Finalmente llegó el día del montaje. Afortunadamente no hubo contratiempos, todo salió acorde a lo planeado: el flete estuvo a tiempo, el tráfico hasta Palermo no generó complicaciones innecesarias, pudimos descargar rápido en la puerta de la Alianza, las varillas de cuelga hicieron muy fácil colocar los cuadros en la altura correcta, el panel de los Arlequines simplificó el armado y el resguardo seguro de cada uno de ellos. Todo bien y tranquilo. Mi única queja es por las malas fotos que tomé del montaje, la luz del espacio más las paredes blancas y mi celular de dudosa calidad solo consiguieron imágenes borrosas. Por suerte habrá un fotógrafo profesional en la inauguración, así que se supone que tendré entonces un registro fotográfico digno de esta puesta.
Los Arlequines
y mis dos chicas enmascaradas vinieron conmigo en el auto. Tantas puntas, tantos pliegues, ningún lugar
es lo suficientemente seguro para su traslado.
Pero llegaron bien. Así quedaron (¡las fotos son pésimas!).











