Vuelvo
a retirarme momentáneamente a mi segunda desaparición forzosa, aunque voluntaria. Suena contradictorio, pero es así: el destino me fuerza pero yo acepto las reglas que me imponen para ver una salida
a esta pesadilla.
Inicio
un trabajo para que quede pendiente, a la espera. Algo que planificar en mi cabeza los próximos
cinco días de inactividad, y al que regresar con entusiasmo cuando toque volver a casa.
Trazo un angelito en un papel membretado de un hotel que visité hace casi
veinticinco años, en Berna, y que
guardé por esa afición a conservar papelerío de todo tipo porque “en algo lo
voy a usar”. El papel ha resistido
el paso del tiempo maravillosamente.
En unos días regreso y continúo.












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