En
la revista dominical de La Nación
ayer se publica una entrevista a Alec Oxenford,
presidente de arteBA. Entre otras
cosas dice: “Cuando me fui a vivir solo compré algunas obras chiquitas para mi
primer departamento. El primer paso importante
fue cuando me invitaron a participar en la asociación de amigos del Malba, en
2001. Fui a la primera reunión, con unas
50 personas, y no entendía muy bien de qué se trataba. Al final del encuentro, me eligieron
presidente. (…) Empecé a comprar arte
para divertirme y para ayudar a artistas contemporáneos. Y un día me eligieron presidente de
arteBA. Feliz de estar donde estoy. Soy un apasionado, no un experto”.
Respecto
de arteBA
dice: “Tenemos suerte de tener una feria como ésta. Es la tercera en el mundo en audiencia, con
100.000 visitantes, después de Art Bassel, en Miami y Arco, en Madrid. Competimos con 300 ferias en el mundo. Hemos evolucionado muchísimo: pasillos más
anchos, paneles más altos, mejor iluminación y señalización. ArteBA se profesionaliza, internacionaliza y
privilegia los espacios curados. No sólo
es un lugar de venta y compra de arte, es un lugar de difusión”. “El arte es un mundo de contrastes”, entrevista
de
María Paula Zacharías, La Nación
Revista, domingo 31 de mayo de 2015, páginas 72/73.
Más allá
de lo discutible que son los números y la atribución de nuestra feria local
como la “tercera en el mundo”, lo que me sorprende es el criterio de “profesionalizar” el evento.
¿Haciendo un video institucional que tienen que bajar de las redes a los
pocos días por plagiario y ofensivo?
¿Hacer más anchos los pasillos (por qué no han logrado convocar a más
participantes por la creciente mediocridad pública de la feria) y poner más
lamparitas? ¿Cualquiera dice cualquier
cosa y se supone que todos aplaudimos como coro griego? Dice que no es un experto: se nota, mi amigo,
SE NOTA.
También
ayer, en la edición web de Perfil, aparece
un interesante análisis sobre el mercado de arte local. Hablan algunos referentes a los que no puede
negársele la experiencia de años en el medio.
También habla Oxenford, contrastando
con su evidente falta de formación en la materia y, diré, hasta del más mínimo criterio. ¿ArteBA la tercera feria del mundo?
¡Por favor!
Transcribo:
“El
arte es una timba, querido”. Inmediatamente después, pide absoluta
reserva. Qué sentido tendría matar al mensajero, si además de tener razón, como
pocos resultó honesto. (…) ¿Qué pasa con el mercado del arte en este país? (…) A
pesar del hermetismo y la informalidad de un mercado tan complejo, se pueden
entender algunas variables y se llega a comprender mejor dónde estamos parados.
Primero, el mercado no es uno solo. Las subastas de arte moderno, de los
grandes maestros argentinos, representan una parte, probablemente la más
voluminosa en términos económicos. La otra será sin duda más numerosa en
términos de transacciones; las galerías y ferias son los escenarios de
operaciones donde el arte contemporáneo se transforma en líquido. La tendencia
es universal; Robert Fleck dice en
su ensayo El sistema del arte en el siglo XXI que, en lo que va del nuevo
milenio, “surgió un circuito B de arte que nada tiene que ver con el gran
capitalismo del mercado de punta”, con los remates millonarios que son
noticia, y que está constituido por bienales, curadores, galeristas y artistas
de una generación que se desarrolla con la circulación de catálogos virtuales y
programación remota.
Argentina en el mundo. ¿Qué posición ocupa el mercado local en el globo?
“Ninguna.
Es muy chiquito”, dice Orly
Benzacar, de la galería Ruth Benzacar, una de las casas más
importantes entre las que comercializa arte contemporáneo. “Falta un poco de compromiso de
cada uno de los actores que forman la escena. Faltan coleccionistas, faltan
galeristas, falta confianza en el sistema”. “Nosotros todavía no somos un
verdadero mercado internacional. El que quiere vender una obra a nivel
internacional tiene que salir de Buenos Aires”, agrega Enrique Vaccaro, creador y director de
la carrera de Valuación y Peritaje de
Obras de Arte de la UMSA. Sebastián Boccazzi es el director de Subastas
Roldán, quizás la empresa de remates más grande del país, que el año
pasado facturó entre 10 y 15 millones de pesos. “La pintura argentina
lamentablemente es pintura local, no tiene valor internacional”, dice
en referencia a las obras de los maestros de la pintura, pero asegura que para
los contemporáneos las posibilidades son otras. “El arte contemporáneo sí se está
transformando en arte internacional. Antes era imposible viajar a Europa.
Nuestros maestros, como Berni, viajaban a Europa en barco para ir a pintar. Hoy
el curador de la bienal de Venecia es nigeriano y vino acá a seleccionar tres
artistas argentinos. Antes no venía nadie a la Argentina. Hoy el artista
contemporáneo tiene proyección internacional. Kuitca tiene proyección
internacional, Adrián Villar Rojas, Matías Duville también”.
Desde el comité de ArteBA, Alec Oxenford, flamante presidente, sostiene que “la
escena de Buenos Aires es muy rica y así es reconocida por el resto del mundo.
Es una escena más accesible para comprar arte si la comparamos con Brasil,
Suiza o Estados Unidos. Hans Ulrich Obrist, el famoso curador de Serpentine,
nos dijo que la calidad del arte contemporáneo argentino es muy buena,
comparable a la del arte brasileño en términos de producción artística. Sin
embargo, veía una diferencia del 300 al 500% en los precios, y mucho más si
comparamos con Estados Unidos, Inglaterra o Suiza. Entonces, es una oportunidad
muy atractiva de precio/calidad cuando la comparás con otras plazas”.
Carlos Leiza, gerente de
pignoraticio y ventas del Banco Ciudad
opina que “salvo autores muy específicos y muy escasos, no se ve que el arte
argentino esté promocionado en el exterior. Es más, ni siquiera los argentinos
que viven en el exterior lo consumen”.
Para el crítico argentino radicado en Londres Rodrigo Cañete, el mercado argentino directamente “no
existe. Hay diez coleccionistas que compran poco (a mucho menos que 100 mil
dólares). Eso no puede llamarse mercado”, dispara. “El
arte contemporáneo es parte de la industria del lujo y en la industria del lujo
uno no aumenta las ventas abaratando los precios, sino aumentando la calidad
del producto, y así los precios”.
¿Quién pone el precio? Más allá de la ley de oferta y demanda, y a
diferencia de otros mercados, en el del arte un precio elevado puede ser clave
en el éxito; da prestigio, posiciona al artista y su obra y capta la atención
de posibles compradores con mayor poder adquisitivo que desconfiarían de la
obra más barata. Por supuesto, antes de eso está la reputación del artista, que
responde al talento, al marketing, a una producción sostenida, a un desarrollo
por parte de su galerista, a un flujo de ventas, a determinada presencia en
ferias y bienales reconocidas, a los premios. Un precio alto sin todos esos
factores no es más que un capricho que con suerte puede ser vendido a un
coleccionista sin criterio que compra por otro capricho. “Hoy el mercado prefiere comprar
en una subasta pública y hacer público ese valor para valorizar a su artista.
Cuando se trata de ventas privadas es más difícil de verificar. Si no es
pública, la gente no puede tomar una venta como referencia. Entonces, el precio
del artista no puede trascender, por ende no sube su cotización”, dice Boccazzi. Para Oxenford tiene relación directa con los mercados de capitales. “Hace
veinte años mucha gente de Wall Street empezó a invertir en arte en Londres y
Nueva York, y llevaron los precios a los primeros récords con la dinámica que
se mantiene hasta hoy. El Picasso que fue récord hace días se vendió en 1995 o
1997 a 30 millones de dólares. Es más o menos proporcional a la evolución de
los activos financieros. Va a terminar pasando acá cuando los mercados de
capitales se desarrollen en la Argentina, tenemos que esperar ese momento”.
“Uno de los modos de valoración de las obras de arte tiene que ver con
crear la ficción de que hay mucha demanda. Hace un año se filtró un documento
en el que la galería White Cube de Londres hacía un inventario de cientos de
obras de Damien Hirst sin vender. Sin embargo, si los precios en subasta eran
altos era porque no había Hirsts en galerías. Dicho de otro modo, White Cube
escondió sus obras que quedaron sin vender para dar la impresión de que había
lista de espera. Exactamente lo mismo pasa en ArteBA y en cualquier galería
argentina. Todos dicen que no paran de vender. Es mentira. Sería interesante
ver si pagan tantos impuestos como dicen que venden. Es más, yo me atrevería a
decir que el año pasado fue el peor año de ArteBA por varias razones, una de
ellas la inflación en dólares y, otra, el hecho de que los compradores son
principalmente institucionales (museos, fundaciones, etc.)”, argumenta Cañete, a lo que agrega que “el
problema no es un problema de precio sino de cómo los galeristas y dealers
llegan a ese precio. A mí me ofrecen obras de Pablo Suárez a un precio
razonable (si bien alto) en dólares. Sin embargo, con el sistema del arte
argentino yo no confío en que pueda recuperar la inversión. Yo compré la obra
Joyería antigua de Marcelo Pombo, quien ahora está por abrir una muestra en la
Fundación Fortabat. La obra la compré de su ex gallery norteamericana (en San
Diego, CA) y pagué 12 mil dólares. Si hoy la quiero vender (diez años más
tarde), no la puedo vender a ese precio. En términos de inversión es un
fracaso, y la culpa no es del artista sino de la falta de sinergia creada entre
sus ‘galeristas’, coleccionistas e instituciones culturales argentinas. Todos
quieren salvarse en la primera vuelta y terminan quemando al artista. Yo ya
tengo un Pombo, otro Pombo no compro”.
Compradores, coleccionistas, ferias y tendencias. “El público actual compra obra de
valores intermedios. Las obras de grandes valores acá no se comercializan. Es
un público de clase media alta que prefiere comprar dos o tres cuadros más
baratos en lugar de uno solo más caro. Son valores de entre 4 y 10 mil dólares.
Más de eso es difícil que compren. Fijate los remates del Banco Ciudad, son por
10 o 15 mil pesos”, dice Vaccaro.
Para el director de Roldán, en cambio, en las subastas suele haber dos tipos de
perfil: “El comprador, que adquiere lo que le gusta para colgar en su casa, y el
coleccionista, que es mucho más selectivo, que busca obra mejor referenciada.
Desde 2012 lo que mermó fue el comprador, y nuestras subastas se tornaron menos
frecuentes pero más especializadas, en función de los coleccionistas”.
Norma Quarrato, directora de
la galería Palatina, cree que “antes el coleccionista tenía el verdadero
perfil de coleccionista; que se asesoraba con mucho interés, más allá de
evaluar el tipo de inversión en términos económicos. Hoy tiene un aspecto un
poquito más especulativo. Se pone más énfasis en la parte económica. Aquel, el de
antes, era el arquetipo del coleccionista. Hoy no sé si se puede hablar de un
arquetipo de coleccionista; hay casos, sí, pero son escasos”, concluye,
y dice que por su local suelen circular muchos extranjeros, turistas, que a
veces desisten de comprar por las dificultades impositivas para llevarse la
obra: “Deben pagar más de mil dólares para sacar una obra del país que les
costó quizás menos de 15 mil pesos”.
Andrés Duprat, director de Artes Visuales del Ministerio de Cultura,
objeta esto último: “Hay una ley nacional (la 24.633) en relación con la circulación
internacional de obras de arte que exime del pago de tasas aduaneras justamente
a las obras de arte para promover su circulación”. Pero no hay una
tendencia clara en el escueto mercado argentino. Los galeristas coinciden en
que ArteBA
es importante, hace ruido, convulsiona la escena y deja su estela, pero no es
el reflejo de lo que sucede el resto del año en sus negocios con los
compradores. Tampoco acceden a dar detalles sobre las ventas, tanto en la feria
como fuera de ella. Lo que pasa en esos días en La Rural es que circula un público que jamás pisa las galerías. “La
feria se transformó en un evento cultural de la ciudad. Van colegios a
visitarla, va público general, va Doña Rosa y pregunta y pide tarjetas y se
quiere interiorizar. Va gente que quiere comprar una obra de arte para su casa.
Tenés una mezcla de feria y de evento cultural”, cuenta Luis Incera, su vicepresidente.
Cómo desarrollar el mercado sin morir en el intento. Buenos Aires mira a
San Pablo y llora. Argentina mira a México y llora. Ni hablar de Oriente, donde
China logró imponerse incluso a capitales de Europa con los volúmenes de venta,
superando con creces al Reino Unido, a Francia y en casos hasta a Nueva York.
¿Qué necesita el mercado autóctono para disipar la niebla que lo vuelve
invisible? Si es cierto que hay talento, ¿por qué no pagan por él del otro lado
de la línea ecuatorial? “Tenemos pintores que son de Primer Mundo
pero con valores de Tercer Mundo. Nosotros tendríamos que tener una buena ley
de mecenazgo, eso tiene que ser un cambio estructural importante. Hoy, que un
artista viva de su obra es casi utópico” asegura el profesor Gustavo Gonik, de UMSA. “Yo creo que las leyes de mecenazgo son necesarias a los tiempos que corren
y sería muy importante que haya una a nivel nacional. Todo lo que fortalezca la
visibilidad de la producción artística fortalece el mercado. Pone más a la mano
la posibilidad de ver la diversidad de oferta de nuestros artistas, genera más
trabajo, más obra en espacios públicos, en museos, con presupuesto que proviene
de una desgravación impositiva”, agrega la directora de Ruth Benzacar.
“Yo no estoy de acuerdo con una ley de mecenazgo. Los contribuyentes no
tienen por qué pagar por obra de mala calidad a galeristas poco preparados y
profesionales que no están dispuestos a tomar riesgos en serio o a formarse.
Además, nuestro sistema político es demasiado clientelista, amiguístico y
nepotista para confiar en un sistema de evaluación de proyectos de mecenazgo
serio, neutral y profesional”, contesta Cañete. Mientras, Boccazzi
analiza: “Mirá Brasil: es un país muy nacionalista, miran primero para adentro y
después para afuera. Invirtieron mucho por el mecenazgo, por ese nacionalismo,
por la cultura, y hoy San Pablo es una plaza internacional. Nosotros tenemos
cuatro veces menos habitantes, no tenemos bienal, no tenemos ley de mecenazgo;
ellos lograron posicionarse por todo eso. Una ley sería un gran paso para
acercarnos a eso porque el mecenazgo agranda el mercado. Hay mucha gente con
mucho dinero acá que no compra obras de arte porque no sabe, o no se anima. Que
haya más dinero del sector privado que pueda ser destinado a obras de arte
influiría muy positivamente en la cotización de todos nuestros artistas”.
Oxenford, que defiende y
enumera los esfuerzos de ArteBA por traer visitas foráneas,
también dice que es importante concentrarse en la difusión dirigida: “Hay
muy poca información disponible de lo que pasa en Argentina para el resto del
mundo, y de esa poca que hay, la mayoría no está en inglés. Y la gente que lo
tiene que leer muchas veces sólo podría leerlo en inglés. Esas son barreras
simples de resolver que pueden ayudar mucho. Y después, una apertura de la
economía y del país siempre facilita. Si es más fácil meter y sacar dinero del
país, bueno, eso ayudará”.
En febrero entró en vigencia la resolución 3.730 de AFIP, un Registro Fiscal de Operadores de Obras de Arte. En el sector la medida sigue siendo rechazada; aseguran que es agresiva y repentina, que fue elaborada sin consenso de los actores y, según coincide la mayoría de los aquí entrevistados, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades del mercado, como brindar más facilidad para sacar obra del país (sin reducir el control sobre el acervo patrimonial).
LA
TORMENTA FINANCIERA PERFECTA, Leandro Ceruti - 31/05/2015
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