lunes, 6 de abril de 2015


 
     Pego un artículo que me reenviaron, publicado originariamente en un sitio de emprendedores:
 

El arte: Productos que deben salir al mercado

Más que subsidios, los artistas y creadores requieren de una estrategia de divulgación eficiente de sus obras.

Por Raúl Alfaro Segovia

10-02-2015

Galardonada en 2013 con el Premio Nacional de Artes Plásticas que otorga el gobierno español, la valenciana Carmen Calvo (1950) es una artista que ha destacado en las últimas décadas no sólo por su propuesta estética, que los críticos definen como una suerte de relectura del pasado y la memoria a través de los objetos, sino por su postura frente al papel que los artistas, como agentes económicos, desempeñan en el mercado.

En entrevista con El País Semanal, Calvo afirmó que “al artista no le hace falta estar subvencionado. Lo que necesita es un buen divulgador de su obra. (Las artes) son productos que como el vestido o los zapatos han de salir al mercado”.

La declaración de esta connotada creadora, reconocida como una de las figuras imprescindibles del arte contemporáneo español, antaño hubiese levantado ámpula en los sectores más conservadores de la creación artística en Europa. Sin embargo, hoy devela la evolución en el pensamiento de un cada vez más numeroso grupo de artistas consolidados que como Calvo, han dejado de ver el arte como un tótem sagrado, inmune a las leyes del mercado.  

Al apoyar esta postura económica, los artistas dan paso a la construcción de nuevo paradigma donde la cultura y las artes son reconocidos como sectores que generan riqueza y empleo contribuyendo al desarrollo económico de las naciones, y que dadas sus características culturales, promueven la diversidad, la inclusión social y la reflexión sobre los problemas de nuestro tiempo, fortalecen las identidades individuales y comunitarias y hacen un uso racional, en su mayoría, de los recursos humanos y naturales.

Calvo, galardonada con el premio a la obra más emblemática de un artista español vivo exhibida en la feria ARCO de Madrid que otorga la Asociación Española de Críticos de Arte, reconoce además en sus declaraciones a El País Semanal la importancia que los ‘divulgadores’ tienen para el desempeño económico de los artistas.

Por divulgadores podemos entender a un grupo de profesionales que va desde los galeristas, corredores de arte y organizadores de ferias hasta los publirrelacionistas, publicistas y periodistas. Hablamos pues de un sector cuya vitalidad no sólo requiere de artistas sino de todo tipo de profesionales encargados de la gestión, operación, administración, promoción y divulgación del contenido artístico.

Aun cuando en México hace falta que más artistas y creativos consolidados se pronuncien en favor de una mayor visibilidad para la economía cultural, tal y como lo ha hecho Carmen Calvo en España, existe en el país un sólido ecosistema en materia de divulgación artística con fines comerciales.

Algunos de estos divulgadores, como los emprendedores Pablo del Val, director de Expo Arte Guadalajara –foro germinal para la internacionalización de la oferta de arte contemporáneo mexicano- y Zélika García, fundadora y directora de Zona Maco, hoy referida como la feria de arte contemporáneo más importante de Latinoamérica, son responsables de organizar, concentrar y consolidar una oferta de arte contemporáneo en México, que si bien ya existía, requería de habilidades empresariales muy puntuales para tomar forma y ser reconocida en el mundo.

Colecciones como las de Isabel y Agustín Coppel, Eugenio López Alonso, César Cervantes, entre otros, las cuales han pasado a ser instituciones equipadas y organizadas, ejercen también una función primordial en la divulgación artística con fines comerciales motivando a otros empresarios a encontrar en el arte contemporáneo no solo una pasión, sino una inversión y estrategia de responsabilidad social empresarial inteligente.

El que en México exista desde hace 12 años un foro donde anualmente se concentran más de 130 de las galerías de arte contemporáneo más reconocidas del mundo, aunadas a las que ocupan los relativamente nuevos pabellones de arte moderno y diseño –una apuesta de diversificación cautelosa pero inteligente- habla de un mercado en ascenso, atractivo para los coleccionistas nacionales e internacionales y con claros signos de madurez.

Rodrigo Feliz, coordinador comercial de la Galería LABOR con sede en la Ciudad de México declaró al diario Excélsior que la empresa que representa vendió el 60% de la oferta exhibida en Zona MACO 2015 y que es ésta la feria que les arroja los mejores resultados en ventas de los seis foros internacionales en los que usualmente participan al año.

El artista peruano Aldo Chaparro, quien junto al mexicano Gabriel Orozco obtuvo los mejores resultados en ventas en la más reciente Subasta de Arte Contemporáneo Latinoamericano organizada por Sotheby’s en Nueva York, puntualiza que desde su perspectiva existen en México condiciones más que favorables para el ejercicio de la profesión artística: galerías, colecciones, museos y foros comerciales consolidados y un coleccionismo joven en acenso.

La obra de Chaparro, quien produce y mantiene operaciones a través de sus estudios en Lima, Nueva York, Madrid y Ciudad de México, formó parte de la oferta que las galerías OMR de Ciudad de México y Fifi Projects de Monterrey presentaron en la más reciente edición de Zona MACO.

Una de las facetas más loables del trabajo emprendido por Zona MACO a lo largo de la última década es el despliegue de relaciones públicas y la generación de las condiciones necesarias para lograr que los coleccionistas públicos y privados más importantes del globo se den cita en la capital mexicana.

Hoy es común toparse con los patronos de museos como el Centro Pompidou de París, el MoMA de Nueva York y el LACMA de Los Ángeles recorriendo no solo los pasillos de la feria sino los principales museos, galerías y colecciones de la Ciudad de México durante la semana en la que, invitados por Zona MACO, descubren un país que tiene a la cultura por importantísimo capital económico y que entre sus maravillas parece ser mucho más diverso y complejo que como tienden a dibujarlo los encabezados de los medios internacionales.

La práctica deja ver que Carmen Calvo tiene razón, más que subsidios, los artistas necesitan buenos divulgadores de su obra. En México los hay.

*Raúl Alfaro Segovia es director ejecutivo de UMMA RP y miembro de la Red de Directivos Empresariales del Banco de México.
http://www.soyentrepreneur.com/27954-el-arte-productos-que-deben-salir-al-mercado.html
 



     Nada tengo en contra del principio –obvio- de que el arte necesita ser divulgado.  Cualquier manifestación cultural es un dialogo que requiere del otro para concretarse.  Ahora, la “verdad revelada” de que esa divulgación depende de galeristas, dealers, publicistas y relacionistas públicos se me escapa del entendimiento y de mi propia experiencia en el ámbito en el que me muevo desde hace muchos,  muchísimos años.

    ¿Vamos de nuevo con el asunto de la honestidad?  Vamos.  El artista que tiene agente de prensa, relacionista público y agencia de publicidad que maneje su carrera es por el simple y exclusivo hecho de que puede pagarlo.  El dinero está al principio y no al final de esta ecuación (aunque también lo esté al final como consecuencia lógica den una astuta inversión).  El triste hecho real es que el artista que no tiene dinero no puede divulgar su trabajo y, según parece, eso lo condena a estar fuera del mercado.

     Afirmo desde mi experiencia –y del montón de recibos que apilo en los cajones de mi escritorio-  que las galerías no invierten en los artistas (no montan muestras de su trabajo si el artista no costea los gastos que incluye el mismísimo alquiler de la sala), a las ferias no se accede sin pagar por el espacio y los publicistas y periodistas no trabajan gratis.  ¿Hay excepciones?  Si alguien quiere creer que existen mecenas que se enamoran de la obra de un artista emergente y ponen dinero para que este trascienda…  Cada cual es dueño de aplicar su ingenuidad en las falsedades que le plazca.

   ¿Qué hizo Jeff Koons antes de empezar a ascender en la escalera de la fortuna y la gloria?  Hizo dinero en la Bolsa neoyorkina, con el que invirtió tanto en casarse con la Cicciolina como en pagar por la difusión tanto de su vida privada como de su incipiente obra.  Invirtió bien, es evidente: sigue facturando.


     Las galerías de arte son tiendas: venden objetos que garantizan a priori ser comprados.  No arriesgan nada.  Los gestores de ferias locales o internacionales son otros tenderos que alquilan espacios por metro a galerías o artistas, con los que su ganancia por el alquiler está garantizada.  Tampoco corren riesgos.  Periodistas, publicistas, relacionistas públicos, intermediarios varios (autodenominados críticos o dealers o divulgadores culturales) cobran honorario por hora y por palabra escrita ya en papel ya en soporte digital.  Todos cobran por sus servicios, no hay alea o albur en esto.   Ningún riesgo empresarial.  El único que apuesta es el artista: invierte, invierte e invierte (su convicción, sus ahorros, su vida misma) sin ningún tipo de garantía de reconocimiento y mucho menos de ventas.  El artista es el único que salta al vacío sin red de seguridad.

      Hablar de “emprendedores”, “empresas” y “mercado e industria cultural” está muy bien para todos esos tenderos que conforman el entorno obligado y lógico del artista.  Pero ninguno de esos términos es aplicable al Arte en sí mismo.  El arte es otra cosa, y por más que los nuevos gurúes de la comunicación y el marketing sigan insistiendo no van a poder mutar la esencia de algo que ni siquiera pueden concebir en sus prácticas y utilitarias mentes.  Hagan relatos, inventen fórmulas, pero nadie que en serio haya abocado su destino a las naderías del arte, con conciencia y pasión,  les va a hacer jamás el más mínimo caso.
 
 
 
 

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