miércoles, 23 de marzo de 2016


    Debo reconocer que  esto de subir las obras durante su proceso de creación tiene sus contras.  Me reenvía una amiga una captura de pantalla con mi book-art de Alicia, haciéndome notar (como crítica) que la imagen no es la obra definitiva.








    Dado que de hecho todavía no lo terminé (quiero laquear todo el conjunto de modo que resista un poco más: al fin y al cabo es sólo papel de diario y un poco de tinta negra), cualquier imagen no es definitiva.  Hoy por hoy le agregué un pie, y hay días que me digo que apenas tenga un poquito de tiempo apoyaré en ese damero alguna que otra pieza de ajedrez (hechas como las tacitas de té, sólo de diario).






     ¿Debería abstenerme de subir las obras en proceso o inconclusas?  Entiendo que no, ya que este blog es un diario de artista y no una galería virtual.  Lo que busco aquí es reseñar cómo (errático, disperso, desordenadamente) se desarrolla el pensamiento creativo.  ¿Debería de algún modo impedir que se tomen libremente mis imágenes para reproducirlas, de manera que me asegure que sólo se difundan las de las obras concluidas?  No creo que eso sea posible, y si lo fuera, me imagino que debe implicar un esfuerzo desmedido al que de ningún modo estoy dispuesta.  Si no quiero que se difunda una imagen entonces no la subo a la web; si la subo ya es parte de ese insondable e infinito universo de la internet.




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