martes, 12 de abril de 2016


Harto ya de estar harto, ya me cansé
de preguntar al mundo porqué y porqué…

Joan Manuel Serrat, Vagabundear






     ¿Y si enojarnos es seguirles el juego?  Si permitimos que su conducta (indigna, reprochable, abiertamente desvergonzada e impune) nos desquicie y la furia nos paralice (o nos colapse), ¿no estaremos comportándonos pre-ci-sa-men-te como esperan que hagamos?  Parece que no puede empeorar y ahí va, y empeora.  Harta ya de estar harta…   Cuando al mismo estímulo reaccionamos de igual manera siempre obtenemos el mismo resultado.  Por eso me pregunto, ¿tiene sentido enojarse?  Tal vez la ira –para ser eficaz- requiere ser creativa.  Devolver la jugada por donde no se lo esperan.  Me niego a ser el perro pavloviano.  Perdón por el desacato, soy artista; me aburro con facilidad y tiendo irreversiblemente a la dispersión.





     Harta ya de estar harta me acuerdo del maestro Eco y de El nombre de la rosa y del mayor de los peligros que amenaza a la santa iglesia: la risa.  El humor, la sátira, el apegarnos a la cruda realidad y contarla tal cual es.  La honestidad del artista.  El que no nos vendan su versión y proclamar, irreverentes, lo que vemos desde fuera de su burbuja.  ¿Cómo ciudadana común soy víctima del descaro, el abuso y la eterna corrupción de los políticos que gracias a sus entretejes nunca se salen del poder?  De acuerdo, no tengo entidad para modificar el sistema. No existo.   Pero como artista puedo registrar el patético espectáculo al que me someten diariamente.  Por mi salud mental no puedo seguir enojándome;  es hora de empezar a reírse de esta manga de reverendos mal paridos.  Podrán robarse mis impuestos, maltratarme con sus abusos seudo-legales, obligarme a vivir encerrada por temor a la delincuencia que amparan para guardarse las espaldas.  Pero no pueden impedirme que los mire, los vea, y los retrate.  Los artistas nunca han dejado de ser los cronistas visuales de su tiempo.   Una especie de memoria.







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