lunes, 14 de mayo de 2012


     Dice Borges al final de Ragnarök: “Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los dioses.” 

      No pude apartarme de esa imagen nunca. Cuando leí por primera vez Ragnarök (en mi adolescencia) el texto me maravilló aunque no conocía que significaba la palabra.   Años después supe que era una referencia nórdica al apocalipsis. El ocaso de los dioses. Después me reencontré con el término con referencia a montones de cosas distintas. Y lógicamente yo también le atribuí mi propia significancia: mi opinión definitiva sobre la religiosidad (la fe, la superstición o eso en lo que se cree cuando uno no cree en nada o cree en todo). 

      Ragnarök es mi pasar en limpio mis convicciones. Mi curiosidad morbosa por lo religioso (resultado de los cinco años de teología en la universidad, los mitos greco-romanos relatados en coloridas historietas que compraba de usado en la feria del barrio y la serie Xena- la princesa guerrera). Y mi obsesión de organizar y compendiar lo poco que conozco. Y analizarlo. Y pintarlo. Todo lo que sé pero en colores (y con chicas sin ropa).






     Ayer terminé mi Diablito panameño. Una máscara de festejo de la celebración del Corpus Christi en la comunidad de Todos los Santos.

      En enero de este año, en Panamá, tuve contacto con este tipo de máscaras y con el relato de la celebración (los “Diablitos Sucios” simbolizan el mal y el poder del diablo y en los festejos religiosos –católicos- de la Colonia se usaban para catequizar mediante la pantomima a los indios). Típico despliegue de sincretismo, estas máscaras son marcadamente tribales, animistas y hermosas. Y como contundente justicia poética mientras que los dogmas católicos se diluyen y se borronean estas máscaras resplandecen triunfantes y cautivan al observador. Hice mi propia versión, como homenaje admirado a la espiritualidad colorida de los paganos americanos o como resultado de que los Diablitos que observé en Panamá me chuparon el alma y Satanás me usa para predicar al sur del itsmo. Vaya uno a saber...




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