Ya
en cuenta regresiva para la muestra de junio en la Alianza Francesa, desarmándose
sin piedad mis intentos de diseñar una base de exhibición para los tres Arlequines
(falla tras falla, el fibrofácil y la cola de carpintero son incompatibles
si no laqueo impermeabilizando, pero si lo hago no obtengo suficiente adherencia,
o sea: desastre), no tengo mejor idea que apestarme y ya llevo una
semana con fiebre.
Obviamente, los artistas autogestionados no podemos detenernos por minucias
como la salud, porque lo que nosotros no hacemos no lo hace nadie por
nosotros. Así que en un estado
lamentable y pese a esta gripe insoportable he mejorado las postales y señaladores
para regalar en la inauguración, ya se los pasé a la gráfica para presupuestar,
dejé dos obras a enmarcar y conseguí unos tornillos autoperforantes en la ferretería
a ver si con eso recauchuto un poco el engendro que pretendo usar como exhibidor.
Pero
me siento mal y merezco un poco de consuelo.
Y aunque debería estar preparando el kit de prensa y empezando a mandar
gacetillas e invitaciones, me doy un día de recreo. Cuando trabajaba en la serie de Las
Reinas de la Baraja me decía que después debía seguir con las princesas. Pero no hay princesas en las barajas, de hecho
ni reinas hay en la baraja española (son caballos). Supuse que debía resignarme a las Princesas
de los cuentos infantiles, así que inicié jugando con Blancanieves y las
múltiples versiones que pueblan mi biblioteca, esas que en mi niñez tildaba de falsas
porque no se parecían en nada a la de Disney. Me merezco este recreo a ver si dibujar sin ton
ni son me recompone el alma.














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