Mientras
siguen mis obras independizadas de mi control en la muestra de la Alianza
Francesa (a la que no he vuelto aun a reponer tarjetas y chequear estado
general por este dolor de espalda que me tiene casi sin caminar, como una
resaca al estrés de organizar una muestra -entre otras cosas-) me doy permiso
de jugar un rato.
La excusa es un evento de un día a mediados de Julio, dónde seguramente irá El Portal y alguna otra obra con estética veneciana, y charlando con la organizadora surgió la posibilidad de hacer unas máscaras para que usen las modelos en el desfile de moda de cierre. Aun sin nada concreto y sólo por la posibilidad estoy desentendiéndome (o intentando hacerlo) de mi entorno y del mundo en general construyendo -con carta pesta y restos de bijou y cintas de mis cajas de acumulación de restos inútiles- máscaras y antifaces livianos pero resistentes que puedan lucir atractivos en un desfile.
Más
allá de su finalidad, permitirme perder el tiempo con este tipo de juegos es lo
único que puede recomponer un poco mi salud mental y hacer soportable el dolor
físico. Será la edad (lo que es lógico), o será el frio (seguramente),
pero estos días oscuros, cortos y destemplados hacen que mi energía desaparezca. Solo el placer de hacer con las manos, con colores
y brillos, puede recomponerme un poco el alma.
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