jueves, 1 de agosto de 2019










     Nada” sería el resumen perfecto.  Hemos apostado en los lugares equivocados, o se volvieron equivocados porque apostamos, incondicionalmente, en ellos.  Finis terra será entonces ese punto, no importa si en el tiempo o en el espacio, donde tomamos plena conciencia de la vida que venimos desperdiciando en lo que nunca valió la pena que le dedicáramos nuestra atención y nuestra lealtad. 

     Irse sigue siendo el fin de la cuestión y el principio del destino designado. Irse -no huir, porque no se huye, uno se retira tras una elegante reverencia de despedida-, siempre se ha tratado de juntar el coraje de irse.  De una buena vez.











     El camino a Finis Terra se inicia yéndose, claro.  Si nos quedamos en el mismo lugar definitivamente no estamos yendo hacia ningún lado.  Irse. 

     Me he pasado la vida amagando con irme.  Siempre a medio hacer las valijas, siempre teniendo un pendiente a concluir antes de largarme.  Siempre demorándome en naderías.  Exceso de sentimentalismo, probablemente. Pero entonces, imprevistamente, sin avisos ni fanfarrias, llega ese momento en que resulta tan lógico y fácil cerrar la valija y pedir un taxi…
















No hay comentarios:

Publicar un comentario