sábado, 19 de marzo de 2016

     Avances (aéreos) de mi Caballito.

“-Ha llegado la hora -dijo la Morsa-
de que hablemos de otras cosas:
de barcos... lacres... y zapatos;
de reyes... y repollos...
y de por qué hierve el mar tan caliente
y de si los cerdos tienen alas.”

Lewis Carroll, Alice in Wonderland


     Ha llegado la hora de que mi Caballito se suba a su poste.  Es necesario.  Tengo hecha la mitad superior y para realizar la mitad inferior es imprescindible solucionar el posicionamiento de la barra/poste/palo en el que estará suspendido.  Es un Caballito de Carrusel: fin de la discusión.

     Si supiera algo de escultura, sabría que siempre se inicia la estructura desde el centro de equilibrio hacia afuera, desde corazón central de la composición.  Un escultor de verdad hubiera arrancado del poste de suspensión, y alrededor de éste habría armado el esqueleto del caballo, para luego ir cubriendo capas externas.  Pero yo no soy escultora, no he tenido ninguna formación al respecto y como buena y empeñosa autodidacta voy haciendo las cosas como me van saliendo.

     Así que para comenzar con el poste sobre el que se sostendrá el Caballito tomé –pura lógica farnelliana- una botella de agua saborizada y una lata de papas Pringles. Una dentro de la otra me suenan suficiente encastre.





     Con algo de pánico vertiginoso, volqué de lado a mi medio caballo para poder posicionar mi botella/lata donde encajaría la punta de un caño de plástico duro de los que se usan para las instalaciones de agua corriente.





   Para sujetar al caño de agua lo metí en un canasto donde acumulo corchos (¿para qué acumulo corchos?; no sé, para algo, nunca se sabe para que pueden servir).  Pero como no quedaba suficientemente estable, lo afirmé con un pote de helado de telgopor, caracoles y piedritas pintadas que andaban también deambulando por mi taller (¿por qué guardo tanta porquería?; porque resulta útil para sujetar un caño en un canasto de corchos).






    Y ahora, ¡a poner mi medio caballito arriba del caño!  Como no mantiene el equilibrio voluntariamente (la cabeza pesa más que el resto del cuerpo), lo apoyo también en una silla y un par de cajas mientras aseguro con una gruesa cartapesta el caño al cuerpo y empiezo a cerrar la parte inferior.  Supongo que si trabajo con el Caballito ya en el aire forzosamente lograré que quede firme arriba del caño mientras voy cuidando los contrapesos que sí aseguren su equilibrio definitivo.





   Otra bolsa de cartón y la media esfera de telgopor que me quedó fueron para la panza y las caderas.  Ahora a asegurar todo y completar huecos con servilletas de papel.













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