miércoles, 1 de junio de 2022

 













       No hay razones, digo.  Pero las hay, sólo que no voy a mencionarlas.  Las sé, conozco sin margen de duda de que se tratan.  Pero hay algo de vulgaridad imperdonable en argumentar sobre traumas infantiles.  Si, claro, sirven de excusas, pero las excusas no construyen y estamos muy ocupadas edificando el camino hacia Finis Terra.  Si, no es algo “para nosotros”, por eso precisamente no aspiro ir a ningún lugar al que me han repetido hasta el cansancio que no pertenezco.  Me dedico a construirlo en mi dimensión privada, paralela y exclusiva, reservándome sin culpas el derecho de admisión.  



      No hay razones, repito.  Ninguna razón más allá de mi capricho de artista.  C´est la vie.





















 


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