viernes, 27 de diciembre de 2013

BRINDIS (poco esperanzado y totalmente especulativo) POR LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA NACIÓN.





     En un rapto de prolijidad inexplicable, apronto las fotos y la documentación necesaria para concurrir el próximo lunes a la Secretaría de Cultura de la Nación a solicitar –como corresponde- la licencia de exportación para remitir –por derecha- las siete obras que componen mi Silk Road a Andalucía, España

      Se supone –se su-po-ne – que en un trámite de 10 días me entregarán el permiso correspondiente para poder enviarlas vía correo estatal u empresa privada, del modo legal, simple y barato que fomenta el intercambio cultural y la difusión del arte local puertas afuera. Una feroz carcajada de una de mis voces me hace percatar de la intrínseca estupidez de mi argumento. Sé sin necesidad de que me lo diga que el amigo Coscia está más ocupado en camuflar el derroche de su festejo oficial de despedida de año en Puerto Madero (cuando en el país morían 15 personas por los saqueos y arrancaban los cortes de luz que siguen aquejándonos) que en cumplir sus funciones de Secretario de Cultura de la Nación. O.K., digo, pero el monstruo administrativo sigue siendo un monstruo. El trámite de las licencias existe solo por el trámite en sí mismo, y si nadie (como es ley) lee nada y sólo juega al acumule de papelitos, si llevo los formularios E111, E112 y E113 (aunque no esté muerta), y concurro la cantidad de veces que me requieran sólo por el gusto de ver mi cara de cansada a la Mesa de Entradas conforme el ritual, quizá en menos de un mes pueda obtener mi “permiso”. ¿A esta edad pidiendo “permiso” para hacer algo? Bueno, lo que sea. 

      Uno intenta hacer las cosas bien primero, porque así tiene que ser. Después, si no sale, veremos. La “creatividad” criolla, el eterno “lo atamo con alambre, lo atamo”. O la pura argentinidad de estar acostumbrado a tener que hacer todo pese al sistema entorpecedor y no aceptar jamás un no como respuesta. La voz de anteojos comenta con si tal cosa: 
-Que ganas de dar vueltas en edificios gubernamentales con este calor. Y eso si te atienden. Paros, trabajo a reglamento, asambleas pre-paritarias, asuetos festivos y cortes de luz. Escusas de sobra tienen a mano para hacerte volver como fuiste, sin lograr nada concreto.-  Es absolutamente cierto, y más aun si le agrego que probablemente para el lunes sigan los cortes de energía porque el calor no pinta aflojar, lo que va a significar calles cortadas por ciudadanos indignados con los que no puedo no simpatizar pero que van a convertir en odisea absoluta el cruce de Provincia a Capital y el acceso a Recoleta donde funciona la Secretaría de Cultura. Porque es MENTIRA K que se mudó a la “villa”, la Secretaría sigue en la Av. Alvear (¡gracias al dios de los políticos corruptos por ello!).






     En síntesis, y para no perder este estado de ánimo benevolente para con el Cosmos –incluidos la manga impresentable de políticos K, advenedizos y sucedáneos que pululan por las oficinas públicas- brindo por la Secretaria de Cultura y por el infierno que me espera, por el poco probable éxito de mi gestión y por la segura mala sangre que me voy a hacer. Sigo citando a Savater extractado de su último libro (último leído por mí, que estoy muy ombligo del mundo en estas horas):

  Gracias a Dante todos sabemos que el Infierno (y su antesala, el Purgatorio) es un lugar estética y socialmente creíble hasta para los escépticos religiosos más contumaces, mientras que el Cielo y su gloria eterna ofrecen escaso pábulo tanto a nuestra imaginación como a nuestras más íntimas apetencias. En el Infierno podríamos encontrarnos con casi todos nuestros conocidos y estar como en casa (incomodidades incluidas), mientras que en el Paraíso sólo podremos frecuentar al tipo de gente que por lo común rehuimos en los encuentros mundanos del más acá.”

 Fernando Savater, Figuraciones mías, Editorial Paidós Buenos Aires Noviembre 2013, pág. 38.


      Brindo, entonces, por el Infierno por venir, porque realmente será más grata la eternidad con Homero Simpson que con Ned Flanders.





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