sábado, 5 de septiembre de 2026

 

(4:45 a.m. Buenos Aires)


     Enfrentar hoy el cordial saludo de fórmula de “feliz cumpleaños” resulta tan sádico, que, me pregunto ¿existe un modo práctico de anular este cumpleaños y -si llega y llego- celebrarlo en el 2027?  Pero quién desconoce mi horrible realidad y actúa con honesto afecto en el saludo, ¿cómo replicar amargamente que no tengo nada que festejar?  Lo cual sería, también, mentira, porque sí hay algo: aún estoy viva y mientras escribo esto estoy dibujando (a las 4 de la madrugada, cuando ya los fármacos no me hacen dormir y sólo resta llorar, me levanto y me vengo con mi lámpara a un único rinconcito iluminado de esta enorme y silenciosa la casa).  Y no está nada mal esta paz creativa de evasión de la realidad real. Tal vez debería colgar rápido, ya mismo, en mis redes y en WhatsApp un cartelito con el texto: cumpleaños suspendido hasta nuevo aviso y evitar algunos disgustos.  Puede que lo haga, es muy temprano.  Hay chance.






 


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