miércoles, 30 de marzo de 2016





    En una entrevista que la revista virtual Maleva le hizo a Ignacio Gutierrez Zaldivar, dueño y director de la galería Zurbarán de Buenos Aires, éste dice:




     Reconozco que jamás había asociado la “curaduría” de arte al cargo judicial de curador, pero ciertamente es así: las personas declaradas incapaces conforme  a la ley son representadas por curadores.  Sería inocente atribuir la terminología a una casualidad.  El curador ejerce la representación legal, ostenta los derechos civiles y administra el patrimonio de aquel que es incapaz de valerse por sí mismo.  Siguiendo esta idea, los curadores culturales consideran al artista un imbécil que no puede manejarse en el mercado y que, por lo tanto, debe ser liberado de la responsabilidad de su carrera y  de su obra.  Si hasta acá no me simpatizaban los curadores, ahora los considero una afrenta personal.  La confirmación de que sí, me toman por estúpida.





     Me saco la rabia (innecesaria) releyendo la magnífica entrevista hecha al maestro español Antonio López publicada por el periódico web La Tribuna de Albacete, España:





     Los tiempos propios.  La identidad individual.  No hay reglas preestablecidas ni plazos perentorios.  El arte no es compatible con manuales de uso.  ¿Cómo no desconfiar, entonces,  de esos críticos que cobran por su consulting para insertarte en el mercado, el couching que promete posicionamiento estratégico, los publicistas y su marketing,  los relacionistas que te venden que “llegar” es “conocer a…”? 



     En Valladolid, España, en estos momentos se desarrolla un proyecto donde (también) se preguntan:  ¿Esto es arte? 

























Venus del portulano
                                              mixtura sobre papel artesanal y tela - 2006








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