sábado, 5 de septiembre de 2026

 

(4:45 a.m. Buenos Aires)


     Enfrentar hoy el cordial saludo de fórmula de “feliz cumpleaños” resulta tan sádico, que, me pregunto ¿existe un modo práctico de anular este cumpleaños y -si llega y llego- celebrarlo en el 2027?  Pero quién desconoce mi horrible realidad y actúa con honesto afecto en el saludo, ¿cómo replicar amargamente que no tengo nada que festejar?  Lo cual sería, también, mentira, porque sí hay algo: aún estoy viva y mientras escribo esto estoy dibujando (a las 4 de la madrugada, cuando ya los fármacos no me hacen dormir y sólo resta llorar, me levanto y me vengo con mi lámpara a un único rinconcito iluminado de esta enorme y silenciosa la casa).  Y no está nada mal esta paz creativa de evasión de la realidad real. Tal vez debería colgar rápido, ya mismo, en mis redes y en WhatsApp un cartelito con el texto: “cumpleaños suspendido hasta nuevo aviso” y evitar algunos disgustos.  Puede que lo haga, es muy temprano.  Hay chance.


(17 hs. Buenos Aires)

 

     Logré armar un sostén (más o menos sólido, ciertamente más menos que más) atando la obra a un caballete de mesa que también até a una mesita de trabajo, porque menos de la mitad de la base del bastidor puede apoyarse sin destrozar la puntilla endeble de papel de seda y los bordes del abanico.  Todo un absurdo y una incomodidad perversa para trabajar.  Pero me conformo con que ya puedo tener la obra del derecho en vertical y visualizarla completa como debe ser.






















 

    Puse un poco de foil dorado detrás del retrato, que en foto no luce pero que al moverse uno alrededor de la obra en persona da un reflejo atractivo que aporta profundidad.




















 

     El corazón clausurado que tracé durante la madrugada lo coloqué en la parte alta en diagonal con el abanico, en un intento de equilibrar.  De la llave voy a sacar una cadena de eslabones en papel para enlazar y cruzar sobre la obra, saliéndome de los bordes también por arriba.  En teoría.  Obviamente, hacer una cadena en papel es también poner en el otro extremo material endeble que va a continuar haciendo esta obra totalmente inmanejable.  Pero son estos disparates los que hacen divertido el proceso creativo, y ese placer permite soportar todo lo demás.

























 


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