sábado, 13 de febrero de 2016




     Proceso creativo de algo que no sé hacer (o sea, la típica acción autodidacta: ir viendo que sale sobre la marcha).



     Para intervenir indumentaria hay que arrancar consiguiendo la “indumentaria”.  Me aconsejaron usar algo de algodón (lo típico: una remera blanca).  Pero no tengo y eso implica salir a comprar.  Y como se trata de experimentar, de probar, prefiero usar cualquier cosa antes de trabajar sobre material nuevo.  Así que agarro una prenda usada de un bolsón que hay en mi taller a la eterna espera de llevarla a donar a algún lado.  Agarré una camperita de jean no demasiado usada y que quedó chica al correr de los años.

     Por un análisis lógico (mi lógica) una campera no es conveniente para mi experimento, pero sí lo es un chaleco.  Una campera es algo útil, uno no le andaría pintando y pegando cosas.  Un chaleco, en cambio, es una prenda totalmente inútil, caprichosa (no abriga, no protege, es sólo un complemento que se usa por qué sí, de pura ganas), perfecta para enredar en las naderías del arte.  Así que a mi camperita de jean le saqué las mangas y obtuve mi lienzo pronto al juego.








      Decidí hacer lo que más hago: máscaras.  Lindas de componer, convenientes para agregarle texturas no pictóricas, propias de una indumentaria no convencional.  Así que traté de posicionar con acrílico un par de máscaras y una calavera en la espalda del chaleco.  Traté.  La pintura no corre sobre el jean, y cuando muy diluida logro aplicarla el color base la absorbe y difícilmente se logra algo más que una mancha despareja.  Tuve que dar capa sobre capa de blanco para ubicar la idea.







     Ya seco el boceto inicial, fui tratando de definir zonas.  Pero cuando quise afinar detalles de vuelta el jean me entorpeció el trazo y absorbió de modo irregular la pintura, restando tanto definición como color.  Demasiado trabajo y múltiples manos de pintura superpuesta permitieron que me acercara a la definición que me gusta.







     Me harté del acrílico y decidí recurrir a mis lapiceras de tinta en gel.  Total, esto es un experimento, ¿no?   Si lo arruino lo tiro y consigo una remera de algodón.  Y ahí fue  cuando empezó a tomar forma.  Por fin comenzó no solo a gustarme, sino a ser divertido también.








     Y después me permití colocar pintura dimensional y múltiples brillitos, y en ese jolgorio ya estaba siendo absolutamente yo.








     Y llega la hora de los detalles: un cascabel en el sombrero…






…unos flecos de seda…






    Pruebo a ver como luce en vertical y creo que vamos por buen camino:













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