lunes, 26 de octubre de 2015



 
 
 
     Aunque como toda persona sensata mi relación con la política en general y con los políticos en particular es de absoluta desconfianza tinta por ratos de digna indiferencia, es inevitable que esta mañana uno esté predispuesto al entusiasmo.
     Parece, parece con signos concretos de credibilidad,  que vamos a volver a parámetros de cierta normalidad.  Parece que cuando un artista ignoto (pongamos como ejemplo: yo), vaya a una institución pública a consultar los pasos para postularse a un espacio de exposición ya no le van a decir “hablá con La Cámpora”.
      Parece que cuando intente enviar obras a un concurso de arte o a una muestra en el exterior será la Secretaría de Artes Visuales la encargada de autorizar la salida temporaria, y ya no habrá un jovencito prepotente de Aduanas diciéndome con arrogancia “para nosotros todo es mercadería, todo envío se trata igual; contratá un despachante de aduanas”.
     Parece que en las áreas de cultura volverá a hablarse de cultura, que la política de barricada volverá a la unidad básica o a los bares de trasnoche, y que a los que queremos trabajar sin pedir fondos del Estado se nos permitirá hacerlo, sin paga pero sin obligadas genuflexiones varias. 
     Parece que las cosas abandonan The Twilight Zone para retornar a la razonabilidad de la lógica más elemental.         
     Parece…
 
 
 

Post data:  Hoy la República de mi Escudo Nacional está pegando un auténtico grito de liberación.
 
 
 
 

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