sábado, 17 de junio de 2017


     Génesis cirquera.


     La obra (las obras, porque son dos que sin ser un díptico son definitivamente un combo indisoluble) surgió de la insistencia ajena. 

     Hace un par de meses me llegó la convocatoria a un lujoso evento esteño que sucederá el próximo enero.  El costo de participación es elevado y máxime si se tiene en cuenta los obligados gastos extras (traslado al Uruguay, hospedaje en Punta del Este en plena temporada), pero se conjugan demasiados factores por los que profeso pública debilidad: el lugar, la época del año, la parafernalia publicitaria del evento, digna de observación para una antropóloga aficionada como yo...    Juega en contra de la decisión de participar (además de los números) el engorro de los trámites para autorizar la salida del país de las obras  y las dificultades físicas de su traslado.  Y siendo que probablemente en enero del 18 esté en otro lado, en mi cabeza se ha ido formado la certeza de que pese a sus atractivos no voy a participar de la Luxury Expo Punta del Este.









     Sin embargo, un amigo que suele auto-titularse mi “asesor estratégico” viene insistiendo en que no puedo perder la oportunidad de integrarme a ese evento, aun en el caso de que yo no vaya personalmente.  Que la presencia en  actividades  dirigidas a ese sector del mercado (de lujo) asegura el posicionamiento de la marca en un nicho selecto de consumidores específicos.  Y bla,bla,bla...  Obviamente no me hace caso cuando le digo que no hay ninguna “marca” y que el “luxury” no implica necesariamente nivel adquisitivo ni cultural sino apenas las tendencias aspiracionales rioplatenses.  Pero cuando arranca con el speech de publicitario profesional ni él escucha objeciones ni yo le presto atención.

     Pero es insistente, y me ha estado taladrando la paciencia con que prepare un par de obras, estilo “cachivache”, de esas que son “tan vos”.  Se refiere a algo con máscaras, pero recalcándome al mismo tiempo que sean “planas”, para facilitar su traslado.  Yo no trabajo por encargo, menos por mandato de entrometidos. Pero trato de vez en cuando de dejar puertas entreabiertas y es un hecho que cualquier excusa para cruzar el charco siempre es bienvenida y, bueno, ¿por qué no tener algo preparado si  hay un cambio de planes y finalmente me voy  este verano (de nuevo) para Uruguay?

     Siguiendo la temática de la serie Burlesque, trabajando con retratos pero que de alguna manera rememoran mi masquererío.  Y que libremente tiendan a ese cachivacherío tan mío.






      Y acá estoy, con mis dos chicas cirqueras haciendo muecas, jugando con papeles de base y abusando de texturas y dorados.  Es tan divertido hacerlas que poco importa si viajan o no, si participan del evento o si se postergan a exhibirse alguna vez en el conjunto de Burlesque.  Iba a terminarlas este fin de semana, pero me reservo un tiempo más para dedicarme a intensificar los rostros. Cuando el hacer es tan placentero sólo queda demorarnos en este grato ahora.  





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