viernes, 15 de mayo de 2020











Postales de Finis Terraconclusiones en cuarentena

 

     Explicábamos en los primeros envíos que Postales de Finis Terra era un proyecto artístico autogestionado de enlace entre el arte emergente –carente de apoyo económico y/o patrocinio de entidades públicas o privadas- con los grandes centros y referentes culturales del mundo.

 

     Contábamos también que Finis Terra es el territorio donde moran los artistas independientes, invisibles y marginales al sistema.  Finis Terra no tiene un emplazamiento geográfico sino espiritual: los dominios soberanos de los que nunca salen en las fotos.  Por eso recurrimos a enviar una postal para dar señales de vida.  Una esquelita en una botella lanzada al mar.

 







    Pero la primera postal inició su recorrido a mediados de febrero, cuando ya la locura de la pandemia extendía sus tentáculos por Europa.  Jamás recibimos acuse de recibo, ignorando si llegaron a destino o, si habiendo arribado, pudieron ser vistas por persona alguna: viajaron cuando todos ya se encerraban en sus casas.

 

    Imposible saber el destino de la primera tanda de Postales de Finis Terra.  Damos por perdida esa primera oleada.  El maldito COVID19 se dedicó a hacer -otra vez- el mundo demasiado grande, las distancias insalvables, la comunicación dificultosa, el juego colectivo casi imposible.

 

     ¿Qué conclusión sacamos de todo esto?  Qué no hay conclusión posible, que hay que barajar y dar de nuevo.  Nos cambiaron el tablero en mitad de la partida, habrá que aprender las reglas que nos rigen ahora, repensar la estrategia y empezar de cero otra vez.  Ventajas de artista autodidacta de país subdesarrollado: estamos acostumbradas al proceso de prueba-error, a intentan, a fallar, y a intentarlo otra vez. 

















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