lunes, 26 de diciembre de 2016


Raconto (en serio) de Fin de Año.    

 



     Siendo honesta (aun a riesgo de dar letra a los psicoanalistas aficionados que me rodean), el 2016 ha sido mi definitiva vuelta al retrato.  ¿Por qué me había apartado, si lo más placentero que recuerdo era llenar cuadernos con rostros femeninos en mi época de escuela secundaria?  El retratar a mis compañeras en los recreos.  El empecinamiento en los ojos, en una instintiva búsqueda de LA mirada…  ¿Qué pasó?  Lo de siempre: escuché la opinión ajena, de otros artistas, de jurados que siempre me rechazaban, de críticos, de los Oráculos del Infalible Mercado.   Primero lo fragmenté para luego abandonar el retrato –poca cosa según me decían-, volcándole al desnudo, y para que quedara clara mi obediencia, sin rostro.

 
 


    Amagué un ´poquito los últimos años, pero sin detalle, sin que pudiera clasificarse estrictamente de retrato.   Pero la edad tiene algo bueno:  la acumulación de años tiende al hastío y priorizar el disfrute personal se vuelve una (muy buena) costumbre.  Y sin ponerme a sacar conclusiones obvias, Burlesque me ha dado la licencia absoluta.  El retrato por el retrato y al que no le guste, buena suerte y muchas gracias.
 
 
 
 
 
 
 
 

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