martes, 19 de enero de 2021

 


El proceso creativo en cámara lenta.  El pacífico disfrute de pintar despacito.







 

     Sin ningún apuro, sigo acentuando los pliegues del vestido, contorneando perlas, agregando volumen al cabello.  Todavía el fondo se impone demasiado, pero con suma lentitud el retrato empieza a despegarse.  Tal vez, mucho trabajo mediante, logre liberar a mi dama verde del bochinche de su entorno.






























































domingo, 17 de enero de 2021

 


     Al parecer, todo se inicia en la Ruta de la Seda, devenida hacia fines del 1100 en los Caminos de la Concordia, cuando cristianos, judíos y musulmanes comerciaban sin conflictos y en sus caravanas se mezclaban alegremente tanto las mercaderías como  los símbolos, tradiciones y creencias.  Un par de siglos después, dicen, llega el primer mazo de cartas a Europa, presuntamente llamado Mamluk y de origen islámico.  Y siendo el Islám la más joven de las religiones históricas, forzosamente arrastraba simbología de credos anteriores.  Ya en su primera aparición, las cartas son una miscelánea de íconos y mitologías varias.

 

    Ingresan en manos de mercaderes de Génova o Venecia, con los cuatro palos conocidos (oros, copas, bastos y espadas) y a poco -siglo XV, ya en pleno Renacimiento- se le agregan 22 cartas con figuras a las que llaman “triunfos” y al juego que se trazaba ellas se lo denominó Tarocco o Taroccio.  Cuando se extiende a Alemania se lo conoce como Tarock y en Francia bajo el nombre de Tarot.

 

     Cuentan los historiadores que el primer mazo completo del que se tiene registro es el bellísimo y lujoso Tarot de Visconti-Sforza, pintado por el artista Bonifacio Bembo, hacia 1451.  El yerno del Duque de Milán (Filippo María Visconti), el condotiero Francesco Sforza, encargó a Bembo la creación de un mazo de cartas en honor a su décimo aniversario de bodas con Bianca María Sforza.  Estas cartas son pequeñas piezas de arte renacentista, que  incluyen retratos de la familia Visconti-Sforza en los personajes principales, con escenas realzadas con pan de oro y pigmentos de lapilázuli y malaquita.  Aunque hoy incompleto (se conservan 74 de las 78 cartas originales) puede apreciarse en las colecciones de la Morgan Library & Museum de New York (35 cartas), de la Academia Carrara de Bérgamo Italia (26 cartas), y  en la colección privada Colleoni, también en Bérgamo (13 cartas).

 

     Por lo que informa el catálogo de Manuscritos Medievales y Renacentistas de la Morgan, el tamaño de estas cartas originales es de 17,3 X 8,7 cms., pequeñas y maravillosas obras maestras en miniaturas donde no se escatiman detalles.  https://www.themorgan.org/collection/tarot-cards





 

     Lamentablemente para mí, cuando visité la Morgan Library & Museum unos años atrás, ignoraba que allí se encontraba parte de las cartas Visconti-Sforza y, obviamente, no arbitré los medios para disfrutarlas en persona.  Un pendiente más a mi lista de pendientes, si es que algún día viajar sólo por placer vuelve a ser una opción.

 

     Trabajo un poco más en mis primeras cartas.  La Lune…











 

 

…Le Soleil…











 

 

…L´Étoile…

 










 

…Le Fou…






















sábado, 16 de enero de 2021


Cartas desde el encierro

 

 

     Para mitigar la angustia de estos tiempos -demasiado "interesantes" para mi gusto-  he vuelto sobre un viejo y postergado proyecto.  Influenciada por Xul Solar y por Dalí, siempre tuve rondándome la idea de diseñar mis personales cartas de tarot.  Proyecto algo absurdo y decididamente extenso, por lo que la simple y constante  excusa de falta de tiempo me permitió dejarlo para mejor momento.

 

     Ahora, encerrada y con esta propensión a la desesperación absoluta fabulando en mi cabeza todas las variables de tragedia, necesito concentrar la atención en algo que me distraiga de la oscuridad.  Así, volví sobre este viejo y diferido plan.

 

     Está claro todo lo negativo: son demasiadas cartas, el proyecto es absolutamente excesivo, se requiere conocimiento sobre la materia (que no tengo en lo más mínimo), y  para que tenga sentido cada pieza debe ser original y estética conservando el sentido lúdico y esotérico según quién la use.  Pero precisamente son esos problemas los que harán que les dedique tiempo y atención -distrayéndome de la realidad real-, que tenga que investigar mucho -toda razón para perderme en mi biblioteca es excelente razón-,  y que impliquen un desafío creativo es suficiente provocación para jugar a jugar.  Y si se complica por sobre mis posibilidades, siempre podemos volver a abandonar el proyecto para mejor momento.

  

     Empecé pues, muy despacito.  Determinando tamaño de diseño (21X30 cms.) y haciendo una plancha del ornamento para número y nombre de cada carta que se va a repetir en todas.  Me puse reglas de composición (que seguramente no voy a cumplir del todo): la figura de cada arcano será un dibujo al grafito de alguien de principios del siglo XX, que se vincule visualmente al estereotipo tradicional pero que me genere gran disfrute trazar (estoy jugando, ¿no?, se supone que me divierta), acompañada por simbología propia de la carta.  No se si voy a quemar el soporte en algún momento (son muy pequeñas, muy poco margen para el error me dejan) pero no termino de descartarlo, y como las originales cartas Visconti-Sforza, tendrán mucho dorado.  Y algún texto literario por la sencilla razón de que adoro dibujar letras.  O sea, algo muy farnelliano: exceso, amontonamiento e  intricada lógica.

 

     En los primeros esbozos, voy colocando las imágenes centrales, algún detalle tradicional, marco bordes y ornamentos.  Arranco por las más obvias: La Luna, El Sol, La Estrella, El Loco.  Para La Lune, una Ziegfeld Girl (Anna Buckley), para Le Soleil un retrato clásico de la luminosa Carole Lombard, para L´Étoile Marlene Dietrich (¿ha habido alguien más estrella?), y para Le Fou un arlequín que me señala o te señala o we´re all mad here.  Fácil hasta ahí.



















































     Voy a ir trabajando como vaya viniendo la “inspiración” o la “iluminación” según el caso y quién lo crea.  Nada de empezar y terminar una para pasar a la otra, voy como venga la cosa, una hoja al viento, un barquito de papel en el mar.  De momento disfrutamos acentuamos un poco el dibujo de la linda Luna:

 















 

Y seguimos.







miércoles, 13 de enero de 2021

 











     Intentamos seguir en movimiento, aunque en paralelo las noticias de la peste siguen siendo tan desbastadoras.  No se vislumbra aun la luz al final del túnel, pero el tren sigue su marcha sin otra esperanza que su absoluta incapacidad de salirse de las vías.  Soy víctima de mi propia perseverancia.

 

     Coordinamos una muestra en Paris para febrero pese a esta indiscutible certeza del cierre de fronteras.  La galería barcelonesa con la que vengo haciendo algunas cosas intentará una muestra colectiva en febrero, y ya estando L´Ermitage en su poder, parece más fácil que -si pueden cruzar de España a Francia antes de algún nuevo estricto confinamiento- el evento pueda armarse.  La pequeña galería parisina que hospedará la exhibición se encuentra emplazada en un rinconcito precioso al que me encantaría ir en persona, pero esa chance ya está descartada por completo.  Me conformo con que L´Ermitage pueda llegar y disfrutar ella un rato de la Ciudad Luz.  Veremos.



















































 

     Mientras, la muestra presencial de Identidad dentro del mega evento Lunática en el Paseo de las Artes de Buenos Aires sigue hasta abril.  El mínimo consuelo de que cierta presencialidad tendrá mi trabajo estos primeros meses.  Se está coordinando agregar un modo de destaque (hotspot) en la exhibición virtual de Lunática, para que el visitante en el ámbito digital vea un poco más de nuestro trabajo.  Otra pequeña acción que nos hace sentir en movimiento.



















 

     No es mucho, pero permite que uno sienta que está intentando continuar con una mínima normalidad, moviendo y coordinando la difusión de la obra pese a estar, en los hechos, encerrada, asustada y bastante desorientada sobre lo que será el futuro.













domingo, 10 de enero de 2021

 

Avatares del proceso creativo: mala elección del emplazamiento de trabajo.  Día cinco.






 

  



     Sigo trabajando con óleo, intentando mejorar el retrato.  Pero hace calor y me acomodo en el parque para tener un mínimo de aire respirable alrededor.  Busco la sombra y el mejor reflejo de luz.  Pero el soporte base es verde y tan rodeada de otros verdes termino poniendo demasiado verde en las sombras del rostro.  Muy verde todo.  Imposible evadirse e imposible no seguir arruinando la obra.  Verde, que te quiero verde…  pero no tanto.

































 

     No todo son quejas, sin embargo.  El angelito que se esconde tras el hombre me empieza a resultar muy simpático.





























jueves, 7 de enero de 2021

 






     ¡Qué ingenuidad creer que el cambio de año traería algo de esperanza de normalidad!  2021 se anuncia tan fatal como su nefasto antecesor…

 

     Me siento ante la pantalla de la notebook con la intención de ir organizando la actividad del primer semestre.  Varias galerías y art-dealers intentan montar muestras presenciales controladas, pequeños eventos, exhibiciones off y on line a un tiempo, muchas interesantes y a considerar.  En paralelo, la radio anuncia nuevos cierres de fronteras y toques de queda (o “toques sanitarios”, como los llaman por estos lados para saltarse impunemente la Constitución Nacional), desplegando la sombra negra de muy probables  nuevos cierres generales.  Cualquier actividad que hoy se prevea para pocos días adelante tendrá la consabida Espada de Damocles amenazándola desde arriba.  Y seguramente cayéndole encima.






 

     La absoluta incapacidad de controlar nada condiciona las decisiones.  Mover la obra es caro, máxime cuando la reducción de actividad económica acota el presupuesto y uno sigue comiéndose las reservas.  ¿Vale la pena arriesgarse a programar, pagar los costos, y que los vaivenes de la pandemia  cancelen todo lo armado?  Y si no los cancela, que los reduzca a meras acciones virtuales que por masivas ya han saturado todo el interés de los eventuales espectadores.  ¿Vale la pena?  Ya no sólo tenemos que evaluar la conveniencia artística y la posibilidad financiera, también hay que ser clarividente para ver que chance existe de evadir momentáneamente los tentáculos del Covid.  A mí, personalmente, ya no me da la cabeza para tanto.

 







     La sensatez práctica diría no hacer nada hasta que todo pase, pero ¿y si no pasa o si somos nosotros los que no pasamos y nos quedamos en el camino?  Si esta va a ser la única realidad por un tiempo largo -o este es el único tiempo que tenemos, porque en verdad sólo somos presente- no hay más opción que adaptarse y correr riesgos.  En la vida nunca hay garantías y vivir es saltar al vacío.    En nuestro caso, ¿qué podíamos perder?  Dinero y obras.  Y ya hemos perdido tanto de ambos en el pasado que si lo pienso bien no estaría haciendo nada distinto a lo que he hecho toda mi vida.