jueves, 12 de abril de 2018





 
 
 
 
 
 
     Insisto: esto no era posible antes de la masividad de la Web.  Somos una generación de artistas dotada de una herramienta magnífica destinada a cambiar por completo las reglas del mercado del arte. 
 
     Las redes sociales tienen todas las fallas y todos los riesgos que constantemente nos señalan, pero como herramienta también tiene la chance de un uso inteligente y ético, posibilitando el acortamiento de las distancias y la indiferencia al tiempo.  El arte en la era de internet se vuelve concretamente accesible, tiene caminos directos y sencillos entre artista/espectador/coleccionista,  y esa accesibilidad libera al artista de su histórico sometimiento a los capitostes del mercado.  Se puede sin galeristas  ni curadores, sin marchands ni arts-dealer poderosos, mover la obra de una punta a la otra del planeta y lograr que ésta se encuentre con ese espectador ideal con la que completa su discurso.
 
     Café Paris se halla camino a Devon, UK.  ¡Gracias Caroline Hall por hacerme conocer el final de la historia!
 
 
 
 
 
 
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario