viernes, 13 de octubre de 2017


     Para seguir confirmando las leyes de Murphy (como si hiciera falta) el día arrancó con una espantosa llovizna.  Afortunadamente a media mañana paró y cuando trasladé a Caballito de Carrusel al Hipódromo solo teníamos un cielo amenazante. 

     Mejoró el panorama cuando las personas del flete demostraron  una eficiencia que aseguró que llegáramos a destino de manera impecable (y eso que de Lanús a Palermo hay su buena distancia, los inevitables baches y ese tráfico típicamente porteño).  Y volvió a empeorar cuando, ya instalado en su sector, el viento hizo ir de acá para allá a Caballito y el pie, como era previsible, se bamboleó demasiado y puso en contundente evidencia su precariedad y su tendencia al ladeo.  Dudo que aguante siquiera al domingo, inauguración oficial del evento…


     Pero al menos llegó hasta su lugar de exhibición.  Ahí lo dejé hace un rato, mientras continuaban llegando las otras esculturas que le harán compañía estos días:
















No hay comentarios:

Publicar un comentario