sábado, 17 de enero de 2026

 






     Se trata ahora de eliminar todo el fondo blanco. Recién después da cubrir toda la superficie del papel base voy a integrar, corregir y resaltar. 

     Vamos con un Donald que emerge y se impone, un Mickey que se malhumora y una Pantera Rosa buscada.































 

      El Túnel del Tiempo, que me gustó entonces casí sin entenderla y que me sigue gustando en todas sus versiones y variaciones que hasta el día de hoy se siguen repitiendo. 













 

     Y Los Invasores, con David Vincent vigilando el dedo meñique de la gente…






 

     Un gato para eliminar ese blanco molesto bajo el mango del paraguas/bastón y otro gato para contener a Robin.  ¿Por qué tanto gato? Mi primera mascota fue una gatita gris atigrada que se llamó Semba.  Mi abuela dijo “es hembra” tras revisarla para identificar su género, y yo entendí que tenía el nombre escrito en algún lado y ahí decía SembaTres o cuatro años tendría yo.  Ha habido gatos en mi vida dsde entonces.

 





















     Sigo en  mi cruzada para eliminar todo vestigio de fondo (y enredar hasta lo imposible el cúmulo de imágenes que me rondan en la cabeza).









 

miércoles, 14 de enero de 2026

 

     Sigo.  Es un juego donde los recuerdos determinan imágenes y como en un puzzle voy acomodándolas de modo placentero.

     Otro ícono estético femenino de mi infancia: Morticia Addams.  A lo largo de los años incluí a  Carolyn Jones en mucha  de mis obras, siempre me ha resultado magnética y poderosa su mirada, pero cuando niña ese rostro sereno y su constante calma eran para mí la definición de belleza absoluta. Aunque, claro, yo me identificaba con el Tío Cosa (pequeño, indefinido, incomprensible).










 

     Otra constante diaria de mis almuerzos: El Correcaminos (beep-beep), pero mi alter ego era obviamente el Coyote siempre perdedor, acorde a esa convicción que me inculcaron desde el inicio que cualquier cosa que yo intentara iba a fracasar.  Marca Acme. 





 

      Y acá corresponde que señale la pronta desviación que hubo en mi vida, entre los ocho o nueve años, cuando de las revistas de comics pasé a los libros.  Y desde ahí la literatura copó mi imaginario.  Mis héroes empezaron a ser los que emergían del papel y ya no los de la pantalla.  Convivieron, obviamente, pero terminarían ganando los literarios.












 

     Texto para Mickey, con la grafía de las revistas de mi infancia.  Y un gatito.




    



 


     El logo de lo que por estos lados se conoció como El Agente de C.I.P.O.L.que desproporcionada dibujé la cabeza del agente!  Habrá que solucionarlo).












 

     Y Popeye el marino soy poniendo un poco de orden en el inicio de la composición.



















sábado, 10 de enero de 2026

 

     Avances de  mi amague autobiográfico infantil.  Manos con ojos, pero no  una Mano de Fátima o Jamsa, sino una mano occidental, una mano vigilante.  En mi caso, todo aquello que veo y me atrae visualmente tengo que pasarlo por mis manos y registrarlo sobre papel. 






 

     Muy chiquita esperaba con ansias el inicio de cada episodio de El Santo, cuando Roger Moore ponía esa mirada cómplice, reconocía ser Simon Templar y se formaba una aureola sobre su cabeza, la que de inmediato  se convertía en el muñequito de palos que caminaba iniciando los créditos del programa.  No creo que entendiera mucho de qué trataba la serie (debía tener menos de 5 años, porque recuerdo verla en “la casa vieja”, esa de la que me fui antes de cumplir 6 años), pero me desesperaba por ver su inicio.  Ese rostro masculino, bello, amigable y travieso, y el dibujito del monigote santo han quedado en mi cabeza desde entonces.






 

      Y más de mi temprana educación feminista: Hechizada, con una bruja empoderada y bien vestida que fue un ícono estético de mis futuras decisiones.





 

     Otra mano, que te manda para allá…




 

     Mickey y Donald, pero con el estilo de dibujo del comic de la revista Patolandia que consumía por esos años.


 




     Y Droopy anunciando su estado de ánimo (ciertamente, yo no lucía por entonces como una niña feliz…).

























martes, 6 de enero de 2026

 

     Inicio el año dándome permiso de dibujar porque sí.  Sin motivo ni destino.  Pero siempre hay un hilo que hilvana desde el inconsciente.  Evidentemente me he puesto a reconstruir mi imaginario infantil, por lo que supongo que estoy elaborando el inicio de mi biografía. Fui una niña solitaria por mandato familiar, que se crio prácticamente encerrada con la única compañía de un televisor en blanco y negro.  En esos tiempos no había muchos canales (cuatro) y la oferta ciertamente no era actualizada.  El tiempo real era para mi entonces con un delay de una década o más.  Todo era imagen sin correlato actual, puede que por eso lo meramente visual marcara mis elecciones de por vida.

     Durante mis primeros años cada almuerzo fue con Los Tres Chiflados.  La lógica diría que me iba a convertir en un asesino serial a la vista de la diaria sesión de malos tratos y violencia gratuita.  Pero lo cierto es que me daban mucha ternura, y es inevitable que hoy cuando pienso en milanesas con papas fritas (que ya no como) piense automáticamente en Moe, Larry y Curly.







     Y después (o antes, solían cambiar el orden porque los episodios no eran muchos y esto se repetía en un loop infinito) estaba Mister Ed, caballo con voz no hay dos, no hay dos, sólo Mister Ed tiene bella voz…










 

     Adiciono una de esas manos que me gustan tanto, con un tallo con tres ojos, porque se trata de mirar mucho.





 

      Y el cartel de Kaos ante el que solía sentarse y despotricar mi adorado Siegfried, el personaje que más amaba de esa antología maravillosa que es Get Smart.





 

     Entusiasmada en este juego estrictamente personal adhiero tres hojas a la que usé al inicio, para darme espacio en mi despliegue de recuerdos. 












     Otra mano con una luna y estrellas, porque me gusta cierta simetría en las cosas.






     Y trato de reconstruir a esa pareja que me convenció desde muy temprano respecto de la absoluta igualdad entre los géneros, porque nadie trató nunca a Emma Peel de frágil damita vulnerable.











     Agrego detalles, porque me gustan y equilibran la composición: el Ed en herraduras (un diseño sencillamente perfecto) y un poco del bastón que define al caballero.












       Sigo con mis favoritos de mis primeros 7/8 años: el Zorro











 

     Y el Batman de Adam West (el mejor de todos, siempre), aunque tenga que trabajar mucho más ese dibujo, en especial a Robin que no logro el parecido.  Pero estoy jugando y la dificultad es lo que lo vuelve divertido el juego.