martes, 9 de diciembre de 2014

   Ser artista en Buenos Aires (ser artista sin galería, ni art-dealer, ni representante bajo la denominación que esté de moda, ni nada de nada más que una obstinada buena voluntad de ser artista).

Capítulo IV:  Los depredadores de artistas:  estafadores, aprovechados y otras hierbas.
                IV. c) Caso Tres: Las donaciones compulsivas. 

      Cuando logré un espacio para mi primera muestra individual aprendí que aunque algo se denomine “gratuito” el artista igual siempre paga por ello.  Si es un espacio expositivo  ese pago se disfraza de donación e implica la entrega de una obra a canje del lugar para colgar las otras.  Esto es así y a las pruebas me remito:

Año 1990 Café Paris, en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, la organizadora (la dama “del estado alfa”) se quedó con una de mis primeras máscaras al pastel.  Esta fue la primera vez que colgué sola (en un bar, claro).


Año 1991 Safari, confitería-bar que estaba en la esquina de Scalabrini Ortiz y Santa Fe, CABA, fue otra máscaras que, ya alertada, hice con esa intención, por lo que no era ni buena ni me gustaba demasiado.


1994 El Diario de Viajero, ahí me tomaron de sorpresa, nadie me había alertado de este costo y ya a punto de cerrar una empleada me indicó que obra había elegido la directora del espacio.  Y se me quedaron con La Suma.  Reconozco que cuando se la pedí prestada para incluirla en la muestra en La Manzana de Las Luces me la facilitaron durante el evento sin ningún problema.



1995 La Manzana de Las Luces se quedaron con La Luna.


1996 Centro Cultural y Comercial Acoyte se quedaron con La Autonomía de lo Bello III.  Años después vi la obra en la vidriera de un local de ropa.  No volví más y creo que el lugar ya no existe como tal.


2001 o 2002 participé en una serie de muestras en hoteles con unas galeristas que actuaban en el medio como New Art Muestras Pláticas.  Varias obras de la serie Borgeanas fueron al Sheraton Pilar y El Aleph no volvió.  Se me dijo que no sé qué directivo de la cadena (supuesto enlace con las galeristas) había querido la obra y se la habían “donado”, que me iban a conseguir un certificado para mi curriculum (que nunca me dieron), que me convenía donarla por tal o cual razón.  Supuse que en realidad había sido una venta, pero no me interesaba discutir.  Me consolé pensando que El Aleph estaría colgado en algún lado y que iba a seguir su destino.  Yo no expuse más con este grupo.



2005 Se produce la convocatoria para participar en una Bienal de Arte en Arad, Rumania, organizada desde Italia por una asociación de artistasContacto, propongo obra, la aceptan, me aclaran: viaja pero se queda allá, en donación.  Pero al menos editaron un catálogo muy bien hecho de evento que a su debido tiempo me llegó por correo.  El Mapamundi de Colón está desde entonces en tierras rumanas.




   Lo dicho: el artista siempre paga por lo que hace.  En efectivo o en especie, pero siempre tiene que pagar un precio por ser quién es y hacer lo que hace.  Así es la vida real, compañero.




No hay comentarios:

Publicar un comentario