sábado, 10 de junio de 2017


























     Hagamos investigación de campo.  Premisa de inicio: ¿qué quieren los artistas?  Tomemos el espécimen más a mano (esta servidora) y analicemos.  ¿Qué quiere un artista periférico, desconocido para el mercado, intrascendente para su entorno?  Mostrar su obra, difundirla, acercarla a otro –desconocido, indefinido y probablemente indiferente a la existencia del artista-.  ¿Para qué?  Para entablar una conversación obra-espectador.  Qué otra cosa es el arte que un lenguaje, diferente a la palabra, pero que busca esencialmente comunicar.  El artista está, simplemente, hablando a la nada cuando crea; al llegar la obra a despertar la atención  de otro –ajeno, distante, indefinido- ese parloteo se torna diálogo y todo cobra sentido.

     Sobre esa premisa, el artista tiene como prioridad el mostrar.  Entonces, ¿qué importa cómo se muestre?  Me dicen que subir mi trabajo a internet es regalarlo, perder el control sobre él, permitir que otros “lucren” (¡ja!) con él en vez de hacerlo yo (o el que me dice eso, nada es gratis en esta vida).  Pero si alguien toma la imagen de una de mis obras para usarla de protector de pantalla o para ilustrar un post o un trabajo escolar, ¿no se está cumpliendo esa meta de comunicación con el otro?, ¿no hay una amable charla ahí? 









  


     La web es la herramienta más perfecta para que el artista, sin necesidad de nadie más (léase: galeristas, marchands, comisarios, curadores, críticos, coleccionistas, connoisseurs, dealers, y los neologismos que se apliquen según las modas) pueda difundir su obra allende las paredes de su taller.  ¿Para qué?  Para completar la grata conversación que se inició cuando tomó lápiz y pincel y se enfrentó al papel o al lienzo en blanco.  ¿Para decir qué?  En mi caso: te invito a jugar a jugar, al placer de la forma, al disfrute del color.  Si después la obra le cuenta algo más, ya es asunto de ella.  Lo mío es, como dice Humet, sólo una cuestión de hacer amigos.


Si te vi y al tiempo te negaba y acudía
Si te amé y hube de malvender cuanto tenía
Si me fui en busca de una luna menos fría
No esperes más de mí
y acepta la verdad
que fue necesidad de compañía

Si traté de darle a mi camino algún sentido
Si grité al lado de otro grito enardecido
Si lloré por conocer al gran desconocido
No pienses mal de mí
no hay trampa ni cartón
es solo una cuestión de hacer amigos

Si he pasado la noche en blanco
escribiendo pa'los demás
persiguiendo una idea al vuelo,
una emoción,
un color sobre mi paleta,
un gesto tras el telón,
es mi forma de decirte
hola, como estás

Si robé y tengo que esconderme noche y día
Si mentí con premeditación y alevosía
Si maté y al tiempo que sangrabas me crecía
apiádate de mí,
no es toda la verdad
fue pura soledad lo que tenía.

Si maté y al tiempo que sangrabas me crecía
apiádate de mí,
no es toda la verdad
fue pura soledad lo que tenía.


Joan Baptista Humet, Hacer Amigos





















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