viernes, 28 de febrero de 2014




"Sí, te vi, y al tiempo te negaba y acudía./ 
Sí, te amé, y hube de malvender cuanto tenía./ 
Sí, me fui en busca de una luna menos fría./ 
No esperes más de mí/ y acepta la verdad:/ 
que fue necesidad de compañía./ 
 Sí, traté de darle a mi camino algún sentido./ 
Sí, grité al lado de otro grito enardecido./ 
Sí, lloré por conocer al gran desconocido./ 
No pienses mal de mí,/ 
no hay trampa ni cartón,/ 
es solo una cuestión de hacer amigos./ 
 Si he pasado la noche en blanco/ 
escribiendo pa' los demás;/ 
persiguiendo una idea al vuelo,/ 
una emoción,/ un color sobre mi paleta,/ 
un gesto tras el telón,/ 
es mi forma de decirte/ 
hola, como estás…/ 
 Sí, robé, y tengo que esconderme noche y día./ 
Sí, mentí con premeditación y alevosía./ 
Sí, maté y al tiempo que sangrabas me crecía/ 
apiádate de mí,/ 
no es toda la verdad/ 
fue pura soledad lo que tenía./" 

 Joan Baptista Humet, Hacer Amigos (1984)






…en Buenos Aires la obsesión por lo ´nuevo´ está encabezada y dirigida no tanto por el público –apático por naturaleza- cuanto por una serie de ´jefes de opinión´, jóvenes algunos y otros ya no tan jóvenes que puede decirse canalizan la opinión en ese sentido. Querer estar al día no es en sí grave sino, por el contrario, algo muy meritorio y digno de ser tenido en cuenta. Pero si en el caso de una persona de criterio un juicio exagerado y hasta un error pueden corregirse, los que escuchan o leen –especialmente los jóvenes- pueden equivocarse y confundirse con un ejemplo que consideran decantado y coherente. Esa juventud aspira a hacerse una idea aproximada de los valores: antiguos y modernos, locales y extranjeros, valores que están perpetuamente en juego en una ciudad con inquietud plástica como Buenos Aires. (…) Sigamos un poco la trayectoria de un joven artista que acaba de entrar a la palestra. Tenga o no tenga verdadero talento –no se trata tanto de eso- su primer éxito consistirá en ´ser lanzado´ por uno de esos jefes. Si el artista en cuestión recibe una acogida favorable, puede decirse que se encuentra de la noche a la mañana en una situación que antes le hubiera llevado por lo menos de diez a quince años adquirir. Es decir: puede, de entrada, ganar los premios más importantes, exponer en las mejores galerías, vender a precios muy elevados. Se me dirá, quizá, que todo eso es muy bueno en sí; no tanto, replico yo. (…) El artista si es consciente (y muchas veces lo es) se embarca desde el principio en una línea de conducta que va a querer conservar por el resto de sus días. Pero… lo más probable es que si el artista quiere conservarse fiel a si mismo los jefes decreten, poco después del ilusorio primer éxito, ´que lo que hace Fulano actualmente no vale nada, no tienen ningún interés, etc.´. En una palabra, si eso ocurre, se lo deja automáticamente de invitar a los premios, sale del circuito dorado al que tan poco trabajo le había costado acceder… (…) Si el artista está convencido de su sinceridad persevera en lo que él cree debe ser su línea tratando de ´encontrarse´ cada vez más. Pero muy a menudo le toca comprender que si el triunfo le había llegado demasiado pronto y casi sin lucha, ahora el olvido injusto lo separa cruelmente de la comunidad, lo transforma en un paria y, por ende, en un eterno descontento porque se considera traicionado por los mismos que lo exaltaron. (…) Otro caso… el del artista débil de carácter, que engolosinado con el triunfo del primer momento y no resignándose a pasar de moda, va cambiando a medida que sopla el viento y se somete a una actitud expectante dispuesto a renegar en cualquier momento de lo que antes constituía su verdad más profunda. Porque, no nos engañemos, en el pequeño mundo del arte, de pronto se corre la voz de lo que los jefes quieren o esperan de los artistas en un momento dado. Demás está decir que se han invertido los términos: en vez de ser el artista el único creador (que puede acertar o no, de ahí el maravilloso riesgo que siempre comporta el arte) encontramos ahora al crítico-profeta que en vez de ordenar los valores y clarificarlos, fuerza al artista –a sabiendas o no, eso es lo de menos- a seguir la vía que él le señala. (…) Se llegan a crear así, supremo escándalo, ´obras para el premio´, tratando de descifrar –inútilmente porque se trata de ídolos caprichosos- lo que pasa por aquellas cabezas dictatoriales.” 

 Damián Carlos Bayón Lo “nuevo” y la responsabilidad del crítico Revista Sur Nro. 297 noviembre y diciembre 1965, pág. 52/55.-





     El texto trascripto tiene 49 años de antigüedad y describe una realidad que hoy sigue tildándose de “actual”. ¿Eso qué significa? ¿Una verdad absoluta e inconmovible, un paradigma inmutable de la humanidad? ¿Qué no hemos evolucionado nada en medio siglo de actividad cultural? ¿Qué todos los males del mundo (del arte) se deben a los críticos, a los “jefes de opinión”? Nunca se han erigido monumentos en honor a un crítico, es cierto, pero sin embargo siempre están ahí, opinando, digitando, asumiendo su rol de infalibles Tablas de la Ley; sobreviven a través de las generaciones, como las prehistóricas cucarachas...





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