Sigo,
casi sin ganas porque no logro acomodarme a la rigidez que impone el
bastidor. Cuando el soporte es solo papel,
puedo doblarlo, acomodándolo a mi cuerpo en la practicidad de mi mesa de
trabajo. El bastidor me obliga a mí a
ser quién se adapta a su forma, haciéndome trabajar de pie en posturas que me
agobian a los pocos minutos. Es increíble
lo mucho que me fastidia trabajar así, aunque la obra me gusta bastante y por
eso continuo, sino ya habría mandado
todo a la pila del abandono justificado.










