jueves, 3 de septiembre de 2026

 


     Resulta difícil poder enfrentar la realidad, sobre todo la de un diagnóstico médico que coloca tu vida patas para arriba en una pausa forzosa de tu electiva normalidad.  Pero tengo la práctica adquirida por años de ejercicio de mantenerme dividida: mi vida externa, con su odiosa propensión natural a la tragedia y al drama siempre exagerado por mi entorno, de mi vida real, la mía, la que construí a fuerza de convicción, donde la razón y la prioridad es el juego creativo. Vengo y me escondo acá para seguir en mis cosas sin pensar en lo que me espera los próximos días en mi otra vida.  Lo que deba pasar  va a suceder, las cosas avanzan y siguen su camino y mi control sobre ellas es casi inexistente.  Solo pongo el cuerpo.  Acá, todo es mi decisión (aun las muy malas decisiones) y pongo en juego el alma, sobre la que afortunadamente puedo seguir reservándome en exclusividad su propiedad, sin interferencias.


     Avances de mi abanico de bolsa de papel madera.  Para anotar en la bitácora de estupideces que no tengo que volver a hacer : si voy a plegar papel para simular un abanico tengo que dibujar la composición primero y después plegar, nunca al revés.  Es imposible trabajar sobre el plegado.  Pero la perseverancia suele dar sus frutos a veces y en conjunto empieza a gustarme más.



























































     Recorté con un sacabocados con forma de corazón tiritas de papel de seda celeste para hacer una especie de puntilla (que tuve que laquear un par de veces porque se rompía demasiado fácil al tratar de pegarlo), para adherir en todo el borde de la bolsa plegada.  




























































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