La totalidad de las imágenes que se reproducen en este blog corresponden a obras de mi autoría.
jueves, 18 de julio de 2024
miércoles, 10 de julio de 2024
El bibliófilo.
Mixtura sobre papeles intervenidos con fuego & post-it,
35X50 cms.
“Como
para Montaigne, para Borges la lectura debe resultar fácilmente feliz; como
para Emerson, debe ser la voz que espera salir de su mudez, a la cual ningún comentario
o crítica puede sustituir jamás. En cualquier caso, siempre está por encima de
nuestra creación, “mezcla de olvido y recuerdo de lo que hemos leído”.
Convertirse en adicto a su obra es permitirle que ejerza de mentor, es aprender
sobre los autores que él leyó y amó, entrar en un universo literario ambiguo de
la mano de sus más directos predecesores. Por eso, aunque se ha hablado de él
como escritor para escritores, quizá sería más correcto decir que se trata de
un escritor que pretende formar lectores.”
Silvia Rins, El penúltimo
infierno de Borges
lunes, 8 de julio de 2024
sábado, 6 de julio de 2024
Últimos
detalles de composición de El bibliófilo. Al inadecuado angelito de Swedenborg
decidí incorporarle el resplandor del foil plata, para que brille conforme a su
inteligencia (aunque carezca de vestimentas).
El riesgo de que la cola que uso para adherir en vez de sostener el foil
ablande el papel blanco base y arranque el diseño del angelito era bastante
elevado, pero ya decidida a hacerlo no hay otra alternativa que dejar que sea el destino quien
disponga si va a ser un resplandor inteligente o uno de absoluta torpeza. Posicionar el pedacito de plata, frotar con
una moneda y a ver que quedó…
En la foto
no luce el efecto iridiscente del foil, pero en persona, afortunadamente, quedó
bastante bien.
Y ahí debía
detenerme, pero la sensación de que algo faltaba se volvió insoportable. El exceso de texto en la zona inferior
central pedía un detalle, un toque, algo, que equilibrara y compensara toda
la composición. Y que fuera amarillo (el
amarillo de Wilde sigue siendo el que impone las reglas, realmente una
personalidad muy mandona). En libre asociación
de ideas (o de obsesiones) recordé mis pequeños post-it fluo que
ya usé en otra obra. La medida es
perfecta. El amarillo no es tan amarillo
pero funciona en trilogía engamada con el amarillo de la pechera del Conejo
de Alicia. ¿Qué implicaría
el post-it? Una advertencia de lo que
puede pasarnos cuando le damos demasiada libertad a la imaginación: volvernos
cucarachas. Kafka será el cierre
adecuado a la exuberante composición. Y
en tan pequeño pedacito de papel amarillo fuimos por el final de La
Metamorfosis.
Pero aunque
el lugar era el correcto, tampoco se trata de encubrir el sitio exacto de La
isla del Tesoro. Skeleton
Island aún puede verse, ya que la idea de un post-it es que quede
sujeto pero flotante. Si se levanta la
cucaracha podemos ver la X que señala el tesoro.
Ahora si me
voy a dejar de recargar el diseño y
trabajar la obra en unidad. Me pondré a hacer lo que se suponen que hacen los
retratistas: a pulir la expresión, a trabajar en los rasgos para que El Bibliófilo
surja contundente en un primer plano, para arriba y para adelante. Ahora a las cosas como nos aconsejaba
Ortega y Gasset.





















































