sábado, 31 de agosto de 2013




     ¿Por qué una persona –digamos como mínimo- prudente lleva un diario? ¿Es esa pulsión de registrar por escrito la verdad que tan laboriosamente se oculta una inevitable vocación suicida? No hay razón razonable para ir sembrando pruebas –contundentes por su autoría- que habrán de labrarnos una certera condena. ¿Entonces: por qué?






      Primera explicación, condicionada: por culpa. La voz de la conciencia. El Super Yo que nos vigila. Falso. Falso. Falso. Me pongo de conejito de Indias para la experiencia de laboratorio. Ejemplo clásico. Carezco de sentimiento de culpa. No es materia de discusión: como lo culpógeno no me pega jamás pude adherir a las religiones ni a las extorsiones emocionales de parientes y allegados. Y como una cosa es la contracara de la otra, al no sentir culpa queda demostrado que uno no tiene conciencia. La “vocecita” interior. O.K.: yo escucho voces como toda esquizofrénica no medicada que se precie, pero no es una ni es chiquitita. Son varias y todas unas señoras voces. Definidas y con personalidad. No he llegado al extremo de ponerles nombre –todavía- pero las distingo con facilidad: la voz de la madre de familia, la voz de anteojos y la voz rubia que es mi debilidad. Pero ninguna de ellas tiene que ver con la conciencia, ni Jimmie Cricket ni Pepe Grillo. ¿Y el Super Yo? No funciona cuando uno es tanta gente que resulta imposible diferenciar en la multitud quién es, al final, el que manda.


    Definitivamente, no se trata de sublimar la culpa por lo que uno lleva un diario en el que inexplicablemente ES SINCERO.






     Segunda explicación, sospechosa: Por perverso sentido del humor. Ahí ya me entran más dudas. En mí hay demasiadas cosas perversas, de las que obviamente no voy a escribir acá (aunque sí lo haga en mi otro diario, ob-via-men-te, sino ¿de qué estaríamos hablando?). Y mi extraño sentido del humor es la peor de todas. El filar el abismo siempre me divierte y el vértigo y hasta el pánico me resultan tan graciosos como el absurdo. ¿Es divertido correr el riesgo de que todo se desbarate en un instante en que la verdad salga a la luz, una verdad que por escrito nos cuidamos de preservar mientras construimos un imperio de mentiras a nuestro alrededor? 

      Tal vez lo que resulta divertido es el exceso de adrenalina y no se trate de un chiste sino de una adicción…






     Tercera explicación, vergonzosa: Por arrogancia intelectual. Nos comportamos tan civilizadas, tan “adaptadas”, luciendo tan correctas y previsibles a simple vista que al reseñar la verdad verdadera disfrutamos el poner en evidencia la estupidez de los que compran la versión conveniente y doméstica de nosotros, quienes, a pesar de los años, seguimos siendo los mismo marginados de siempre. Desde nuestra trinchera literaria dejamos sentadas las pruebas de que tras la falsa realidad de papel maché nuestra diferencia ha sido sustentada con obstinada convicción. Que pese a todo NO PUDIERON VENCERNOS.






     Cuarta explicación, simple y certera: Porque un diario personal es un testamento que proclama lo que fuimos y lo que quisimos ser. No la versión de los demás sino la propia, la única que cuenta. Porque no queremos malos entendidos. Somos lo que somos porque queremos serlo. Punto.





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