lunes, 23 de enero de 2017






























(…)
En pantalla Dalila cortaba el pelo al cero a Sansón
y en la última fila del cine, con calcetines aprendimos tú y yo.
Juegos de manos, a la sombra de un cine de verano.
Juegos de manos, siempre daban una de romanos. 

Era condición esencial organizar bien el modo
de entrar en la semioscuridad blanca y negra del No-do.
Y mientras en el circo un león se merendaba a un cristiano
la nena se dejaba besar que no la pille su hermano.

Si estrenaban Cleopatra y pedían el carnet
yo iba con corbata y pomada que cura el acné.
Hasta que aquella bici de mi niñez se fue quedando sin frenos
y en la peli que pusieron después nunca ganaban los buenos.

Y mientras en pantalla prendía fuego a Roma Nerón
contra la última valla del cine y en calcetines aprendimos tú y yo.
Hoy que todos andan con videos porno americanos
para ver contigo me alquilo una de romanos...

Joaquín Sabina, Una de romanos



     Decía ayer que uno da vuelta una esquina y se tropieza con la historia de la humanidad, y es así literalmente.  Salí esta mañana de una tienda de mascotas dónde compré un collarcito con strass y cascabel para mi gata y, dos pasos después, atrás del semáforo, se me imponía el Coliseo.





     Uno puede intelectualmente cuestionar el culto a las piedras pero es inevitable, cuando se lo tiene en frente, vibrar de emoción y reverenciar sin reservas a semejante monumento.








Post data:  Y sí, no lo voy a negar.  Este es el ángulo desde el que invariablemente logro conciliar mis conflictos intelectuales con mis emociones…





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