domingo, 24 de marzo de 2013



  MUSEO.- En búsqueda de la realidad/ En un mundo que gira y gira/ Hay más de una verdad/ Y todas son mentira./ Son mentiras…/ Las islas del Tesoro/ Son mentiras…/ Los becerros de oro/ Son mentiras…/ La virtud y el decoro/ Son mentiras…/ Los tribunos del foro/ Son mentiras…/ Las quimeras que añoro/ Son mentiras…/ Las pancitas del coro/ Son mentiras…” 

Serrat-Sabina “Ocupen su localidad - Hoy puede ser un gran día” del Álbum Serrat & Sabina en el Luna Park






  19 de Septiembre de 1894, 11 de la noche.- Vaya condenada molestia ha resultado ser toda esta charlatanería de Holmes. Que semejante nulidad de hombre, una máquina calculadora ambulante y parlante que no demuestra más humanidad que un caballito de madera, haya podido inspirar tanta pasión en el seno del público lector es para mí un misterio mayor que cualquiera de los que je tramado para que él los resuelva. Una vez más, hoy mismo, en esta velada en el Garrick Club –mi cena de despedida- el tema de la muerte prematura de Sherlock ha dominado la conversación con la insistencia zafia y tenaz de un norteamericano que presenta su candidatura a un cargo político. Concebido en un momento en que mi única preocupación era dar de comer a mi familia, esa especie de homúnculo, esa marioneta cerebral se ha introducido en la vida de algunos de mis lectores hasta adquirir una entidad mayor que sus propios amigos y parientes. Desconcertante. (…) ¡Qué ingenuidad la mía!, suponer que darle el empujón al viejo Holmes y desde las cataratas de Reichenbach acabaría con el revuelo de una vez por todas y me permitiría dedicarme a mi trabajo formal. Ya ha pasado casi un año desde que ese Sherlock de pega dio el salto, y el público aún sigue indignado por su fallecimiento. A decir verdad, ha habido unas cuantas ocasiones en que he experimentado una justificada preocupación por mi bienestar físico. Aquella mujerona con la cara colorada que blandía un paraguas en una carretera rural cerca de Leeds. Aquel espantajo de hombre que seguía mi coche por la ciudad con mirada de auténtico perturbado mental. El muchacho tembloroso de ojos hundidos que me abordó en Grosvenor Square y se puso a tartamudear revelando tal exceso de violencia contenida que parecía que iba a estallarle la cabeza antes de que lograra escupir una frase. ¡Demencia! (…) Lo que me saca de quicio es la posibilidad de que, a consecuencia de la fanática devoción engendrada por mi Frankenstein de Baker Street, el resto de mis libros, la obra en que he puesto el alma y el corazón, tal vez nunca reciba el juicio justo que todo autor espera del tribunal de la opinión pública. (…) Pero por lo que se refiere a la Pregunta Candente que con tanta vehemencia me fue planteada anoche… la respuesta sigue siendo la misma: No, no y no. No habrá Resurrección. El hombre cayó a plomo dentro de una grieta desde una altura de más de seiscientos metros. Aplastado sin posibilidad de reparación; no existe ninguna esperanza de recobrarlo. Está más muerto que Julio cesar. Se debe guardar un respeto a los dioses de la lógica. Me gustaría saber cuándo lograré hacerles comprender no sólo que está muerto, sino que es un personaje de ficción: no puede contestar a sus cartas, en realidad no reside en el 221B de Baker Street y, a fin de cuentas, no puede prestarles la menor ayuda en la resolución de ese persistente misterio que los obsesiona…” 

Mark Frost “El Sexto Mesías” Ediciones B S.A. Barcelona 2006 pág. 17/19






  “…El incidente… no deja de ser grotesco: Macedonio, el paladín del plagio, y Borges, el futuro héroe de la intertextualidad, disputan mediante terceros acerca de quién ha copiado a quién o quién es el más original de los dos… En numerosos textos aparecidos tras la muerte de Macedonio, Borges reconocería haberlo admirado e imitado “hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio”. (…) Macedonio, por su parte, anotó en una de sus diversas Autobiografías, la que precede “Cirugía psíquica de extirpación” (Sur 84, septiembre 1941): “Nací porteño y en un año muy 1874. No entonces enseguida, pero sí apenas después, ya empecé a ser citado por Jorge Luis Borges, con tan poca timidez de encomios que por el terrible riesgo a que se expuso con esta vehemencia comencé a ser yo el autor de lo mejor que él había producido. (…)” … En este año (1970) aparecen en inglés las “Autobiographical Notes” de Borges… allí… revisa para un público norteamericano, su relación con Macedonio. (…) “No creo que Macedonio pueda ser encontrado en sus libros. El verdadero Macedonio existió en la conversación y morirá con sus interlocutores. (…) Antes de Macedonio yo había sido un lector crédulo. El mejor regalo que me hizo fue enseñarme a leer escépticamente. Al principio yo lo plagiaba devotamente, copiándole algunas afectadas formas estilísticas, lo que después lamenté. Ahora lo recuerdo como a un Adán desconcertado por el Jardín del Paraíso. Su genio sobrevive sólo en unas pocas páginas: su influencia fue de naturaleza socrática. De verdad quise a este hombre tanto como yo puedo querer. (I truly loved the an, on this side idolatry, as much as any).” 

 Carlos García (edición y notas) Correspondencia Macedonio-Borges 1922-1939 Ediciones Corregidor, Buenos Aires 2000, pág. 181-231-245/246.







  Así se vuelve errabundo un texto. Y en esta bruma que afecta al espacio y al tiempo nacen los mitos, y los personajes emigran hacia otros textos, se instalan como nativos en nuestra memoria, como si hubieran existido desde siempre en la memoria de nuestros padres, jóvenes como Matusalén y milenarios como Peter Pan, de suerte que a menudo nos los encontramos hasta donde no son narrados, e incluso –al menos tanto les es dado a los niños- en la vida.” 


Umberto Eco, Entre Mentira e Ironía, Random House Mondadori S.A., Uruguay, 2013 pag. 128





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