jueves, 15 de noviembre de 2012




    He aprendido a manejar mi enojo (y mi frustración, y mi ira y, creo, hasta mi alegría) escribiendo. Escribiendo un diario, que con los años ya son muchos. (La pasión queda al margen de la escritura, porque esa, toda, la brindo y la recibo al pintar. La pasión es forzosamente física y yo pinto con todo el cuerpo). 

      Habiendo sido una persona decididamente solitaria -al principio por fuerza mayor y al correr de los años por sensata elección- un diario personal ha ido el interlocutor perfecto.






     Ahora, en la soledad de mi inmovilidad y no pudiendo buscar refugio en los cielos (o sea, en mi biblioteca en la planta alta) recurro a los bajos fondos que quedan a mi alcance (o sea, mi alborotado taller donde acumulo, entre otro millar de cosas, mis viejos diarios), y releo vaguedades escritas en 1986. Mas de 26 años atrás. Y compruebo que siempre he sido de lo más monotemática.






“Me sentí capaz de dar vida y creé a miles de seres imposibles. Les di nombre, espíritu, forma. Los dominé. Pero un día me dominaron. Y me convertí en prisionera de mis propias invenciones. Aquellas que ayer brindara al mundo sintiéndome, altanera, un poco dios, un poco genio. Ya no fui yo. Fui ellos." --- Mi yo, que no es uno,/ (es dos, diez, mil, ¡más!)/ Uno, en cada ocasión oportuno,/ Pero sólo uno lo es jamás./ ¿Si son dos? Quizá lo sea./ O el problema: que no es ninguno./ Soy lo que el mundo desea,/ Mezcla (¿inconclusa?), parte de alguno…/" --- "Hace tiempo que ya no escribo poesías. Me pierdo ahora en breves cuentos o en amagues de novelas prestando mi existencia a la vida de infinitos tantos personajes. Como antes y puede que como siempre, me rodeo de seres cuya existencia sólo yo conozco. Mi soledad concurrida se vuelve acogedora y en horas complicada. Me resulta un poco dificultoso diferenciar la realidad de mi invención. Creo tramas a mis propios días que luego desbaratan mi tranquilidad. Aun así gusto de la redes y telarañas que entretejo y que vuelven mi mediocre monotonía en un subsistir más colorido.” (21 de febrero de 1986)






“A veces creo encontrarme en el límite divisorio de dos mundos antagónicos, debiendo tomar partido por uno de ellos. Sólo por uno. Dejar para siempre de estar en el medio, de ser neutral, de jugar un doble, un múltiple juego. Quiero ser fuerte, con una fortaleza rígida cual muralla que me rodee aislándome. Quiero mirar de frente a todos los sentimientos y burlarme de ellos porque no pueden afectarme. Pero quiero también llegar al desequilibrio pleno de mis sentidos, volviéndolos todos uno y uno en parte de todos. Quiero palpar con los ojos, oler la música y degustar los colores. Quiero crear lo perfecto y con sólo verlo echarme a llorar. Convivo en dos dimensiones opuestas pero unidas en mi, como si mi cuerpo se prestara a la existencia de dos seres independientes y dispares, teniendo conciencia de que están luchando por tener uno la propiedad exclusiva de mi alma. Siento la batalla y no puedo desear la victoria de ninguno. No sé con la muerte de cual de mis yo me moriré más.” (20 de marzo de 1986)






“Tengo multitud de ideas, pero carezco del poder necesario para imponer su orden –o de la idiotez menester para trabar con límites la imaginación-. ¿No es acaso del caos de donde emerge la creación perfecta?” (3 de abril de 1986)




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