lunes, 29 de octubre de 2012

   


     Llueve y, o (como sospecho) Buenos Aires se está hundiendo y entonces toda lluvia es demasiado, o los mayas tenían razón y estamos cerca de la gota que colma el vaso. Llovió y colapsamos (¿otra vez?). Nos quedamos sin luz y nos volvimos inútiles. Sin Internet, sin computadoras ni teléfonos fijos, scaners y faxes, sin señal en los celulares, no hay radio, no hay TV. Los porteros eléctricos se silencian y los ascensores no nos trasladan. Aislados, desamparados, incapacitados para cualquier labor. Nada puedo hacer en la oficina: sin aire acondicionado con esta humedad no se puede respirar y sin cafetera (¡dios santo!) me veo privada de la cafeína esencial para el funcionamiento a media máquina de mi cerebro. Nada. Ni leer se puede (y no por los e-books) sino que por lo nublado estamos sumidos en una penumbra amenazante y los tubos, obvio, no encienden.






     Hasta para alguien como yo, estructuralmente básica y primitiva, la falta de electricidad me tara. Puede que si la coyuntura se extiende en el tiempo logre superarme al extremo de hervir agua en una hornalla a gas y “artesanalmente” preparar café. Hasta recordar dónde se le ponían las pilas a la radio para no quedar tan fuera del mundo. Buscar en lo profundo de un armario un viejo teléfono de línea que, conectado a la toma, posiblemente funcione (si es que logro recordar algún número hoy sepultado en las agendas de la computadora o del celular sin batería). Pero sospecho que la tecnología nos ha hecho evolucionar hacia la paciencia y todos preferimos esperar a que deje de llover y la energía eléctrica vuelva y no tengamos que llegar al extremo de volver a depender de nosotros mismos. No puede durar mucho el apagón, ¿no? 

  Pasaran los inventos y el ir con los tiempos no lo veréis/ Y el si no me conecto las bandas más anchas y los que cobréis./ Pasaran las marcas y los ipeis, recuerda que esta canción/ Es música y siempre flota.” 

Alejandro Sanz La música no se toca






     A oscuras en mi escritorio escribo con una bic negra en una hoja A4, como hacíamos ya no me acuerdo cuando. Si vuelve la luz quizá lo trasplante al blog. Si no, ha sido suficiente consuelo en el hastío de esta forzada abstinencia de tecnología. Releo en el reportaje a Eco en la Revista de La Nación de la semana pasada: 

    
 El libro da una garantía de supervivencia. Puede bastar un gran apagón para destruir toda mi biblioteca electrónica. Pero yo colecciono libros antiguos. Aquí hay libros de quinientos años, que parecen impresos ayer, de una frescura… Esa es la ventaja del libro, da una mayor garantía de supervivencia.” 

Umberto Eco, “Un libro es una máquina para construir un lector”, por Diego Mazzei, La Nación Revista del 21 de Octubre de 2012, página 23.









1 comentario:

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