lunes, 3 de enero de 2022

 

     Mediodía del 1ro. de año, tratando de que toda la obra entre en un auto.  Renuncié a los sofisticados embalajes, imposibles con las puntas y recovecos de los arlequines y  mis damas venecianas.  Julian se sienta dónde puede y me da el OK de iniciar la travesía.

























































     Abordamos con absoluta tensión el buque, pero todo estuvo en regla y del lado argentino no hubo problemas.  Cruzamos el río.
































     De nuevo el suspenso y a contener la respiración, pero el señor de la aduana uruguaya abrió la puerta de atrás del auto y Julian le sonrió y estuvo todo bien.  Le gustó lo que vio (“Muy lindas las artesanías, felicitaciones”) y entramos a Montevideo y pudimos volver a respirar con normalidad después de muchas largas horas.














     Llegamos a Punta del Este ya entrada la noche, imposible ir a montar a esa hora.  Así que quedó para la mañana del domingo 2.  Ahí fuimos.












































     Y así quedó todo:




















































































































































































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