domingo, 15 de julio de 2018








     -Finis Terrae es un estado mental- me explica, y mientras asiento con la cabeza sin comprometerme demasiado me digo que a algunas personas hay que vedarles el alcohol por piedad al prójimo. –Una vez que llegás, llegás- sigue –y ya no pensás más en eso…

     Fin de la cuestión.  Pero dejar de pensar nunca fue una opción, salvo que caigas en un coma alcohólico y no hemos estado trabajando últimamente en eso.  Y de cualquier manera, cada uno construye su tierra prometida conforme a las propias fantasías y limitaciones.  Estrictamente personal.  La isla de Lost  confeccionada a medida y en exclusividad.
















sábado, 14 de julio de 2018


































     Finis Terrae no es el fin del mundo, es el final de la búsqueda, el lugar prometido, ese dónde nos queremos quedar.  El santuario.  Avalon.  Neverland.  El auténtico hogar.

     Para llegar a Finis Terrae es imprescindible irse (no huir, irse tranquila, apaciblemente),  empacar las prioridades y abandonar todo lo que no nos interesa conservar, todo lo impuesto, todo el deber ser.  Irse con lo poco que nos corresponde (y nos importa) dejándole a quien corresponda todo lo demás que, a que negarlo, nunca fue nuestro.

     Conversación maravillosa, reconozco, en el plano intelectual.   Pero los artistas tenemos demasiado plano concreto.  O sea: mucho bártulo.  Irse es esa opción tan poética, visualmente definitiva, tan de hacer un mutis por el foro caminando elegantemente con una maletita liviana en la mano.  Pero los artistas no abandonamos la obra (al menos no toda la obra; vamos perdiendo mucha por descuidos y desorden, pero la que todavía controlamos no la podemos dejar voluntariamente).  Ni abandonamos nuestros toscos instrumentos de trabajo (pinceles raídos, ese viejo maletín que ya no cierra, infinitos pedacitos de lápices de colores, los destartalados caballetes sostenidos con alambre…).  Y nuestros archivos, y nuestros libros, y toda la basura que acumulamos con la mentira de eventual inspiración. ¿Cómo irse con tanto trasto inútil pero imprescindible para nuestra identidad?

     Sí, irse (no huir); irse elegantemente, con dos o tres camiones de mudanza.  Debemos llegar a Finis Terrae, a donde peregrinaremos con convicción de meca y con el temor fundado de no hallar allí suficiente lugar para acomodarnos con nuestro excesivo y ridículo bagaje…

































domingo, 8 de julio de 2018



Conejito con avances de tarde de domingo















































     Y tengo que reconocer que es cierto: esos dichosos puntitos rojos, los mentados red dots, realmente emocionan.  Aun cuando la venta sea a beneficio de otro, saber que tu obra fue elegida por alguien, desconocido y distante, para llevársela a casa le hace saltar un latido al corazón. Más si pensás que la eligieron entre la multitud de más de 6000 obritas de igual tamaño, todas puestas juntas, una al lado de la otra.  Más, cuando la autoría es anónima: la eligieron por ella no por ser el producto de un raro ser del fin del mundo.  Y sí, más todavía, cuando oficialmente es la primera obra que vendo en New York, con esa fama que tiene la ciudad de ser una especie de meca para las artes…









     En fin, me desdigo y reconozco: los puntitos rojos sí te ponen la piel de gallina.  No es economía, mi amigo (te lo dije, yo no recibo ni una moneda, es una obra donada), es aceptación.  Es la fantasía de que alguien en la otra punta de las Américas encontró grato uno de mis juegos con papelitos de colores y miradas enredadas en letras.  Es, por un ratito al menos, darle sentido a todo.









     Y arrancar el domingo con cálidas felicitación que sabemos sinceras es un plus definitivo al asunto de los red dots…  No vuelvo a ponerlos en duda nunca más.



Amor, te digo amor y suena diferente
Amor que pronunciado en eso se convierte
Y voy más lejos
Amor que todo entiende y da a todo un sentido
Amor y punto
Amor ¿por qué creía que te había perdido?
(…)
Amor, querido amor, así se dan las cosas
y que no te mientan
Ni todo son espinas, ni todo son rosas
No te imaginas
Amor de mis amores y con esto acabo
Así de claro
Amor, ¿dónde estuviste amor, dónde has estado?
(…)

Miguel Bosé, Te digo amor