domingo, 28 de diciembre de 2014

     La tendencia a los resúmenes y balances de fin de año son una de las actividades más deprimentes que conozco.  Es como pasar lista pormenorizada  a las deudas pendientes: agobian pero no cancelan pagos. ¿Qué sentido práctico pueden tener?

   Es probable que las secuelas de los excesos de la Nochebuena y el incomprensible almuerzo navideño (demasiado cerca, sin demasiado sueño mediante, con demasiadas calorías, sin demasiado hambre, sin ninguna razón de ser si ya nos vimos hace veinte minutos) hagan que la digestión lenta y la bilis aun no reabsorbida nos vuelva pesados y oscuros. Propensos a la melancolía y a la auto recriminación innecesaria.

   Dicen que a los porteños (grises, nostálgicos, quejosos e inconformistas) se nos dá de modo natural ponernos en frecuencia “tango llorón” por estas fechas. Que a los vecinos brasileños o a nuestros compañeros continentales más allende al Caribe las fiestas les salen al pie de la letra: fiestas. 

    Recuerdo la única oportunidad en que pude escaparme y me fugué en diciembre a Río de Janeiro.  La magia del  Fin de Año en las playas de Copacabana, con mística tribal en el blanco riguroso de la indumentaria y ese mar que no acepta calificativos y que impone proporción,  hace que más que una despedida uno viva la noche a ritmo de resurgimiento y augurio de energías provistas por Yemanyá para aventurarse a todo con convicción de victoria.  Yo siento el fin de año aun de esa manera, menos como cierre que como reinicio.  Un empujón al sol y al disfrute.

     Así que brindo por los planes (que -por las dudas- trato de organizar anticipadamente durante diciembre) que trazo para el 2015.  Hecho una miradita sobre el hombro (¡soy porteña por adopción, que tanto!) y me siento satisfecha por haber expuesto en España durante este año pero pongo las pilas en mis proyectos en New York para el próximo.











   Me alegro de haber estado en el Centro Cultural Recoleta dentro del Festival de Arte Mirá pero sigo elucubrando mi propia gestión de prensa para difundir mi participación en la Feria de Arte Contemporáneo Arte La Plata en marzo próximo.







   Me encantó haber estado en la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, en el Centro Cultural Borges,  pero más placer me da haber concretado (¡y expuesto!) ese cachivache de las máscaras que fue El Portal. Que encima recibió el reconocimiento de una mención en el marco de la Bienal.









   Y estoy haciendo exactamente eso que digo que ni hago ni quiero hacer: ¡racontos de fin de año!  No puedo escaparme al clima ni al lugar común. 



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