el paladar universal del universal supermercado?- Mas como considerara corto el interés de sus desconcertados oyentes o corta su capacidad descodificadora, se levantó y arrojó ostensiblemente la servilleta sobre el plato de salmón sin respetar su almidonada condición inmaculada. –Me voy a saludar a Sagalés (…) y sin presentarse ni dar tiempo de asumir su nueva situación señalarle el contenido del plato. 
-Salmón. El pollo de la posmodernidad. Y pronto la langosta será el pollo del siglo XX, para vergüenza del inventor de la Langosta al Thermidor. O, ¿acaso no estamos asistiendo a un Thermidor alimentario? Desde que han llegado los socialistas al poder sólo sirven salmón en estas verbenas. Con el pastón que tiene el Conesal y nos ofrece un menú de congreso de editores llorones o de reunión de editores supuestamente exquisitos que no van más allá del pollo de granja y de la Coca-Cola descafeinada. 
-¡Salmón!- exclamó Sagalés soñadoramente y añadió-: ¡Salmón Rushdie, el gran escritor perseguido!- Carraspeó la señora Puig. 
-¿Se refiere usted a Salman, Salman Rushdie? 
–Salman es Salmón en español. Lo sé bien porque es un escritor que admiro. 
-¿Le gusta a usted como escritor? 
–Nada. Me da vómitos y sobre todo detesto su novela Versos Satánicos que parece un premio Planeta. 
–Cierto, muy cierto. 
-¿No me pregunta usted por qué lo admito si lo detesto como escritor? 
-¿Cómo luchador? 
–Como luchador es un idiota. A quién se le ocurre meterse con el Corán, un librito seudosagrado de una religión herética. 
–Pues no sé. 
–Le admiro porque es un atracador de lectores con el cuento de que le persiguen los integristas islámicos y le ha sacado dinero hasta a Margaret Thatcher, a la que jamás se la había conocido una obra de beneficencia, ni personal ni de estado. (…) 

     Sagalés reparó no sólo en que aún seguía allí el joven interpelador, sino que insistía en la interpelación y le concedió una mirada de curiosidad. 
-¿Puede justificar su odio a los salmones? 
–Todos los salmones de granja son asquerosos. (…) 
–Cuando seamos mayores nos sentarán en mesas donde no habrá derecho a la mala leche, donde nadie estará dispuesto a matar a su padre por una frase brillante y donde nos servirán los mejores pedazos de salmón, de Salmón Rushdie. 
-¿De qué vas por la literatura, tío? Cualquiera diría que tu eres García Marquez.- El mejor novelista gay de las dos Castillas parecía a punto de llorar y Sagalés de reír. 
-¡Qué horror! ¡García Márquez! ¡Ese fabricante de bestsellers! Lo lee todo el mundo.- Manzaneque sobrevoló una mano pálida, delgada, alada sobre la copa de vino, la pinzó con los dedos, la despegó de su aeropuerto blanco, la empuñó como si su apasionada mano fuera a romperla y lanzó el contenido tan blandamente a Sagalés que el líquido se quedó a medio camino sobre el escote cuarteado de la señor Puig.
 –Collons!- dijo el señor Puig lanzando la servilleta sobre la mesa, disponiéndose a levantarse, pero a la espera de que su mujer le contuviera el gesto.
 –Pepitu, no t´emboliquis. Son escriptors. Ja se sap. (…) 

      Sagalés y la señora Puig partieron hacia los lavabos para curarse las manchas (…) En el lavabo masculino se encontró a… un coloreado bebedor de una petaca de plata. No contuvo el gesto el achispado, pero quiso justificarse. 
-Justo Jorge Sagazarraz. Naviero especializado en la fabricación de pesqueros dedicados a la pesca del calamar. Es mucho mejor este whisky que el que te ofrecen aquí. Mucho postín y mucha beautiful people, pero no pasan del JB y eso ya es estándar. Eso ya lo bebía hasta Ceaucescu y lo beben los parados. Todos los obreros que yo despido beben JB, porque cuando les despido les regalo una caja. Pagando de mi bolsillo. Soy empresario, una vieja joven promesa de empresario y me jode despedir trabajadores. (…) 

     La puerta de la toilette se había abierto y… se cruzó con un hombre de aspecto entre la severidad congénita y el desencanto histórico. El hombre desencantado se limpió las manos mientras escuchaba de reoído la continuada disquisición de Sagazarraz sobre el whisky y los empresarios. 
-…Acabo de descubrir un Single Malt de las islas Orcadas, Scapa, se llama y de él me lleno las petacas. ¿Quiere probarlo? Llevo encima tres petacas llenas. – Sagalés aceptó la botellita de plata y paladeó el trago y cuando iba a emitir un comentario el recién llegado le solicitó la botella. 
-¿Permite?- Sagalés arqueó la ceja para solicitar permiso al propietario de la bebida quién cedió de mil amores la posibilidad de que otro secundara su vicio. Tragueó el hombre, comprobando a cada sorbo la bondad del líquido. –Tiene aroma y un sabor duradero. Pero no se haga ilusiones sobre la distinción de este Single Malt, amigo. (…) El Scapa es el whisky predilecto de la Royal Navy, porque tiene una base acantonada en la isla de Scapa. 
-¿Y cómo sabe usted esto?
 –Porque soy James Bond.
 –Yo a usted le he visto en alguna parte. 
–En la barra de un bar, sí señor.” 


 Manuel Vazquez Montalban, El Premio Editorial Planeta S.A. Barcelona 2005, pág. 31/49





     A quién corresponda: Salud! Salute! Salut! Saúde! Na zdorovje! Cheers! Santé! Prost!, Skål! Selamat minum! Osasuna! L’Chaim! ! Mogba! Shereve! ! Salam ati! Kanpai! Mubarik! 

     Como se diga y se entienda. ¡SALUD!





lunes, 30 de diciembre de 2013

BRINDIS (OSCURO)





     Como no sentirse un poco darkie cuando desde hace semanas todo pinta oscuro: sin luz, sin agua, con personas comunes, apolíticas, exhaustas, cortando por grupitos de a veintenas distintas esquinas de la Ciudad, reclamando sin respuesta por ese servicio (electricidad) que han pagado puntillosamente precisamente por miedo al corte, ¡al corte! Y las gomas y ramas quemadas por esos ciudadanos cansados y sudorosos que las encienden en pequeñas piras de expiación de una frustración agobiante que crece, y crece, y crece… Y con un calor que no amaina (42 grados centígrados de sensación térmica hace un rato), y funcionarios públicos que parecen hacer un curso acelerado de perfeccionamiento en el modo de exasperar aún más a la población con su vergonzante dialéctica, pareciera que la oscuridad se espesara al ritmo de un tic-tac amenazante que augura un estallido a la brevedad.






     Pero me había propuesto un ritual de celebración, un brindis diario hasta acabar el año; faltando tan poco no puedo claudicar. Y para contrarrestar la desesperación de la realidad acudí –el breve lapso que hubo servicio eléctrico en casa- a escuchar buena música. 

    Un compilado de Pavarotti me deleitó y me arrastró al olvido por un maravilloso rato. Acabó el compacto, justo, con el Brindisi de La Traviata. Ni que lo hubiera pedido. ¡Alegrémonos! El vino, los cantos y las risas embellecen la noche; que el nuevo día nos encuentre en este paraíso (o algo así, que mi italiano es más que deplorable). Traducido al Baires del 30 de diciembre del 13: brindemos –por lo que sea, por el mero gusto de brindar o para sanear esta sed desesperante fruto de un calor recalcitrante- antes de que se derrita el último cubo de hielo que la heladera murió a causa de la baja tensión eléctrica. Que mañana nos encontrarán igual: sin luz, sin agua, con gente en las calles, avenidas cortadas y todos ardiendo en el infierno de la “década ganada”.






(Alfredo) Bebamos alegremente de este vaso/ 
resplandeciente de belleza/ 
y que la hora efímera/ 
se embriague de deleite./ 
Bebamos con el dulce estremecimiento/ 
que el amor despierta/ 
puesto que estos bellos ojos (indicando a Violeta)
nos atraviesan el corazón./ 
Bebamos porque el vino/ 
avivará los besos del amor./ 
(Coro) Bebamos porque el vino/ 
 avivará los besos del amor./ 
(Violeta, levantándose) Yo quiero compartir/ 
mi alegría con todos vosotros;/ 
todo en la vida es locura/ 
salvo el placer./ 
Alegrémonos/ 
el amor es rápido y fugitivo./ 
Es una flor que nace y muere/ 
y del cual no siempre se puede disfrutar./ 
Alegrémonos pues una voz encantadora,/ 
ferviente, nos invita./ 
(Coro) ¡Alegrémonos!. El vino y los cantos/ 
y las risas embellecen la noche;/ 
y que el nuevo día/ 
nos devolverá al paraíso./ 
(Violeta, a Alfredo) La vida solo es placer./ 
(Alfredo, a Violeta) Para aquellos que no conocen el amor./ 
(Violeta, a Alfredo) No hablemos de quien lo ignora./ 
(Alfredo, a Violeta) Es mi destino…/ 
(Coro) ¡Alegrémonos!. El vino y los cantos/ 
y las risas embellecen la noche;/ 
y que el nuevo día/ nos devolverá al paraíso./






     Por las dudas, porque no confío en la traducción del Wikipedia y porque, decididamente, en italiano suena mucho mejor: 

(Alfredo) Libiamo, libiamo ne'lieti calici/ 
che la bellezza infiora./ 
E la fuggevol, fuggevol ora/ 
s'inebrii a voluttà/ 
Libiam ne'dolci fremiti/ 
che suscita l'amore,/ 
poiché quell'occhio al core onnipotente va./ 
Libiamo, amore, amor fra i calici/ 
più caldi baci avrà./ 
(Coro) Ah! Libiam, amor, fra' calici/ 
più caldi baci avrà./ 
(Violetta) Tra voi, tra voi saprò dividere/ 
il tempo mio giocondo;/ 
Tutto è follia, follia nel mondo/ 
ciò che non è piacer/ 
Godiam, fugace e rápido/ 
è il gaudio dell'amore,/ 
è un fior che nasce e muore,/ 
ne più si può goder/ 
Godiamo, c'invita, c'invita un férvido/ 
accento lusinghier./ 
(Coro) Godiamo, la tazza, la tazza e il cantico,/ 
la notte abbella e il riso;/ 
in questo, in questo paradiso ne scopra il nuovo dì./ 
(Violetta) La vita è nel tripudio/ 
(Alfredo) Quando non s'ami ancora/ 
(Violetta) Nol dite a chi l'ignora,/ 
(Alfredo) È il mio destin così.../ 
(Tutti) Godiamo, la tazza, la tazza e il cantico,/ 
la notte abbella e il riso;/ 
in questo, in questo paradiso ne scopra il nuovo dì./ 


 Giuseppe Verdi, La Traviata - Brindisi






     Y tarareando a Sabina
Allons enfants de la patrie,/ 
Maldito mayo de Paris,/ 
Vendí en Portobello los clavos de mi cruz,/ 
Brindé con el diablo a su salud./ 
Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga…


Joaquín Sabina, Viudita de clicquot del Álbum Vinagre y Rosas.






     Brindo con el diablo a su salud.





domingo, 29 de diciembre de 2013

sábado, 28 de diciembre de 2013

BRINDIS PLAGIARIO






En dicha novela repetiré algunos chistes aquí intentados, pues espero llegar a un extremo de garantía y seriedad de mis bromas, ensayándolas en varias repeticiones; además, así se entretendrá algún exigente en originalidad, quién descubrirá que alguna idea mía es de Sterne o Rabelais, cuando no habrá sido tomada de allí sino de mí mismo, de la primera vez que la dije; en el estado de repetición se parecerá textualmente a la idea de Sterne, pero antes se parece a la mía de la primera vez que la copié, porque es tan escasa la originalidad que hoy no queda otra que la del primer copista de autor nuevo; ´primer copia´ es un subgénero sancionado de originalidad. (…) Una frase de música del pueblo me cantó una rumana y luego la he hallado diez veces en distintas obras y autores de los últimos cuatrocientos años. Es indudable que las cosas no comienzan. O el mundo fue inventado antiguo.” 

Macedonio Fernández, Carta abierta argentino-uruguaya Revista Martin Fierro 34, 5-X-26, 257; OCA 43.






Borges habría difundido “insinuaciones” que dañaran “literariamente” a Macedonio, y que existía un grupo dispuesto a incriminar a Borges públicamente como plagiario. Imagino que a ese grupo innominado pertenecía Hidalgo. (…) Acerca de Borges como “inconfeso Platón” de Macedonio… (corresponde) el siguiente pasaje de “Crisol literario”…: ´En materia de coleccionistas, no hemos conocido tonto mayor que Alfonso Reyes: colecciona sonrisas, según afirma en uno de sus enanos escritos. El amigo Valery Larbaud junta soldaditos de plomo, aunque en secreto: le molesta que se divulgue la cosa, a punto que uno de sus mejores amigos perdió su afecto por haber hecho la revelación. Hay los que amontonan mariposas. Y no hablemos de los ingenuos filatélicos. Borges colecciona en sus libros las frases de Macedonio Fernández como Leónidas Barletta los cuentos de La Prensa (…)´ De una manera u otra, el incidente arriba narrado no deja de ser grotesco: Macedonio, el paladín del plagio, y Borges, el futuro héroe de la intertextualidad, disputan mediante terceros acerca de quién ha copiado a quién o quién es el más original de los dos… En numerosos textos aparecidos tras la muerte de Macedonio, Borges reconocería haberlo admirado e imitado “hasta la trascripción, hasta el apasionado y devoto plagio” (1952; ya en 1938 se había declarado su único “imitador”; cf. Textos cautivos 99).” 

 Carlos García, edición y notas de Correspondencia Macedonio-Borges 1922-1939, Corregidor Buenos Aires 2000, pág. 181.






     ¿Tema antiguo y superado? Desayuno -sumamente acalorada- ojeando la edición de hoy de La Nación, suplemento “Sábado”, página 7, y veo cuánta razón tenía Macedonio: el mundo fue inventado antiguo; o, en palabras de Mafalda ¡otra vez sopa!: 


“LA ORIGINALIDAD DE LA COPIA. Por qué robar a otros ya no está mal visto. ¿Está buscando una idea original’ No pierda tiempo. Cópiela. Declárese un “cleptómano creativo” como el estadounidense Austin Kleon, autor de Robar como un artista, el manifiesto sobre creatividad que ingresó el año pasado en la lista de los libros más vendidos de The New York Time. La copia está ganando terreno al original. La revolución digital… y la tendencia a celebrar la mezcla, el collage y el mashup lograron que la copia dejara de ser el oprobio del artista y se volviera un motor de creatividad, aceptado y respetado. (…) La valoración de la copia es tal que hoy se protegen los derechos de quien la ejerce. Pat Aufderheide dirige el centro de investigación sobre medios de la American University, en Washington DC, y es un militante del derecho a la copia, resguardado en Estados Unidos por la doctrina del “uso justo”, que considera válido tomar material de otros sin pagar derechos siempre y cuando se cite al autor y no se persigan fines comerciales. (…) …Tomamos ideas de otros para darles una forma personal o, como prefiere decir, tunearlas. (…) En última instancia, estos tiempos parecen darle la razón al escritor T.S. Eliot, que en 1920 publicó: ´Los poetas inmaduros imitan; los maduros copian”. Una forma consistente de terminar esta nota: la frase está tomada del libro de Austin Kleon.” 


 Sonia Jalfin, soniajalfin@gmail.com La Nación 28 de diciembre de 2013.






     Brindo, pues, por el plagio reverencial e inevitable que surge de la honesta admiración que profesamos a aquellos que nos precedieron y nos formaron, ya que al intentar emularlos no podemos más que evidenciar nuestras limitaciones y diferencias, las que al cabo resultan dando voz a nuestra propia identidad. Brindo por los MAESTROS que sin espamento nos educan constantemente desde su inmensidad incuestionable. 

       Brindo, obviamente, por Borges y Macedonio.







viernes, 27 de diciembre de 2013

BRINDIS (poco esperanzado y totalmente especulativo) POR LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN.





     En un rapto de prolijidad inexplicable, apronto las fotos y la documentación necesaria para concurrir el próximo lunes a la Secretaría de Cultura de la Nación a solicitar –como corresponde- la licencia de exportación para remitir –por derecha- las siete obras que componen mi Silk Road a Andalucía, España

      Se supone –se su-po-ne – que en un trámite de 10 días me entregarán el permiso correspondiente para poder enviarlas vía correo estatal u empresa privada, del modo legal, simple y barato que fomenta el intercambio cultural y la difusión del arte local puertas afuera. Una feroz carcajada de una de mis voces me hace percatar de la intrínseca estupidez de mi argumento. Sé sin necesidad de que me lo diga que el amigo Coscia está más ocupado en camuflar el derroche de su festejo oficial de despedida de año en Puerto Madero (cuando en el país morían 15 personas por los saqueos y arrancaban los cortes de luz que siguen aquejándonos) que en cumplir sus funciones de Secretario de Cultura de la Nación. O.K., digo, pero el monstruo administrativo sigue siendo un monstruo. El trámite de las licencias existe solo por el trámite en sí mismo, y si nadie (como es ley) lee nada y sólo juega al acumule de papelitos, si llevo los formularios E111, E112 y E113 (aunque no esté muerta), y concurro la cantidad de veces que me requieran sólo por el gusto de ver mi cara de cansada a la Mesa de Entradas conforme el ritual, quizá en menos de un mes pueda obtener mi “permiso”. ¿A esta edad pidiendo “permiso” para hacer algo? Bueno, lo que sea. 

      Uno intenta hacer las cosas bien primero, porque así tiene que ser. Después, si no sale, veremos. La “creatividad” criolla, el eterno “lo atamo con alambre, lo atamo”. O la pura argentinidad de estar acostumbrado a tener que hacer todo pese al sistema entorpecedor y no aceptar jamás un no como respuesta. La voz de anteojos comenta con si tal cosa: 
-Que ganas de dar vueltas en edificios gubernamentales con este calor. Y eso si te atienden. Paros, trabajo a reglamento, asambleas pre-paritarias, asuetos festivos y cortes de luz. Escusas de sobra tienen a mano para hacerte volver como fuiste, sin lograr nada concreto.-  Es absolutamente cierto, y más aun si le agrego que probablemente para el lunes sigan los cortes de energía porque el calor no pinta aflojar, lo que va a significar calles cortadas por ciudadanos indignados con los que no puedo no simpatizar pero que van a convertir en odisea absoluta el cruce de Provincia a Capital y el acceso a Recoleta donde funciona la Secretaría de Cultura. Porque es MENTIRA K que se mudó a la “villa”, la Secretaría sigue en la Av. Alvear (¡gracias al dios de los políticos corruptos por ello!).






     En síntesis, y para no perder este estado de ánimo benevolente para con el Cosmos –incluidos la manga impresentable de políticos K, advenedizos y sucedáneos que pululan por las oficinas públicas- brindo por la Secretaria de Cultura y por el infierno que me espera, por el poco probable éxito de mi gestión y por la segura mala sangre que me voy a hacer. Sigo citando a Savater extractado de su último libro (último leído por mí, que estoy muy ombligo del mundo en estas horas):

  Gracias a Dante todos sabemos que el Infierno (y su antesala, el Purgatorio) es un lugar estética y socialmente creíble hasta para los escépticos religiosos más contumaces, mientras que el Cielo y su gloria eterna ofrecen escaso pábulo tanto a nuestra imaginación como a nuestras más íntimas apetencias. En el Infierno podríamos encontrarnos con casi todos nuestros conocidos y estar como en casa (incomodidades incluidas), mientras que en el Paraíso sólo podremos frecuentar al tipo de gente que por lo común rehuimos en los encuentros mundanos del más acá.”

 Fernando Savater, Figuraciones mías, Editorial Paidós Buenos Aires Noviembre 2013, pág. 38.


      Brindo, entonces, por el Infierno por venir, porque realmente será más grata la eternidad con Homero Simpson que con Ned Flanders.





jueves, 26 de diciembre de 2013

BRINDIS ACALORADOS Y REFLEXIVOS






     Ya que el calor no me permite (dice un sádico desde la radio que en este momento en Aeroparque hace de sensación térmica 46 grados centígrados) mayor acción que estar tirada como lagarta sobre el piso de cerámica donde a duras penas gotea el frío desalentado del Split, que sopla de a ratos ya que de a ratos la tensión de la electricidad sube un poquito como para que amague a enfriar, me deleito pese a todo pronóstico y lógica en la lectura de mi auto-regalo navideño. 

      Ni que aclarar que alguien maldecido con complejo de bibliotecaria frustrada realiza la mayoría de sus compras navideñas en una librería. Y en el revoleo compré para mí –recién salido de imprenta- lo último de Fernando Savater Figuraciones mías”, un compendio de artículos que no pueden calificarse de otro modo que deliciosos en forma y contenido. 

      Y continuando con mi empeño de no aflojar el festejo hasta pisar el 14, solemnemente (tirada en el piso, con un camisón empañado por la transpiración, los pelos indescriptibles en un rodete que se ha visto aplastado por la almohada y apelmazado por el sudor) brindo por Savater y la filosofía, y por su dejo vasco, cordial y divertido, que vuelve todas sus palabras en una charla feliz de larga sobremesa; brindo por mi decisión de hacer de su frase de contratapa (“Piense usted. Como quiera y pueda, pero piense. Luego razone su pensamiento con los demás, para pensar mejor.”) mi lema y mi blazón para el año a iniciar. Brindo por el placer intelectual de una magnífica lectura que puede hacer desaparecer el entorno ingrato de un calor desaforado, un país en crisis energética y políticos a cargo que se toman el buque (léase: ministros y secretarios del área de energía de-va-ca-cio-nes) mientras acontece el ataque de palometas asesinas en los ríos rosarinos (no es un chiste: pasó).






     Y brindo hasta el éxtasis y la borrachera por el texto que trascribo que compendia mis reflexiones del último tiempo sobre cómo y por qué el artista se relaciona con su entorno: 

Para el escritor o el artista, la gran amenaza no son quienes lo aborrecen, que pueden resultar estimulantes o por lo menos divertidos, sino los que dicen adorarle. Afectan la debilidad esencial de nuestro ánimo, siempre inseguro y ávido de refuerzos. Aunque estemos convencidos de que quien nos elogia es poco de fiar intelectual o moralmente, basta el primer encomio para que reconsideremos nuestra opinión sobre él y empecemos a encontrarle disculpas y cierta prestancia. Aunque lo bueno es gustar de vivir, a menudo confundimos eso con vivir de gustar, que es algo bastante más menesteroso y deleznable. Claro que tampoco en este asunto hay que pasarse de puritanos: nadie es responsable de sus admiradores, siempre que no les halague a sabiendas para ganarse su ovación. Incluso puede haber admiradores que tengan la honradez de preferir que se los trate como adultos y se les lleve la contraria. Otros en cambio son mucho más condicionales y de su admiración nos enteramos por lo general cuando nos notifican que, ay, la hemos perdido: ´Con lo que yo le admiraba a usted, pero me ha decepcionado cuando escribió tal cosa o hizo tal otra´. Este tipo de declaraciones animan y hacen sentir vivo porque demuestran que no nos hemos convertido en estatuas: seguimos caminando, tropezando y cayendo pero en marcha, mientras que el decepcionado se queda refunfuñando junto al monumento del pasado, mirando a las palomas irreverentes que le cagan en el sombrero emplumado. Ésa es la diferencia entre el orgullo, que se exige y valora así mismo a pesar del criterio de la mayoría, y la vanidad, que sólo como de la mano ajena. Lo que en el fondo uno quisiera de verdad es encontrar un pecho fraterno para morir abrazado, como en el tango, aunque sabemos que es muy raro que ese galardón se consiga por medio de un libro, un cuadro o una película. Sólo a unos pocos se les puede pedir adhesión inquebrantable (es decir, tan consciente de nuestros defectos seguros como de nuestras virtudes dudosas) y a esos happy few no se les suele conquistar por vía de la estética sino utilizando trucos más sofisticados, como el amor y cosas así. Por lo demás es bueno acostumbrarse a la intemperie, que según el clásico también es una forma de arquitectura.” 

 Fernando Savater, Figuraciones mías, Editorial Paidós Buenos Aires Noviembre 2013, pág. 72/73.





miércoles, 25 de diciembre de 2013

Gabriela Farnell en OnlyEroticArt

                     



     Pese a mi resaca navideña logro revisar con párpados a media asta mis mails y me encuentro con el enlace que me envía Pictor Mulier, el creador del sitio OnlyEroticArt, de un videíto subido a Youtube promocionando algunas de mis obras. ¿Cómo puede ser el universo tan generoso conmigo esta mañana (o tarde, ya no sé en que hora vivo, demasiado calor y demasiado alcohol)? 

     Si hay un buen modo de celebrar Navidad es éste: disfrutando de la buena voluntad de esos entrañables amigos a distancia que ni siquiera conocemos. Brindo pues (y siguen los brindis...) por mis chicas en bolas, por la web que no le hace asco a lo poco púdico y por las personas que como yo creemos que el erotismo es una de las más gratas formas de la espiritualidad humana. Y como estoy realmente de muy buen humor brindo también por todos esos reprimidos pacatos que agrían la tierra ya que sin oscuridad no haría falta la luz. ¡Chin-chin!






martes, 24 de diciembre de 2013

BRINDIS SENTIMENTAL






     Brindo por mí, por seguir teniendo ganas de brindar (por mí). Brindo por esos amigos incondicionales e incomprensibles que siguen estando ahí a pesar de todo y de mí. Brindo por lo que debió haber sido y no fue y por lo poco que me importa que así sea. Brindo porque no se necesita a nadie más para ser uno mismo y por haber comprendido que la diferencia parte de cada vez que decidimos ser fieles a los sueños aunque ello no sea económicamente redituable. Porque puede que no nos hayan prometido la gloria, puede que muchas cosas no hayan sido puestas ahí para nosotros, puede que no seamos de esos que “pertenecen” y nunca hayamos tenidos los "contactos" debidos. Puede que no nos abran la puerta del sector VIP y que no encuentren nuestro nombre en las listas. Puede que nunca figuremos en los lugares y en los momentos en los que hay que estar para ser “alguien”. Puede que, sencillamente, estar al margen siga siendo nuestra elección y nuestro exclusivísimo privilegio.

        Brindo por eso: por los marginados de siempre, los que nunca cuentan y los que jamás importan. A mis camaradas del no ser y del no estar: ¡SALUD!








lunes, 23 de diciembre de 2013

AUTÉNTICO MINESTRONE: mi festejo del solsticio de verano como si fuera el de invierno y saludáramos a Mitra.






     Corroborando mi teoría de que la causa de todos los males del mundo deviene del exceso de libros (Gutenberg es el verdadero Satanás), cual monje copista medieval elaboro y divulgo mi versión personal del festejo del 25 que es en realidad del 24. 

   Comemos y bebemos abundantemente en solemne ceremonia de salutación a la cosecha que recogemos en el Solsticio de Verano, que viene a ser el final del año donde compilamos el fruto de nuestro trabajo y lo despachurramos en vulgares pero carísimos regalos a parientes que no soportamos y en el pago de más carísimas vacaciones con personas que soportamos aún menos, percatándonos en un instante de iluminación que trabajamos tantas horas al día en la calle porque no podemos convivir con los que habitan nuestra misma casa. 

     Rememoramos los festejos del Nacimiento del Invencible Sol Natalia Solis Invicti- o sea al Mitra persa, primera versión de “El Salvador”, el “Hijo de Dios”, el “Redentor”, el “Cordero”, devenido en nuestra memoria cultural -gracias al buen publicista que fue Pablo de Tarso- en el plagiario Jesús. Todo muy lindo, no me armes el pesebre a mitad de camino que vivo pateando al Niñito Jesús y me da mal augurio; ¿para qué le pones más lucecitas al árbol si seguimos con el servicio eléctrico cortado? 

     Claro que el Sol Invicto era el del invierno, pero esto de la globalización y del sentido común exige una misma fecha de nacimiento de los hijos primogénitos del dios oficial para toda la orbe y bueno, acá hace calor así que festejamos el invencible sol de verano que nos calcina y nos obliga a mirar al mar y a soportar la arena y a la familia en vacaciones.






     Pero pese a tener muy en claro que NO HAY NADA PARA FESTEJAR, yo adhiero de buena gana a las saturnalias de ocasión, con el mismo entusiasmo con el que emprendo los festejos de todos los ritos y credos que caigan a mi alcance. Y como cada año, soy la que se empeña en una cena de celebración de la nada misma con auténtico y honesto animus jolgorio. La pregunta del millón es: ¿por qué? 

     Por qué me tomo tamaño trabajo si sé -por experiencia- que habrá a mi alrededor mujeres de gesto adusto que a todo le van a encontrar un pero, que van a quejarse pormenorizadamente de cada circunstancias: que hace calor, que no hay aire, que se levantó viento, que va a llover, que está lloviendo, que este año hace frío, que la pirotecnia, que los perros que ladran, que los vecinos que están y los vecinos que se fueron, que los ladrones que se meten a las casas, que los ladrones de los comercios, que lo caro que está todo, que no hay nada para comprar, que la importación cerrada, que es todo chino, que para qué otra vez le compramos lo mismo, que nadie valora, que los chicos son chicos para eso o ya son grandes, que nada de lo que le compraste le va, que está gorda, que está flaca, que la ropa no la cambia, que las vendedoras la miran con mala cara, que para qué por lo que le queda por vivir, que no come porque lo tiene prohibido, que no bebe por la presión, que no tomó el remedio antes de salir, que tomes el remedio vos que vas a reventar, que no sigas tomando tanto alcohol… Pero QUERIDA, ¿cómo te soporto si no estoy borracha? 

      Y ellos, un montón pero intercambiables, todos más que parecidos iguales, colorados y sudados, se sacan la camisa para estar atentos al fuego de la parrilla, donde se aíslan entre sí a fin de debatir el pase de ese futbolista pata dura que la rompió en las últimas fechas. Y mañana hacemos un picadito, que YA alquilá la canchita, ¿qué cuantos somos? ¿Los hijos de tu hermano van a venir? Porque esos sí la tienen clara. Qué si, para las cinco de la tarde, que mañana comemos pasta o lechón, pero igual, vamos corremos un poco y seguimos comiendo. Total las mujeres lavan los platos mientras tanto y acomodan y no se dan cuenta de que nos fuimos. Volvemos para el pan dulce. ¿Y quién trajo los tres tiros y los busca pies? Juntá las botellas que a las doce las ponemos en el portón de al lado que la vieja se fue a lo del hijo y no hay nadie. Me gasté dos sueldos en pirotecnia, ya vas a ver el quilombo que armamos. Y siguen sudando, medios desnudos, desprolijos y desagradables, comiendo carne al rescoldo disminuyendo sin pausa las reservas de tinto, que después la seguimos con la sidra y el champán bien frío. ¿Ya están sirviendo el matambre con rusa? Que le sirvan a los chicos primero así se van a jugar por ahí y no molestan, que se sienten las mujeres, nosotros vamos después cuando sale el vacío. Y dale que son más de las once y no saqué ni un chorizo, que todos los años estamos empezando a comer cuando dan las doce… 

      Sí, ya sé. Yo tengo una marcada afición a perder el tiempo y a gastar energía en cosas –y gente- que no lo merece. Pero me es imposible evitarlo. Siempre he tenido un gusto deplorable para elegir compañía y al cabo de los años esas malas elecciones han degenerado en ESTO. Qué se le va a hacer… Los festejos en familia y la reverendísima puta que los parió (y no doy nombres sólo por mi buena educación).









     Para evitar el suicidio, que desentona con la decoración navideña que con tanto cuidado escojo cada año para no repetirme, arranco la lista de mis brindis que habré de culminar el 31. Así de corrido, sin solución de continuidad. Que los solsticios no compatibilizan con la sobriedad. 

    BRINDIS POLITICAMENTE CORRECTOS. Brindo por mí, por haber sobrevivido a otro año de “la década ganada”, por seguir al pie del cañón pese a todos los disparates que el régimen de turno supone que uno no ve y si lo ve no lo entiende y si lo entiende cree la explicación que ellos dan desde su atrio de impunidad. Brindo por haber resistido con estoicismo el deseo de emprenderla con una ametralladora contra las rústicas hordas camporistas abiertamente iletradas que me han salido al choque, sin dejar de discutirles (me temo que a los gritos por lo general) donde fuera que me los cruzara y aun siendo minoría. Brindo por mi irrebatible pero generoso consejo de “¡Agarrá un libro alguna vez, por piedad, antes de salir a decir tantas burradas!¡ME DAS VERGÜENZA AJENA!” que hasta ahora ninguno de los camporistas de mi entorno ha sabido sensatamente aceptar. Brindo porque el tiempo es sencillamente justo y corre igual para todos pese a la omnipotencia de varios. Brindo por el inicio de los últimos dos años de esta gente. Brindo porque para ellos vienen los malos tiempos y yo puedo seguir imperturbable porque para mí y gracias a ellos ha sido una década de malos tiempos que me ha inmunizado. Brindo porque todo lo que empieza termina y todo lo que sube baja. Brindo porque aunque la faraona diga ser una “abogada exitosa” las leyes de la naturaleza te alcanzan a la larga: después del esplendor viene la decadencia, palabra del I Ching 64. Como dice el Cambalache de Discépolo: "¡Dale nomás!/ ¡Dale que va!/ ¡Que allá en el horno/ nos vamo a encontrar!"





sábado, 21 de diciembre de 2013

Soy un pie.



 


     Hay que mentalizarse: si pinto piel me concentro en la textura, en la calidez, en la curvatura de los pliegues que delatan músculos y huesos. Si pinto seda siento el resbaloso tejido lustroso entre los dedos. Si se trata de cristal, el frío pulido al tacto y el reflejo de luz que rebota ante los ojos. Ese es el truco: recordar a través de todos los sentidos el objeto que quiere plasmarse sobre la tela. Y en esa memoria física lograr que llegue a las cerdas del pincel esa forma, ese color, esa sensación. Muy bien. La teoría la tengo: pensar un pie. Sentir un pie. Aplico toda mi concentración en la tarea y, nuevamente, fracaso.






     ¿Qué recuerdo de los pies? Que me duelen. Eso es lo primero que me viene a la cabeza. Duelen, palpitan, se hinchan. Son un engorro al cabo del día (o a la mitad si, como ahora, es verano). Los pies estorban. Pero esa no es la imagen que ando persiguiendo. Mi Ángel tiene los pies descalzos y una postura relajada, dudo que le duelan. No, no es lo que estoy buscando.






     ¿Cómo se sienten los pies? De vuelta, lo primero que me sale es “apretados”, "encerrados", "afixiados", pero no se trata de eso acá. Se sienten… ¿incómodos? No, tampoco. Pero no hay manera: uno se percata de la existencia de los pies cuando están molestando, sino no hay registro. No alcanzo a sentirlos de un modo grato. No sé cómo se sienten cuando se sienten “bien”.






     ¿Cómo se ven los pies? Raros. Realmente su forma es extraña: demasiado planos, un poco anchos, acabado en dedos que los más pequeños resultan indefinidos. Tan propensos a esas imperfecciones poco elegantes como juanetes, dedos martillos, callos, uñas encarnadas, hongos… Se ven HORROROSOS. Se ven normalmente mal, por eso uno no los mira mucho. Evoco la fea imagen de unos pies deformes, desproporcionados, poco llamados al recuerdo. ¿Por eso continúo haciéndole tan espantosos los pies a mi Ángel? ¿La irremediable realidad me juega en contra?






     Trato de elaborar intelectualmente la esencia de los pies. Soy un pie –me digo- y soy digno y bello. Lo digo y sueno estúpida. ¿Cuál es la dignidad del pie? Ser el sostén de toda la estructura magnífica del cuerpo. Sobre los pies se eleva la graciosa figura humana. Un conjunto de huesecitos, largos y elegantes, conformando un curvo empeine que se arquea hacia un talón robusto, redondeado y contundente que irá luego a perderse en el nudo estilizado del tobillo. Y por delante, la culminación en cinco puntos descendentes, del dedo mayor hacia el meñique. Y hasta ahí llego, porque imagino el dedo gordo rechoncho y desproporcionado con respecto al resto, y el dedo meñique tan chiquito en comparación, sin forma, generalmente sin uña, y con un callo que lo corona y lo vuelve aún más deforme. No puedo: los dedos son horribles, no hay manera de que les encuentre la belleza oculta.





     Soy un pie, repito; y me resigno a serlo. Y no quiero entrar en detalles, no quiero que se me recuerde demasiado. Soy y punto, estoy siempre presente ya que soy la base de todo, pero no quiero que se me mire demasiado. No es lo mío los primeros planos. Mi forma se recuerda en modo vago, nebuloso, se supone que soy como debo ser pero no hay que mirar dos veces para salir de dudas. Demos por sentado que estoy ahí y que soy más o menos como son todos los pies. Nada fuera de lo normal, nada digno de mención. Soy un pie y se presupone mi existencia y mi esencia. Estoy, créanme, estoy ahí abajo; no hace falta que me miren para corroborarlo.






     Y mi Ángel de la Tartaria tiene sus pies. Es lo que hay. No puedo luchar contra el destino. Bello Ángel de pies chuecos.






viernes, 20 de diciembre de 2013

Vaguedades bibliófilas






     El miércoles, deambulando por mi circuito habitual de librerías, me entero que una de mis paradas favoritas (Libertador en Corrientes entre Uruguay y Talcahuano) está mudándose del otro lado de Callao. Van a poner un restaurante me explica sin entusiasmo el muchacho de la caja. La nueva dirección me la va a dejar fuera de mi radio de acción (escusa políticamente correcta para estar husmeando entre deber y deber en busca de placer). Revolví con el esmero de una eventual “última vez” y salí con tres libros acomodados estratégicamente en mi carpeta de trabajo para disimular. Uno de ellos, un librito nuevo pero de hojas manchadas por la humedad que ostentaba el irrisorio precio de $ 4.- (ni siquiera cincuenta centavos de dólar al cambio real), trataba de Borges. Ameno y evidentemente compilado desde el afecto, lo leí de un tirón en el viaje de vuelta en el 37. Y pese a tener mucho material sobre Borges y haber leído casi todo lo publicado y lo dicho, me topé con un fragmento sobre política increíblemente aplicable al hoy. Hubiera querido creer en profecías pero colegí lo obvio: no aprendemos más.






“El jurisconsulto holandés Hans Kelsen definió el anarquismo como la exaltación del espíritu. Borges pensaba: “Por ahora el estado y la policía son males necesarios. Si todos los hombres fueran morales, podría prescindirse de esos rigores. Temo que nuestro porvenir inmediato sea no menos duro que el presente. ¿Qué pensar de una doctrina que cambia según los colores del mapa? En Grecia, donde cada hombre se definía por su ciudad –Heráclito de Efeso, Apolonio de Rodas, Zenón de Elea- los estoicos se declararon cosmopolitas, ciudadanos del mundo. Debemos tratar de ser dignos de ese antiguo propósito. Se justificarían así los imperios, que abarcaron, o abarcan, muy dilatados territorios y que serían acaso el camino hacia una futura ciudadanía planetaria. ” Describió el nacionalismo como “el mayor de los males de nuestro tiempo. Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología peculiar, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas, de escudos y de mapas. Mientras dure este arbitrario estado de cosas, serán inevitables las guerras. Lógicamente el nacionalismo es insostenible”. También “la injusta y arbitraria distribución de las riquezas espirituales y materiales” formaban parte de otros males. “En la República Argentina el Ministerio de Educación está, y siempre estará, desguarnecido.” Además se preguntaba: “¿Qué pensar de poetas incapaces de reconocer un endecasílabo? ¿Qué pensar de escritores que se apodan de intelectuales, de ministros que arruinan un país y se apodan de economistas, de ciegos que se apodan de no videntes?” …¿Y qué hacer para liberarnos del nacionalismo? “La tarea es difícil. Como dijo Oscar Wilde, la historia que aprendemos no es otra cosa que una serie de crónicas policiales. Mi padre solía decir que en este país el catecismo ha sido reemplazado por la historia argentina. Del cuto de Dios o de los santos hemos pasado al culto de los próceres. Bertrand Russell sugiere que los alumnos estudien la gradual derrota de Napoleón a través de los boletines del propio emperador, para aprender a desconfiar de lo que se publica. Dijo, además, que hay que enseñar a la gente a leer los periódicos. Recuerdo, durante la Primera Guerra Mundial, haber leído los despachos oficiales de cada país. Los alemanes afirmaban: ´nuestras fuerzas han ocupado la ciudad X´; los aliados decían: ´la ofensiva alemana no pasó más allá de la ciudad X´". Al preguntarle cómo explicaría la inclinación, aparentemente innata de los hombres con respecto al poder, Borges, con recato, manifiesta no saber “explicar una inclinación que no sentía y que había observado en pocas personas. El hombre es muy haragán- dijo- y prefiere que otros asuman la responsabilidad de sus actos. Profesar una religión o afiliarse a un partido o a una doctrina es un buen pretexto para no pensar.”

 Néstor Montenegro, Borges por el siglo de los siglos Ediciones Simurg Buenos Aires 1999, pág. 41/43






jueves, 19 de diciembre de 2013

Resabio de Conquista






     ¿Cuál era la intención? Varias intensiones, como siempre. La mujer “conquistada” como individual y como paradigma. La mujer como metáfora de América. La mujer como símbolo de la humanidad o de aquello que nos diferencia como humano (lo sensible, lo espiritual, lo afectivo). La conquista como avasallamiento, como fuerza incontrolable, sorpresiva, irremediable. Y como resabio esa identidad, ese orgullo de ser, ese seguir estando ahí a pesar de todo. 


      Como acotación marginal íntima reconozco que me enamoré de la línea de la barbilla de la modelo, un gesto que trasmitía dignidad y auténtico poder. Papeles artesanales, un poco de fuego, y lapiceras de tinta en gel y una auténtica orgía de disfrute sensorial en el dibujo. Esta obra fue a un concurso en México, recibió una mención de honor y allá se quedó. Después hubo una segunda versión para mi propio disfrute y ahí anda colgada en mi dormitorio.






     Suelo identificarme con ese concepto y esa imagen: Resabio de Conquista o como ser lo que queda después de todo. Hoy particularmente, después de más de 30 horas de apagón con más de 32 grados de temperatura. Hoy, cuando la radio sigue contando de la cantidad de lugares (y personas) que siguen sin luz. Hoy, 19 de diciembre, cuando se sabe y no se sabe sobre los presuntos saqueos organizados por nadie en particular, que tal vez pasen o no, pero por las dudas, y entonces… Hoy, cuando leo sobre diputados que quieren regular Twitter y Facebook como únicos culpables del clima de violencia y desborde de los últimos día. Hoy, que sigue haciendo calor y está cada vez más caliente la calle...






     ¿Cómo llegamos hasta acá? ¿Cómo es posible que estemos invariablemente SIEMPRE en el mismo lugar?    En el 2001, un 19 de diciembre estaba en mi oficina en Lomas de Zamora mirando por la ventana como el local de Alcoyana de la esquina de enfrente subía y bajaba la cortina por períodos de treinta/cuarenta y cinco minutos. Otro tanto hacían la mercería, la tienda de ropa y la casa de golosinas. El muchacho del kiosko de debajo de mi edificio me informaba por el portero eléctrico que “Parece que vienen los saqueadores desde Monte Grande, aléjate de las ventanas o tirate bajo el escritorio.” 

      Entonces, recuerdo, presa de mi natural escepticismo, yo seguí junto a la ventana casi todo el día y realmente nada pasó. Nunca llegaron. Hoy miro por la misma ventana, la misma esquina de Alcoyana, los mismos locales linderos. Algunos a esta hora (media mañana) tienen las cortinas a media asta, como dudando o a la espera de la última oleada de rumores. Pasaron 12 años. Pero no es un dejá vú: es una prueba incuestionable de qué, como Nación, no hemos aprendido nada.