domingo, 8 de julio de 2018
















     Y tengo que reconocer que es cierto: esos dichosos puntitos rojos, los mentados red dots, realmente emocionan.  Aun cuando la venta sea a beneficio de otro, saber que tu obra fue elegida por alguien, desconocido y distante, para llevársela a casa le hace saltar un latido al corazón. Más si pensás que la eligieron entre la multitud de más de 6000 obritas de igual tamaño, todas puestas juntas, una al lado de la otra.  Más, cuando la autoría es anónima: la eligieron por ella no por ser el producto de un raro ser del fin del mundo.  Y sí, más todavía, cuando oficialmente es la primera obra que vendo en New York, con esa fama que tiene la ciudad de ser una especie de meca para las artes…









     En fin, me desdigo y reconozco: los puntitos rojos sí te ponen la piel de gallina.  No es economía, mi amigo (te lo dije, yo no recibo ni una moneda, es una obra donada), es aceptación.  Es la fantasía de que alguien en la otra punta de las Américas encontró grato uno de mis juegos con papelitos de colores y miradas enredadas en letras.  Es, por un ratito al menos, darle sentido a todo.









     Y arrancar el domingo con cálidas felicitación que sabemos sinceras es un plus definitivo al asunto de los red dots  No vuelvo a ponerlos en duda nunca más.



Amor, te digo amor y suena diferente
Amor que pronunciado en eso se convierte
Y voy más lejos
Amor que todo entiende y da a todo un sentido
Amor y punto
Amor ¿por qué creía que te había perdido?
(…)
Amor, querido amor, así se dan las cosas
y que no te mientan
Ni todo son espinas, ni todo son rosas
No te imaginas
Amor de mis amores y con esto acabo
Así de claro
Amor, ¿dónde estuviste amor, dónde has estado?
(…)

Miguel Bosé, Te digo amor
















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