lunes, 21 de diciembre de 2015




     Si se tratara de lo que uno quiere, me quedaría tranquilamente en mi taller terminando mi cacharro navideño y esbozando los textos de mis Postales Victorianas.  Pero nunca es lo que se quiere, sino primero lo que se debe, después lo que se puede y en tercer lugar lo que se le ocurra al caprichoso destino que nos corresponde.  Lo que queremos va allá lejos, al final último de la lista de pendientes. 

     Pero será la edad o el calor, mi cabeza confabula con mi desánimo y lo que debo hacer tampoco se hace, ganada por el desgano y esta sensación de tic-tac de bomba activada.  ¿Cuánto más se puede aguantar sostenida sólo por la buena voluntad?  El arte es inútil, lo aceptamos, pero es lo único que nos importa.  Y esta mañana todo lo demás, lo útil y necesario, me tiene por completo sin cuidado.  Arrancamos mal la semana.













sábado, 19 de diciembre de 2015


     Sobre la capacidad de visualización proyectiva del artista (o sobre la más absoluta y completa casualidad)

    El asunto es así.  Fines del año 2003, en los inicios mi serie Cartográfica (dibujando sobre papeles artesanales que intervenía con fuego), preparo una obra para enviar enrollada a un concurso internacional, el I Certamen Internacional de Arte de Guadalajara 2004, Casa de los Colomos Centro Municipal de Arte y Cultura de Guadalajara, México. 

     Quizá porque estaba dentro de mi temática más visceral (la figura femenina en general y el desnudo en particular), por el bagaje histórico-cultural del lugar al que la enviaba (México) o vaya a uno a saber por qué libre asociación de ideas, surgió la primera versión de Resabio de Conquista: cartografía antigua de América, ruinas medievales y una mujer surgiendo poderosa de entre todo eso, con la barbilla alzada en desafío evidente al destino.  Tras la circunstancial conquista el poder real.  O algo así.




    La obra viajó, ganó una mención, se quedó en donación allá. Pero como la idea me gustaba (mucho), reelaboré la obra para mí autorizándome todas las licencias del caso.  Recuperé el modelo original que usé de la figura femenina y años después rehice el trabajo (con más técnica, con color, luciendo el conjunto –a mi criterio- mucho más maduro).




     Ahora bien, la cuestión viene sobre mi modelo común de las dos versiones: la tapa de la revista Viva del Diario Clarín  del  22 de septiembre de 2002.




     La modelo de ese número especial de moda era Carolina Ardohain, una jovencísima Pampita, que en la postura y con su perfecta línea de mandíbula era esa América llena de futuro que surge de entre los restos de la conquista.  Esa vieja foto me hablaba a mí (allá en el 2003 iniciario) de poder reconstructivo, de capacidad –netamente femenina- de sobreponerse a los escollos del destino. 

     Hoy miro esa foto y me parece solo una muchachita linda y menuda en una pose que destaca el cuello y los pechos, pero entonces evidentemente leí la fuerza que me interesaba destacar.  Al correr de los años, esta modelo se hizo popular y masivamente conocida por su belleza, su carácter y por su trágica vida personal, que aun hoy sigue repercutiendo en los medios.  Y lo que se cuenta (con su margen de dudosa credibilidad) es que es una mujer difícil, de armas tomar, alguien que da batalla.  

     ¿Esa capacidad de lucha es lo que vi en la foto del 2002 y me inspiró Resabio de Conquista?  Me digo que no, que como puede verse eso en una foto convencional de moda.  Me atrajo la pose, la clara línea del cuello y el anclaje del cráneo, seguramente la estética anatómica que coincidía con mi concepto intelectual.  Pero es mucha, mucha casualidad que esta chica, Pampita, en la vida real resulte alguien que emerge arrogante de dramas tan desgarradores como la muerte de una hijita o la traición reiterada, humillante y pública de su cónyuge. 




    Yo sigo mirando la tapa de Viva y trato de adivinar en qué se notaba, hace trece años, ese sólido carácter y feroz temperamento.  Qué vi, si es que había algo que la delataba.  Y racionalmente sólo puedo concluir que se ha tratado de una absoluta casualidad. 





 Post data: Si, ya sé que había contado la historia de Resabio de Conquista en la entrada del 26 de julio de 2014 “En defensa del (auto) plagio”.  Pero estos días ha estado la pobre Pampita hasta el hartazgo en los medios, rebotando en boca de todos, y no pude evitar revolver en mi archivo en búsqueda de la foto original y preguntarme si ya en 2002 estaba trazado en su rostro este destino  terrible de hoy.  ¿Qué vi?




jueves, 17 de diciembre de 2015



     “En el Pequeño Larousse Ilustrado aparece la palabra snob como sinónimo de vanidoso.  Este diccionario está en todas las manos alfabetas.  El duque de Bedford es su libro sobre los snobs (The Duke of Bedford of Book of Snobs) asegura que la palabra es una abreviación de sine nobilitas (sin nobleza), s-nob, usada en la Edad Media  en las Universidades para designar a los estudiantes cuyas familias carecían de títulos nobiliarios.

     Sea o no exacta, esta etimología no parece demasiado descaminada. (…) Se trata de otro asunto. Se trata de una actitud o de una maniobra adoptada por mucha gente frente a tal o cual cosa, por ocurrírseles que de ese modo conseguirán llamar la atención en arte, o brillar en sociedad, o lo que fuere.” 
 

Victoria Ocampo, El Snobismo – Testimonios, Octava Serie 1968/1970, Editorial Sur SA Buenos Aires 1971, páginas 267/268.
 
 

      Por deformación profesional (por artista emergente y periférica lo que es decir inexistente)  no puedo evitar prejuzgar a la crítica (y a los críticos) como una de las manifestaciones más snob que perduran en estos tiempos.  Más por la forma que por el contenido, aunque habitualmente la estructura de su discurso tampoco se queda atrás.  Leí hoy temprano un artículo precisamente sobre la crítica cultural en los tiempos de internet, y aunque en una grandísima parte comparto muchos de los conceptos, una cita en particular me recordó que ser snob es precisamente todo lo contrario a la (presunta) aristocracia.  

     “Concibo la práctica de la escritura o de la crítica de arte… como un ejercicio de creatividad necesario para el entendimiento entre la institución Arte … y el público… Realmente el arte no se explica por sí mismo, sino que precisa de discursos que lo complemente y enriquezca.”   
 
     Discrepo (y a los gritos).  El arte, si es Arte, no necesita nada ni a nadie más. Punto. El crítico no es imprescindible para el artista, mientras que sin artistas los críticos pierden su razón de existir.  Podrán acercar, sugerir, interpretar, tal vez;  pero ni completan ni enriquecen (como tampoco quitan mérito y esencia a la obra que critican).  El crítico no está un escalón más arriba aunque se empeñen en mirarnos hacia abajo a fuerza de respingar la nariz, que me perdonen y tengan piedad  de mí cuando me destrocen. 
 


 

    Transcribo partes del artículo en cuestión y el link de acceso, ya que pese a mi disgusto le reconozco valor.  Soy así de contradictoria.

  

La crítica de arte en la blogosfera: blogs, redes sociales y plataformas de difusión
16 de diciembre 2015,  Emma Trinidad

Durante las últimas semanas he estado preparando el encuento organizado por The art Market Agency en Barcelona sobre Arte Online,  donde junto a Angélica Millán, La Musa del Arte,  tuvimos la oportunidad de hablar sobre el papel de los bloggers en la difusión del arte. Me he tomado esta invitación no sin cierta incomodidad, pues hasta ahora no me había planteado la posibilidad de presentarme como blogger de arte. Me gusta decir que en mi caso el blog apareció sin querer ante la necesidad de encontrar un espacio propio desde donde poder publicar, narrar y crear mi identidad. Así, entiendo el espacio del blog como la habitación propia contemporánea de la que hablaba Virginia Woolf. 

Concibo la práctica de la escritura o de la crítica de arte –aunque esto pueda parecer pretencioso- como un ejercicio de creatividad necesario para el entendimiento entre la institución Arte –sean museos, centros de arte, galerías, mercado o artistas- y el público –independientemente del papel, activo o pasivo, que este desempeñe dentro del sector. Realmente el arte no se explica por sí mismo, sino que precisa de discursos que lo complemente y enriquezca.  (…)

…estos días, preparando la charla en Barcelona y este post, me ha venido acompañando el ensayo de Peio Aguirre La línea de producción de la crítica, (Consonni, 2014). Sobre esta coincidencia de la práctica artística y el discurso teórico Peio escribe: «¿Dónde están, dónde se encuentran los Karl Krauss y las Susan Sontag de hoy? ¿Dónde esos “escritores sin libro” que son los críticos? La respuesta inmediata que asoma casi sin levantar la voz: en la blogosfera. Internet contribuye sin duda al desarrollo de la crítica, nivela los planos, deshace las viejas jerarquías y cancela el permiso cultural, esto es, la presunción de que a la hora de decir algo se tiene que pedir la vez».   En más de una ocasión algunas conocidas blogueras me han comentado la enorme oportunidad de desarrollo profesional que ha supuesto el blog de arte a la hora de obtener la posibilidad de introducirse en un mundillo, el del arte contemporáneo, tan retroalimentario. Así y todo el blog y el microblog de arte se han convertido en espacios para el diseño de subjetividades y currículos con grandes dosis de autorrepresentación, narcisismo y publicidad. (…)

…Peio Aguirre añade: «Cuando un blog se muestra más deseable es cuando se convierte en un espacio estratégico que sin necesidad de comercializarlo es a la vez amateur siendo rigurosamente profesional, manteniéndose distante tanto de la academia como del club regido por la prensa y las revistas estándar». El blog de arte concebido no como un espacio comercial sino como un valor añadido al perfil profesional que se encuentra detrás. En palabras de Peio, una vez más, «un crítico de la cultura hoy en día tiene que ganarse su libertad de la única manera posible: escribiendo gratis. O lo que es lo mismo, escribiendo para sí y llegando de ese modo a un público de forma más directa y menos corrompida». Afirmación que, aun pudiendo estar de acuerdo con ella, está repleta de contradicciones y deja abiertos otros debates.
 




 


 

miércoles, 16 de diciembre de 2015


      Siguiendo mi costumbre de fascinarme con la basura, hace meses sucumbí a una vieja mesita de madera, estilo años sesenta (según yo) que estaba tirada en la calle a un par de cuadras de mi casa , esperando el camión recolector de residuos. 

     Tras un brote neurótico de desesperación por apropiarme inmediatamente de ella (lo que llevó a que movilizara a otra gente en mi auxilio, ya que por su tamaño y peso no me la podía traer en brazos –aparte de la vergüenza que me daba que los vecinos me vieran-), cuando la tuve en mi taller comprobé que le faltaba una pata y que la tapa estaba completamente saltada por la humedad.  Saqué pedazos de madera irremediablemente arruinada, y con sogas y papel traté de recomponerla.  Le dibuje un rostro de Mucha y con distintas pinturas y lacas la fui reciclando.  Pero nunca la terminé porque el daño originario seguí notándose en el desnivel de la superficie.  Iba a usar vidrio líquido, pero no logré completar los bordes como para retenerlo y generar la autonivelación. Y ahí quedó, medio olvidada mientras me entretenía con otras cosas.  Hace poco alguien la vio y me la pidió.  Y me comprometí a terminarla de una vez y regalársela. 


       Mejoré algunos puntos, acentué colores, craquelé con distintas pátinas doradas,  pero el desnivel de la tapa me sigue molestando.  Estoy especulando con pinturas dimensionales para falsear la superficie y disimular un poco más, y tal vez incorporar un largo florero de vidrio para irme en un ángulo hacia arriba (con narcisos tal vez, o una vara de gladiolos blancos si fuera temporada) y distraer la atención.  Pero a mi disgusto de regalar algo que no me termina de satisfacer, se le suma esta sensación de que no está bien que regale algo que saqué de la basura, y menos para Navidad.  Tengo que recordarme no regalar cosas que están a medio hacer, ya que mi control de calidad personal se vuelve insufrible cuando el resultado de mi trabajo no me complace en un, por lo menos, 70%.  Mi mesita chueca me está resultando hoy un auténtico dolor de cabeza.
















     Hablando con honestidad, no sé muy bien para qué sirve.  Me pasaron la dirección del sitio junto con una larga explicación de su utilidad práctica, con tantas palabras 2.0 dichas con esa nasal pronunciación norteamericana (lo que antes decíamos yanqui) que desconecté mi atención al segundo párrafo por desconocer el idioma.  Al parecer unifica la información dispersa en la web, y mientras permite que quien busque una referencia de uno acceda fácil a toda junta a la vez hace que nos llegue la data de nuestro interés directamente a nuestras redes sin que la busquemos.  O algo así. 

 
     Como era más fácil unirme al sitio que entenderlo, obviamente abrí una cuenta y volví a dedicarme a mis cosas.