domingo, 2 de febrero de 2014




Y así se van yendo/ 
Las aguas, los tiempos,/ 
Mañana quedamos en la puerta del metro./ 
Mejor en tu casa,/ 
Mejor no quedamos…/ 
Y así pasó la tatata tic-tac tic-tac/ 
Y es Febrero.” 

 Alejandro Sanz, Llamando a la mujer acción del Álbum La música no se toca. 



     Odio Febrero. Nada personal (o, precisamente, personalísimo), pero se acaba enero y me viene esta sensación de fin del mundo. Fin de MI mundo. Volver a la vida civil, al trabajo de fingir que me importa todo lo que me tiene absolutamente sin cuidado, a sociabilizar amablemente, a sonreir por postura laboral, a ser debidamente quién no soy para que el resto se sienta bien siendo quien es. Un agobio y una tortura. 

      ¿Por qué vuelvo? Por la maldición bíblica, obvio, por aquello de ganarás el pan con el sudor de tu frente (cuando compramos lo de la liberación adquirimos este plus a más del parirás con dolor; es como que las mujeres nos volvimos bisexuales en cuanto a maldiciones bíblicas: hoy padecemos la de los dos sexos). Febrero me retorna a mi imagen más prolija y pública y tengo que escatimarle el tiempo (que en enero es exclusivo) a mi yo real. Claro, hay que pagar las cuentas. A ponerse las anteojeras de percherón y a darle al embrutecedor quehacer cotidiano. La carga contra el desierto.


     “¡Vamos! La marcha, el fardo, el desierto, el hastío y la cólera. ¿A quién alquilarme? ¿Qué bestia hay que adorar? ¿Qué santa imagen atacamos? ¿Qué corazones destrozaré? ¿Qué mentira debo sostener? ¿En qué sangre debo marchar? Antes bien, guardarse de la justicia –la vida dura, el simple embrutecimiento, -levantar, el puño descarnado, la tapa del ataud, sentarse, ahogarse. Así, nada de vejez, ni de peligros: el terror no es francés. (…) ¡Oh, mi abnegación, oh mi caridad maravillosa! ¡Aquí abajo, sin embargo! De profundis domine, ¡seré bestia!” 

 Arthur Rimbaud, Una Temporada en el Infierno, Obra Poética –Peter Cosentino Editor Buenos Aires 1977 pág. 204/205.





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