sábado, 11 de abril de 2020




Vigésimo tercer día de cuarentena.  Últimos progresos (sólo con lapiceras de tinta en gel, no tengo los nervios en condiciones para intentar otra cosa):











































































martes, 7 de abril de 2020




     Décimo noveno día de cuarentena.  ¿Cuánto más es más?  Siempre demasiado.































































































lunes, 6 de abril de 2020




     Décimo octavo día de cuarentena.  ¡Qué lejos quedaron las expectativas por el juego colectivo de las Postales de Finis Terra!  En la oscuridad de estos días recurrí al papel que comprara especialmente para redactar las notas del proyecto -el papel amarillo de caña de azúcar- para hacer la lista semanal del supermercado.  Varias hojas quedaron sobre la mesa y en la necesidad de espantar fantasmas me puse a dibujar sobre ese papel que no es el más idóneo para mi tendencia al experimento.  Era sólo el pasatiempo de trazar retratos al estilo de las primeras décadas del siglo pasado.  Después se fueron agregando todos los fetiches que me gustan.  Después fue seguir agregando.  La curiosidad pasó a ver cuánto despliegue farnelliano aguanta el papel de caña…
















































































domingo, 5 de abril de 2020





     Décimo séptimo día de cuarentena.  La certeza de que ya nada será lo que era lo abarca todo.  Cualquier esfuerzo por mantener la calma y creer que en cuanto esto pase se podrá volver a la normalidad es inútil. 

    En un juego en las redes sociales, donde entre artistas nos nominamos a subir imágenes, hace un par de días posteaba en Facebook un fragmento del El Portal:







     La propuesta convocaba a subir una imagen de especial significancia para uno como artista, sin dar mayor explicación.  Y casi fue obvio subir un recuerdo de Arte La Plata, en el 2015, feria de arte que tal vez haya sido la última en la que participé activamente, en persona, interactuando con absoluta libertad con montones de personas desconocidas durante tres días.  Hoy siento que esos eventos ya no podrán hacerse, y si sí se hacen, no nos sentiremos seguros y tranquilos ante la proximidad y el contacto con extraños.  El miedo que provoca la conciencia de vulnerabilidad ya se nos coló en los huesos.  Nada será lo que era.





























































viernes, 3 de abril de 2020




     Décimo quinto día de cuarentena.  Es difícil definir el sentimiento.  En parte porque estos días de aislamiento son una montaña rusa emocional, en parte porque intelectualmente no puedo arribar a ninguna conclusión.  Tal vez sea mera casualidad y es mi exacerbada imaginación cuarentenada  la que encuentra parecidos.

     Por supuesto que nadie inventa nada, y que especialmente en el arte todos tomamos algo de quienes vienen en el camino antes que nosotros.  En mi serie Plagiaria abiertamente (y sin pudor) juego versionando mis obras favoritas de Rubens,  Fortuny o Velazquez…





























     La cuestión puntual es así.  Veo la imagen de una obra de una artista también de Buenos Aires y mi primera reacción es decir “pero esta obra es mía!”...










     La miro y reconozco que no, que no es mía pero me recuerda directamente a una que sí lo es: Imagen quemada I, una obrita vieja que viajó a una muestra itinerante a Italia, la ArsLatina, y de la que después perdí todo contacto.  Me queda un catálogo digital y creo algún catálogo en papel.  Tambien se reprodujo en unos almanaques del año 2005:




























     Claro que mi obra está quemada y el mapa dibujado a mano alzada, pero creo que las similitudes son marcadas.  Mi trabajo debe ser del 2003 o 2004, ignoro la fecha del  de la colega.  ¿Mera coincidencia?  ¿Inspiración en un versionamiento libre?  No sé.  Una parte de mí tiene curiosidad y por un fugaz instante preguntaría…  Otra parte de mí se siente halagada profundamente si mi obrita perdida generó el juego creativo en otra persona y prefiere ignorar la verdad.