jueves, 13 de febrero de 2014




     Finalmente, y casi por jugar, hice un dibujo en tinta china y acuarela para enviar a la convocatoria Sublima Eros (http://sublimaeros.jimdo.com/ y https://www.facebook.com/sublimaeros).

     Fue en realidad un cúmulo de circunstancias que se alinearon caprichosamente: había comprado un block de boceto de papel francés para acuarela a muy buen precio en medio de la disparada de la devaluación (el viejo truco de saber uno que está comprando y el vendedor ignorar lo que está vendiendo), block que tenía la medida exacta de la convocatoria. 

    Había estado tonteando con unas fotografías de la ciudad belga de Brujas por pura asociación de ideas: había ido al estreno en Baires del film Saving Mr. Banks y había quedado encantada con ella pese a llorar desconsoladamente con la muerte de Colin Farrel, a quién, precisamente, adoré en esa preciosidad de película que es In Bruges. Y al mismo tiempo había estado separando material para trabajar en Ragnarök con la Witch Hunt, ahora que había dado con un ensayo histórico muy documentado. Entonces fue una imagen de Brujas, un modelo femenino de espaldas con su delantalcito de cocinar, un mapa medieval de la distribución de las aguas y las tierras; una tormenta de lluvia desaforada que no me dejó salir de casa y dos cortes de luz consecutivos que me mantuvieron en la cocina, único lugar con luz natural donde podía trabajar en un soporte pequeño sobre la caja plana del té. Así suelen pasar las cosas: se encadenan ideas y sucesos fortuitos y el resultado acaba siendo algo que uno no tenía ni remotamente pensado hacer. 

     Anoche (unos quince minutos antes de que se cortara la luz otra vez) envié la pequeña Bruja Doméstica a los organizadores de la convocatoria Sublima Eros. Ahora, llego a la oficina para corroborar que el mail llegó y, ¡sorpresa y coincidencia! tampoco hay luz en la oficina. Ahogándome de calor y humedad sin los acondicionadores de aire y con el vestigio de batería de la notebook, me siento a escribir esto confiando al destino y al veleidoso suministro eléctrico de este país gobernado por una “abogada exitosa” el momento que habré de subirlo a mi blog.






     Diré que me pareció interesante la idea base de la convocatoria de Sublima Eros, en cuanto argumenta en sus bases: Buscamos artistas plásticas que quieran expresar su visión del sexo a través del arte, que nos enseñen que una diversidad es posible a través de una visión nueva o al menos en un intento de ser libre de los estándares que han representado el sexo y erotismo … Tras muchos años las mujeres se han nutrido de imágenes creadas por los hombres, hasta tal punto que han sustituido en muchos casos su visión del sexo, de manera que cuando piensan en imágenes eróticas se ven representadas en las imágenes estereotipadas masculinas. La intención de esta convocatoria es crear un imaginario erótico femenino. (…)… buscando expresar… una sexualidad sin tabú, sin vendajes o juicios morales sobre nuestro género. (…)… poniendo en evidencia la necesidad de romper con el discurso actual y convertir a la mujer del papel de objeto pasivo al que había sido relegada en un sujeto activo, creador.” 

     Por lo general, ante los planteos que hablan de “liberación” de la mujer de estándares sociales y culturales arcaicos, suelo bufar fastidiada y amagar a considerarlo un cliché pasadísimo de moda. Pero esa pose “superada” me dura dos segundos y pronto empiezan mis voces a enumerarme la tonelada de casos concretos (con nombre y apellidos y rostros conocidos que corresponden a cada uno) de discriminación, limitación y menosprecio con los que lidio diariamente en mi vida “civil”. 

      Porque si bien es cierto que en lo personal nunca he sido “marginada” de nada por el hecho de ser “mujer”, trabajo día a día con otras mujeres que sí son puestas en categoría inferior o lisamente maltratadas por su mera condición de pertenecer a la (inferior) casta femenina.






     Y llevado al plano del “arte erótico”, me cuesta pensar que mi imaginario esté condicionado por una tradicional visión masculina, ya que he notado -a lo largo de los años- que mis desnudos femeninos suelen incomodar más que gustar a los hombres. Algo respecto a la fuerza o arrogancia de mis diseños, a la provocación abierta, a la falta de pudor (de las obras o mío, vaya uno a saber).

(Marginalia: No comento lo que están incomodando actualmente mis primeros desnudos masculinos, porque ya he pescado a un par de caballeros que ni siquiera los pueden miran de lleno.) 

   Una mujer haciendo desnudos (y colgándolos en las paredes de su casa, exhibiéndolos y paseándolos por el mundo lo más contenta) hace que a una la consideren un “poco” extraña y por las dudas mantengan distancia –lo que a mí me favorece dada mi nula vocación de sociabilizar-; pero creo que mucha de esa distancia viene de que mis desnudos no se corresponden del todo con el imaginario machista conservador. Porque si no resulta inentendible la manifiesta “incomodidad”. 

     Suelo hacer bromas de que entrar en mi taller es como entrar a un burdel o de que todo bien, pero cuando me visiten no traigan a sus niños porque no quiero ser responsable por sus futuras parafilias. Entre la temática mis cuadros y mi dudoso sentido del humor mantengo al mundo bastante apartado.

     Pero supongo que la convocatoria de Sublima Eros me atrajo por esa posibilidad de detenerme a pensar más sobre la cuestión y analizarla en el contexto del arte de otras mujeres. Verificar si realmente hay imaginarios distintos o si –como creo- al fin y al cabo hombres y mujeres somos definitivamente iguales y nos seducen y erotizan las mismas cosas. Sólo que ellos tuvieron permiso para manifestarlo abiertamente antes y nosotras tomamos la Bastilla de la plenitud sexual un poquito después.






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