miércoles, 28 de noviembre de 2018



  Si no saco mal la cuenta, hace poco más de 17 años el viejo editor de una revista cultural (que, es innecesario decirlo, jamás rindió ganancia) me aconsejó seguir, tranquila, por la mía.  Que no me esforzara mucho en tratar de mirar a los costados a ver que pasaba por ahí, o en escuchar el murmullo del derredor con todo lo que todos tenían que decirme.  Que, probablemente, lo que se me dijera fuera con buena intención (como la que él esgrimía en su consejo).  Pero que lo que nos define individualmente es nuestra convicción, mantenernos firmes en lo que creemos.  Aunque estemos equivocado. 

   Seguir por donde vamos, haciendo lo que queremos.  Lo que en mi caso es dejarme ganar por el jolgorio navideño.  Me hacen llegar por mail una lluvia de dead-line para eventos del primer trimestre del año próximo, y no tengo ganas ni de abrir esos mensajes.  Sé que es el momento lógico de seleccionar y organizar la actividad del ´19, pero, ¡lo lamento!, yo tengo que festejar primero el solsticio de verano.

     Y vuelvo a las tonterías que más me gustan: jugar con papel y rollos de cartón.       Regreso a mi sector de trabajo a mi lindo Nutcracker, que ya es hora de terminarlo:








     Experimento un poco con esto de hacer bolas navideñas sólo con papel…









     Y me aboco a mi Elfo, el que quedó demorado a poco de iniciarlo ocupada en otras  urgencias.  Pero ahora soy toda de él:





















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