jueves, 7 de octubre de 2021

 






     ¡Bienvenidos al  Fin del Mundo!  Aunque no precisamente a Finis Terra, ese territorio imaginario dónde nos resguardamos en mérito de nuestra (ya escasa) salud mental.  Trato de continuar con mis cosas ignorando el disparate genérico en que se convirtió la Argentina por obra y gracia de políticos ineptos y corruptos, perseverando en mi trabajo, esquivando los obstáculos y siempre con la vista puesta adelante.  Bregando por omitir la queja bajo la auto-promesa de  que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo soporte.  Pero es imposible con esta gente.


     Nuevamente nos traban por completo las actividades financiera (con nuestro propio dinero, depositado legítimamente en un banco con todos los impuestos al día), impidiéndonos disponer libremente de nuestro patrimonio para aplicarlo a actividades en el exterior del país.  Así, cualquier transferencia de dólares para reservar un espacio expositivo o abonar un arancel o derecho de participación en muestras o ferias es bloqueada e impedida. ¿Causas?  Indefinidas, pero no-se-pue-de.











     Fantástico, estamos en el Fin del Mundo y no nos permiten salir.  Ya frustrada por un pago impedido de miserables 20 dólares para un evento benéfico, me llegan en estos días las notificaciones de la aceptación de dos postulaciones en Italia, en distintos eventos, que obviamente implican el pago de gastos de logística, tasas locales y honorarios de la organización (pintar es caro, exponer es carísimo), pero luego de tanta inactividad forzada por la peste se justifica volver al ruedo con algo de inversión.














  





     Pero no, no se puede.  El “gobierno de científicos”, como dieron en llamarse estos impresentables sujetos, ha decidido que una artista insignificante y desconocida que trabaja en chiquicientas cosas distintas para proveerse los ingresos necesarios que le permitan difundir su obra NO PUEDE PAGAR DERECHOS Y HONORARIOS EN EL EXTERIOR porque, por razones que no comprendo, eso significaría destruir la economía de la Nación y convertirme en un “cipayo” (el anacronismo de esta gente sería gracioso si no fuera tan dañino).











     ¿Entonces?  Entonces nada, escribir agradeciendo a los organizadores la oportunidad y explicar -sabiendo que es incompresible- que problemas de política gubernamental me impiden materialmente sumarme a la propuesta.  A veces me digo que debería dejar  de postular a convocatorias del exterior porque no me van a dejar participar.  Pero eso sería reconocerles que me ganaron, que lograron imponer su mediocridad, que mutilaron mis ganas de hacer.  Y no les voy a dar el gusto.  No podré hacer esto, pero encontraré otra cosa, el hueco por donde pasar, el modo de evadir las trabas absurdas y avanzar.  Llevo demasiado tiempo en el camino, una banda nefasta de estúpidos no me va a modificar mis convicciones.  Me generarán enojo (mucho), trabajo extra (demasiado) y frustraciones varias, pero a obstinación difícilmente me superen aunque vengan en legión.



















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