martes, 23 de febrero de 2016






     “Tal vez una de las luchas más importantes de su vida haya sido la que llevó a cabo en favor de la mujer. (…)  Comenzó en tiempos muy duros para sus congéneres: una mujer no podía aspirar a una carrera universitaria, no podía salir sola a la calle ni siquiera con su novio (necesitaba un chaperon), no podía, sin escándalo público, usar vestidos sin mangas o rouge en los labios: ella misma lo ha vivido, es su propio caso.  En 1921, desafiando insultos callejeros, manejaba un Packard, con el mismo derecho y la misma destreza con que lo hacía cualquier hombre.  Por esa época -1920- publicaba sus “ideas por la prensa”, haciendo uso de un derecho constitucional destinado a todos pero que no era bien visto si se trataba de una mujer. (…)

  Su brega por la causa femenina no sólo viene de lejos sino que abarca todos los frentes: hacia 1934 ella y algunas amigas, protestaban ante el juez porque algunas reformas hechas entonces al Código Civil tendían a disminuir los ya, por naturaleza, flacos derechos de la mujer.  Discute con el juez el caso de “la segregación de los hijos adulterinos”.  El juez la escucha con cortesía pero como quien oye llover, aconsejándole, finalmente, que no se mezcle en lo que no le concierne. (…)  La siguiente anécdota lo confirma: “A una amiga mía y a mí (las dos éramos casadas y andaríamos entre los veinticinco y los treinta años) nos echaron de un salón de té, en Buenos Aires (la confitería París) porque fumamos un cigarrillo.” (…)

   Su lucha en este terreno ha tenido siempre un objetivo claro: igualdad de responsabilidades, igualdad de derechos y de posibilidades entre hombre y mujer.  Terminar con la postergación de la segunda en beneficio del primero.  Este feminismo no significó nunca una lucha contra el hombre, al contrario, admira a todo aquel que lo merece, lo respeta pero, eso sí, se opone al machismo, “caricatura y deshonra de las virtudes viriles”.”

Alba Omil, “Frente y perfil de Victoria Ocampo”, Ediciones Revista SUR, Buenos Aires 1980, páginas 155/157





    ¿Entendés?  Lucha de género de verdad era en 1920 manejar un auto  o fumar en público.  Nosotros hoy solo podemos vivir concretando diariamente esa igualdad por la que muchas mujeres batallaron un siglo atrás.  Pedir “cupo femenino”, o prerrogativas especiales que nos favorezcan porque somos “mujeres” es simplemente un retroceso. 

     Lo lógico es actuar con convicción la absoluta igualdad.  Yo no espero un trato especial por ser mujer, como tampoco acepto que den un trato especial a alguien por ser hombre.  O sea.  No, yo no soy una artista en una cruzada feminista, ni mi obra  es un panfleto libertario.  Estoy –como cualquier persona ética-  en contra de toda discriminación y de toda violencia ejercida contra un ser humano indiferentemente de su género.   

     Claro, puedo ver tu punto: manifestar por la “violencia de género” hoy es políticamente correcto, vende muy bien. El cool.   Otorgarle a mi obra un discurso por ese lado podría significar difusión gratis y múltiples espacios de exhibición.  Pero sería mentira.   Yo no reclamo derechos, ya los tengo y los ejerzo (y ese ejercicio es de mi responsabilidad exclusiva).  No voy a estructurar una sarta de falsedades que nada tienen que ver conmigo (y que haría que los que me conocen rueden por el piso a las carcajadas)  por más que eso me asegure un acceso al mercado del arte que no tengo por otra vía.  Gracias.  Pero no.










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