viernes, 31 de enero de 2014

 
 
 
      Había comprometido el envío de obra a un restaurante próximo a inaugurar y el sentido común me hizo capitular frente a mis chicas sin ropa. No es que tuviera demasiadas opciones a mano, pero con un poco de voluntad y búsqueda pude separar algunas obras viejas que podían lucir “decentemente” en un lugar “decente”. Dí con reencontrarme con los trabajos que conformaran la serie de Alicia, y entre ellas una de la que no conservaba fotografía ni demasiado registro.
 
      Si bien es sabido que no soy muy ordenada con las obras en sí, que luego de exhibirlas un par de veces suelo “liberarlas” (o “perderlas” según quién califique mi actitud), y al cabo de un rato ya no tengo en claro por dónde andan ni demasiado afán en el rastreo, siempre he sido cuidadosa en fotografiarlas y llevar un pormenorizado registro visual de ellas. Desde que empecé este blog, ha sido este medio el más eficaz catálogo de mi trabajo, incorporando todas mis obras, desde las más viejas a las inconclusas, y creí que no me había quedado nada afuera. Por eso cuando hoy me tropecé con A través del Espejo recuperé la memoria de su existencia y subsané el olvido fotografiándola y subiéndola aquí.



 
 
 
     Y como nobleza obliga -aunque no me doblego a darle a la psicología ningún crédito excesivo más allá de las obviedades de cualquier buen observador- reconozco que ha sido probablemente mi subconsciente el que no quiso aferrarse a vivencias derivadas de A través del Espejo.
 
      Cuando estaba trabajando en ella, concentrada y tranquila, a primeras horas de la tarde, un par de tipos a mano armada irrumpieron en mi casa y procedieron a amenazas e intimidaciones varias y al voraz desvalije. Recuerdo la fecha: 20 de junio de 2000. Y recuerdo que la policía vino pero no entró a la casa (eso de tomar huellas es sólo de la tele), que tampoco el patrullero buscó por la zona (¿para qué?, a ver si los encuentran…) y que me hicieron ir (por mis propios medios) hasta la Comisaría 1ra. de Lanús para asentar la denuncia (o sea: no podían tomarla en mi casa, in situ, con las evidencias a la vista) y que una vez ahí tampoco hicieron nada porque en ese momento no tenían luz y por ende tampoco “sistema” Tuve que volver a la noche y realmente para nada: unos meses después me notificaron del “archivo de la causa” porque, previsiblemente, jamás movieron ni una falange para investigar nada.
 
     Si, supongo que atada a esos recuerdos fue mi falta de registro fotográfico. Hoy, catorce años después, otros robos y otros estreses post-traumático han vuelto aquel en anecdótico y sin mayor conflicto con mi inconsciente tomo la fotografía ausente y la subo a este blog. Puesta a recordar también me vuelve el hecho de que tras el fallido intento de asentar la denuncia por robo en la oscura comisaria, bastante indignada pese a los arrebatos de llanto y a la sensación de desamparo que me acompañaron por meses, decidí pese a todo cumplir con lo que tenía planeado para esa tarde: llevar dos obras a un concurso en la Galería de las Naciones, allá un par de cuadras por detrás del Parque las Heras. Así fue que llevé a Alicia en el Principio para competir en la disciplina dibujo y Lux en pintura.



 
 
 
 

 
     Por esa cosas que tiene la vida y esa ley de las compensaciones que se supone mantiene el equilibrio proverbial del Cosmos, una semana después me entero de que a Alicia en el principio le dieron el Primer Premio en su disciplina y a Lux el tercero.
 
      Lux debe andar por México, creo haber reseñada ya que la vendí por internet y no he vuelto a tener noticias de su compradora. A Alicia en el Principio me la reencontré también hoy, cuando la separé para enviarla al restaurante. La humedad de una pared había alcanzado su soporte y manchado la parte superior del fondo, también supongo que debido a esa ley del equilibrio cósmico o, sencillamente, a mi desidia imperdonable que hace que me desentienda de las obras viejas mientras voy de cabeza con algún que otro nuevo proyecto.
 
 
 
 

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